lunes 23 de enero de 2012

La Hacienda Collambay




Actual casa hacienda de Collambay



Por
Carlos Alberto Vega Cárdenas


La antigua hacienda y trapiche de caña dulce nombrada “San Juan Bautista de Collambay”, está ubicada en el distrito de Simbal y se encuentra a 41 kilómetros de distancia de la ciudad de Trujillo y 7 kilómetros arriba del pueblo de Simbal, en la carretera que va a Sinsicap .

En el período de la cultura Chimú en las tierras de Collambay se cultivó coca y ají; cocales que gozaron de gran prestigio y que al producirse la conquista Inca éstos fueron confiscados y pasaron a ser propiedad personal del Inca, tierras ubicadas en los 800 metros sobre el nivel del mar en la región Chaupiyunga.

En el año 1562 estas fueron concedidas al capitán conquistador don Juan de Sandoval y Guzmán, encomendero de Huamachuco, su viuda doña Florencia de Mora y Escobar, el 04 de marzo de 1594 las dio en donación al monasterio de Santa Clara de Trujillo, con la condición que éstas tierras fueran destinadas al cultivo de algodón para que se hicieran tocuyos en los obrajes de su hacienda de Sinsicap y que deberían emplearse en la confección de ropa para los indígenas pobres de los siete pueblos de la Provincia de Huamachuco.

Durante los siglos XVI y XVII la creciente demanda del azúcar y de la harina de trigo origino el enriquecimiento de los productores agropecuarios y aun más la bonanza de los intermediarios. A fines del siglo XVII (1687) se produjo la gran crisis de la agricultura en nuestros valles, los campos de trigo no volvieron a producir bien, se fueron perdiendo los mercados externos y se tuvo que importar trigos chilenos; es en ésta crisis que encontramos como dueño de la hacienda y molino de Collambay al capitán don Juan González de Castañeda y a su esposa doña María de Herrera, época en que cierran los molinos de harina de trigo y en la que aumenta la fundación de trapiches azucareros en nuestra costa.

En el año de 1703 el Comisario General de la Caballería don Juan de Herrera y Valverde dijo:

“Que la hacienda Chiclín no sólo se compone de frutos de azúcar y que éstos son accidentales, sino que lo más de ello se compone de tierras de pan llevar y que a más de doce años continuos que por nuestros pecados en todos éstos valles en las siembras de trigo se ha experimentado una total epidemia y esterilidad común por cuya razón los dueños de las haciendas se hallan con muchos trabajos y cargados de deudas y censos imposibilitados de poderlos satisfacer……… que hasta en tanto que Dios se apiade de nosotros ……. el azote de su justa y divina justicia y que den cosechas de trigo en dichas haciendas, no se paguen la renta de éstas dichas buenas memorias, hasta que se coja trigo en ellas …. “

La explicación científica es que por esa época se producen grandes sequias y que las variedades de trigo fueron poco resistentes a la infección de las tres especies de Roya, la negra, la amarilla y la morena que devastó los campos de trigo y desplomó la rica agricultura trujillana.

Ninguna planta traída por los conquistadores españoles ha ocupado un rol tan importante ni ha aportado contribución tan efectiva a la vida económica regional como la caña de azúcar y durante cuatro siglos y medio ha sido nuestra principal riqueza agrícola.



Carta Topográfica de la Provincia de Trujillo del Perú – Año de 1760



El 06 de diciembre de 1707, el Real Monasterio de Santa Clara de la ciudad de Trujillo, dueño del dominio directo de la hacienda Collambay la dio en venta enfitéutica por tres vidas naturales reguladas en cincuenta años cada una, en 190 pesos al año al capitán Miguel de Espino Alvarado y a su esposa doña María Josefa de Ocampo.

En los inventarios realizados en la hacienda y trapiche de moler azúcar nombrada San Juan Bautista de Collambay, ésta tenía cincuenta fanegadas de tierras cultivadas y estaba compuesta por las tierras de Collambay y sus anexos de Salcha, Tongoll, Chirin y Ñary; la hacienda labraba ochocientas arrobas de azúcar al año, una casa de hacienda con oratorio, un cuadro de San Juan de Dios patrón de la hacienda, ramada de trapiche, casa de purga, casa de pailas, fondos de cobre, cañaverales, veintiséis negros esclavos, dos huertas, una de membrillos y la otra de chirimoyos, molino de moler trigo, un caballo padre Chileno, veintiocho yeguas madres, burros, mulas, bueyes, treinta y seis vacas madres, ciento setenta cabezas de ganado cabrío, sembríos de trigo en las tierras altas de Ñary, maíz, frijol, alfalfares y un olivar, un cepo de algarrobo de tres varas de largo con su telera de fierro y su candado, tres yugos de sauce, horno de hormas y ladrillos y un horno de quemar cal.


A la muerte del capitán Miguel de Espino Alvarado y de su esposa, por herencia se convirtió en la hacendada de Collambay su hija doña Melchora de Espino y Ocampo, que en su larga vida contrajo tres matrimonios, muriendo en viudez: El primero con el cajamarquino Matías de Osorio, un segundo con el español José Vicente de Altuna y un último matrimonio con el español Matheo de Olascoaga, quienes según doña Melchora “no aportaron nada al matrimonio”. La familia Espino mantuvo en propiedad la hacienda y trapiche de moler azúcar de San Juan Bautista de Collambay durante casi todo el siglo XVIII.

A fines de siglo doña Melchora de Espino vendió la hacienda al maestre de campo don Joséph Martín de Aguirre, a quien el año 1794 le embargaron la hacienda por deudas impagas.


El Real Monasterio de Santa Clara la sacó pública subasta y el año de 1795 la remató en la cantidad de 10,200 pesos el capitán Evaristo Céspedes y Noriega, maestro mayor de carpintería y arquitectura de la ciudad de Trujillo, casado con doña Jacinta Collado y Ramírez.

El año 1814 el nuevo hacendado de Collambay fue su hijo legítimo el alférez Francisco Javier Céspedes, posteriormente en el año 1857 su nieto don José María Céspedes heredó la hacienda. La familia Céspedes y Noriega mantuvo la propiedad de ésta hacienda durante todo el siglo XIX.

Don José María Céspedes con don Justo Pastor el año 1880 formaron una sociedad para sembrar caña dulce, producir chancaca y aguardiente para lo cual instalaron un trapiche de agua, así mismo hornos para la explotación de cal.

Los linderos de la hacienda por el año 1891 fueron los siguientes: por la sierra con el distrito de Sinsicap de la provincia de Otuzco y las haciendas “San Ignacio”,”Chala”, y “Parrapos” y por la costa con el distrito de Simbal y el potrero de “Avendaño”.





Dr. Luis González Orbegoso y Orbegoso hacendado de Collambay



El 02 de enero de 1903 compraron la antigua “hacienda de Collambay” D. Eduardo González Orbegoso y su esposa doña Adela de Orbegoso y González por el precio de 10,000 soles de plata. En 1910 la hacienda pasó a ser propiedad de su hijo el Dr. D. Luis González Orbegoso y Orbegoso, quien la condujo directamente con mucho éxito; fue la buena época de Collambay como gran productora de coca, frutales, maíz, frijol, ganado vacuno mejorado y abundantes manadas de ganado caprino en sus extensos montes de espino. Sus 300 hectáreas cultivadas se riegan con las escasas aguas del río de Sincicap y mayormente las siembras se realizan en la temporada de lluvias.



El corredor alto y el oratorio de la casa



Por ésta época se restauró y amplió la hermosa casa hacienda colonial ubicada en todo lo alto del paisaje, con su corredor enladrillado, sus puertas de tableros antiguos y ventanas de balaústres de algarrobo; en su oratorio la Virgen de las Mercedes y al fondo la chimenea de la fábrica de chancaca, las minas de cal y tierra amarilla y minerales en explotación.

Posteriormente heredó la hacienda su hermana la Sra. Emilia González Orbegoso y Orbegoso y el año 1958 su hija Adela Pinillos González Orbegoso. Durante éste tiempo arriendan la hacienda al Sr. Alberto Goicochea, siguiendo en el arriendo su hijo el Dr. Alberto Goicochea Iturri, hasta la llegada de la Reforma Agraria.
 





Hoy las tierras de la hacienda Collambay pertenecen a la comunidad campesina “Emilia González Orbegoso de Collambay” como justo reconocimiento a la generosidad de su última hacendada. Ahora de la antigua hacienda de caña sólo queda las ruinas de su hermosa casa hacienda, la chimenea de su desaparecida fábrica de chancaca y sus desatendidas tierras comunales































viernes 24 de junio de 2011

Los Baños Públicos del Recreo




La Casa Huerta de Versalles



Por
Miguel Adolfo y Carlos Alberto Vega Cárdenas



Los Baños del Recreo de Don Juan Guillermo Gonzales, estuvieron ubicados en la "Casa Huerta de Versalles" en la plazuela del Recreo, surtiéndose de agua de la acequia que pasaba al barrio de Vindivil. Desde el año 1872 la "Casa Huerta de Versalles" perteneció a Don Juan Guillermo Gonzales y en 1876 el periódico "El Imparcial" publicaba el siguiente aviso:


"Se previene al respetable público de esta Capital, que desde la fecha se vuelven a abrir los baños fríos, servidos con puntualidad y esmero. La frecuente limpieza del estanque y la decencia de los ropajes, eso es todo lo que puede ofrecer el nuevo empresario a los concurrentes. Para abono mensual o por la temporada, precios convencionales.
Entrada al baño: 10 centavos. Baño con sábana, paño y calzón: veinte centavos".



El zaguán y parte del patio principal es todo lo que queda de la "Casa Huerta de Versalles" ubicada en la antigua Plaza del Estanque hoy conocida como Plazuela del Recreo. 




  






















miércoles 25 de mayo de 2011

La Iglesia de Lambayeque Viejo.




Restos de la Iglesia de Lambayeque Viejo en 1919. Enrique Brüning.




Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas

Publicado en CALLE REAL Órgano del Patronato de Lambayeque. 1995 - Nº02



Primordial labor de la Corona Española al conquistar estas tierras, fue ganarlas para la Santa Fe de Cristo, enviando religiosos que predicaran el evangelio a los naturales. La cruz debería establecer en ellos su pacífico reinado. Los templos cristianos sustituyeron en corto tiempo a los oratorios de la gentilidad. 

El conquista­dor Pizarro tenía órdenes de edificar iglesias en ciudades cristianas como en pueblos de indios, dotándolas de cuanto fuere menester para el ejercicio decente del culto. 

Existen en el Archivo Regional de La Libertad, en Trujillo dos documentos importantes e inéditos: el primero lleva el título de "Concierto de la obra de la Iglesia de Lambayeque entre Antonio de Vega y Don Martín Cacique". actuado el 07 de mayo de 1566 ante el escribano público Juan de Mata y asentado actualmente en el Legajo N°9, folios 275 y siguientes. El segundo documento es el "Testamento de Francisco de Salamanca Albañil". también otorgado ante Juan de Mala el año 1566; ambos de mucho interés para la historia temprana del pueblo de indios de Lambayeque y para el entendimiento de las primeras manifestaciones artísticas importadas que se establecieron y florecieron en América. 

El primer documento, íntegramente transcrito por el autor, parte del cual se pone por primera vez a disposición y conocimiento de los estudiosos, es uno de los tantos e importantes "Conciertos de Obra" que se otorgaron ante los escribanos locales con el fin de protocolizar las condiciones y especificaciones, de manera minuciosa y detallada que deberían cumplir los concertados para, de esta manera garantizar la "buena obra" de las edificaciones civiles, religiosas o militares realizadas tempranamente en tierra peruana. 

El interés que esta obra de arquitectura religiosa española realizada en Lambayeque despierta en el autor el deseo de darla a conocer, se justifica en la importancia que la interpretación documental tiene para el conocimiento de la historia del primitivo pueblo de Lambayeque e historia del arte peruano, antes de haber sufrido este, las innovaciones que a lo largo del tiempo le ocasionaron las costumbres provincianas de los pueblos y su creciente religiosidad, el clima, los desastres naturales, el arte ancestral de nuestra cultura y las diversas corrientes estilísticas importadas dependientes de diferentes modelos económicos de otras tantas épocas que así lo permitieron. De otra parle, cabe considerar que el estudio de la arquitectura religiosa temprana, analizado en forma particular, ayudará a un mejor entendimiento de todo su proceso evolutivo. Conociendo detalladamente la arquitectura local, la época en que se realizó y el pensamiento de la sociedad que la impulsó, se comprenderá mejor el proceso integral desarrollado en nuestra tierra. 

La Corona española envió religiosos para que se entendieran de la instrucción y conversión de los naturales, disponiendo se les hicieren monasterios y recomendando que los edificios se fabricasen con humildad, eligiendo los lugares más necesarios, y una vez elegidos, si fueren pueblos dependientes de la Corona Real, se hiciesen las edificaciones a costa de ella y con la ayuda de los indios de dichos pueblos y de ser en pueblos encomendados, como debió ser en Lambayeque, se deberían de hacer a costa de la Corona y encomendero. 

La participación de indios en la construcción de iglesias en los primeros años de conquista, es un hecho indudable. La mayor o menor prisa con que se edificaron dependió decididamente del número de indios disponibles, quienes además fueron los que sufragaron los gastos, pues la parte que correspondía a la Corona y a los vecinos procedió en buena cuenta del tríbulo que se les exigió pagar. 

Consta documentalmente que hasta inicios de 1578 existió en el antiguo Asiento de San Pedro de Lambayeyue ubicado por entonces en las inmedaciones de la actual ex hacienda de Bodegones, una iglesia de muy buena fábrica edificada quince años, antes que conjuntamente con la casa del encomendero, la del Cacique Principal, la casa de la comunidad, el hospital de pobres y algunas de indios nobles, fueron construidas con muros de adobe con algunas estructuras de ladrillo. Las demás casas de indios fueron de bahareques de caña. Gente de esa época que conoció la iglesia, atestiguan que "era la mejor que había en los valles" y "mayor que la de Lima" y que había costado "mucha cantidad de pesos". No podría ser de otra manera: un maestro de albañilería, Francisco dc Salamanca y un oficial de carpintería, Anto­nio de Vega, ambos españoles y de reconocida calidad, avecindados en la ciudad de Trujillo del Perú, fueron contratados directamente por don Martín Farrochumbi Ca­cique Principal y Gobernador del Repartimiento y pueblo de Lambayeque, trasladándose luego los artífices a ese pueblo para edificarla íntegramente. 

Francisco de Salamanca inició su obra en la antigua Lambayeque aproximadamente, a mediados o fines de 1563, es decir años antes que el Visitador y Jurista Gregorio Gonzáles de Cuenca iniciara el establecimiento de las reducciones y fundaciones de pueblos indios, ya que el de Salamanca en su referido testamneto declaró haber construido la iglesia de Lambayeque en lo tócame a su oficio de albañil, ser natural de Salamanca de los Reinos de España, e hijo del Albañil Maestro Mayor de Salamanca. El maestro falleció en Trujillo a los pocos días de haber firmado su carta de última voluntad, pidiendo ser enterrado en la Iglesia Mayor de esa ciudad. Lamentablemente, el contrato notarial de obra que el albañil de Salamanca y el cacique de Lambayeque debieron otorgar, no ha sido localizado, razón por la que se desconoce la fecha exacta en que se debió dar inicio ésta edificación, los pormenores y condiciones de la obra y la cantidad de pesos que don Martín Farrochumbi pagó por ella. 

Francisco de Salamanca echó cordeles y abrió cimientos para construir una iglesia de una sola nave, sin crucero pero sí con bautisterio, sacristía y por supuesto, una torre campanario a sus pies. Todos los anchos y sólidos muros se hicieron de adobe asentado con barro, la portada principal y lateral y el arco toral se edificaron de ladrillo asentado con cal. 

El diseño de la planta de la Iglesia de Lambayeque Viejo utilizado por Francisco de Salamanca, fue el correspondiente a las iglesias parroquiales construidas en pueblos encomendados a los conquistadores y sus dependientes. La obra de albañilería de la Iglesia se terminó justamente cuando el Visitador Gregorio Gonzáles de Cuenca iniciaba en ese valle el establecimiento de las Reducciones. 

Inmediatamente, se inició la obra de carpintería, arte hispano mudejar traído a America para trabajar la madera, confeccionando y ensamblando artesonados destinados a cubrir templos y casas, que debería seguir a la obra de albañileria entregada en estado de "alberca", es decir solamente construidos todos los muros que conformaban el cuerpo de las edificaciones, faltando sólo la obra de carpintería para techarlas. 

El 7 de mayo de 1566 Antonio de Vega y el cacique don Martín Farrochiumbi otorgaron en Trujillo la referida escritura de "concierto de obra", por lo cual el primero se comprometía a cubrir el cuerpo y capilla de la Iglesia con artesonado de madera, ochavado e igual al que habían labrado para cubrir la Iglesia del Comento de San Francisco de Trujillo, es decir de par y nudillo, cinta, saetín y molduras; asimismo, a confeccionar las puertas de la iglesia, puerta para la sacristía, una cancela de balaustres con puertas a la pila bautismal y a poner los oficiales de carpintería necesarios pata aserrar la madera. Vega también se comprometió a enlucir con cal el arco toral edificado meses antes por Fran­cisco de Salamanca, para lo cual el pondría la cal necesaria para realizar además los trabajos de albañilería destinados a nivelar y asentar toda la obra de carpintería. El desprendido cacique lambayecano se comprometió a dar toda la madera, pagar a don Antonio de Vega "por el trabajo de sus manos e industria" la cantidad de mil pesos de oro, dar la clavazón, sogas, tablas y todo lo necesario para armar andamios, disponiendo de los indios que hicieren falla para ello, y para el sustento de don Antonio y sus peones, una fanegada de maíz al mes, semanalmenle un carnero y un capado y pescado lodos los viernes. El Cacique exigió que Antonio de Vega permaneciera en Lambayeque dirigiendo personalmente la obra de carpintería destinada a cubrir la iglesia. 

A continuación se da a conocer parte del documento, transcrito para este caso, siguiendo las normas establecidas y permitidas para publicaciones de divulgación, es decir manteniendo la fidelidad del texto, pero modernizándose la ortografía y puntuación para su mejor comprensión. 

"Sepan cuantos esta carta vieren como nos Antonio de Vega, oficial de carpintería y vecino de esta ciudad de Trujillo de estos reynos de Perú, de una parte, y yo don Martín Cacique de Lambayeque, ladino en la lengua española, encomendado en Pedro Barbarán, vecino de esta ciudad, con autoridad de mi curador Alonso Caro que está presente y yo el dicho Alonso Caro por el dicho don Martín y como su curador, otorgamos y conocemos por esta presente carta que somos convenidos y concertados a que yo el dicho Antonio de Vega haga la obra de carpintería y Albañilería [roto] en la iglesia de Lambayeque que vos el dicho don Martín tenéis hecha en vuestra tierra [roto] tengo que hacer y somos concertados que haga en la manera y con las condiciones y precios y usos y posturas y penas siguientes: 

Primeramente que yo el dicho Antonio de Vega tengo de hacer en la capilla y cuerpo de la dicha iglesia una armadura de madera de la misma labor y suerte que está cubierta y labrada la iglesia del señor San Francisco de esta ciudad de Trujillo, y de par y nudillo cinta y saetín chaflanado, ha de llevar en la capilla dos artesones y tres en el cuerpo de la iglesia, ochavados con sus molduras y las puertas de la iglesia y una puerta a la sacristía y una reja de varas indicadas con sus puertas a la pila del bautismo, hacerlos y asentarlos dando a toda esta dicha obra el dicho don Martín la madera, varazón, sogas [roto] y todo lo demás necesario (……. ). 

En este histórico documento no existe en ninguna de sus partes la mención de ningún religioso, ya que es solamente el Cacique el que está decidiendo y costeando todo el trabajo final de la iglesia; ni aún el mismo encomendero Pedro de Barbarán tuvo participación directa, siendo este el más obligado, interesado y beneficiado con la edificación del templo que permitiría la presencia de religiosos dispuestos a evangelizara a sus protegidos, los habitantes de ese antiquísimo asiento de indios. Todo lo cual hace suponer que Barbarán tenía concertada la venida de religiosos y para ello había negociado con el Cacique la edificación de la iglesia, con lo cual ambos se verían directamente beneficiados. La responsabilidad directa, según las disposiciones de la Corona, le correspondía al encomendero más no al cacique que sólo cumpliría con dar indios para la edificación, pero fue él quien terminó costeando toda la obra con un crecido gasto cubierto íntegramente en oro. 

La obra de carpintería en madera realizada para cubrir el cuerpo de la iglesia, siguió el modelo que Antonio de Vega antes había utilizado en la Iglesia del Comento de San Fran­cisco de Trujillo, modelo elegido por el propio Cacique de Lambayeque que se encontraba en Trujillo desde tiempo atrás en búsqueda de un oficial de carpintería para la obra que el también costearía en su tierra. Consistió básicamente en la confección de un laborioso y artístico artesonado utilizando como elemento estructural el sistema de par y nudillo formado por dos vigas que se unen en el vértice -los pares- y un elemento transversal -nudillo- que se halla aproximadamente a un tercio del vértice, solución común para todos los techos a dos aguas. La obra concluida fue calificada por oficiales nombrados por el Cacique de Lambayeque, quienes la encontraron conforme y de gran calidad. 

La iglesia edificada hace 422 años por Francisco de Salamanca y Antonio de Vega, fue conocida por documentos que evidencia la desconocida e insospechada antiguedad e importancia de este pueblo costeño, la inmensa fe cristiana del Cacique de Lambayeque, su interés y desprendimiento para lograr la evangelización de sus indios y la existencia de intereses comunes que desde muy tempranamente existieron entre Encomenderos y Ca­ciques principales, señores de sus valles, quienes terminaron negociando de igual a igual con sus conquistadores. 

La "Iglesia de Lambayeque Viejo", tuvo un efímero esplendor que duró solamente quince años pues, fue destruida por el diluvio ocurrido en esa zona que empezó con las copiosas lluvias del 24 de Febrero de 1578 y continuaron hasta los primeros días de abril, causando la destrucción de todo ese valle e inundación de pueblos enteros. 

En 1766 el Dr. Cosme Bueno al referirse a Lambayeque apuntó en su obra “Descripción Geográfica de las Provincias que componen los Reynos del Perú: "Fundóse a una legua del mar y se trasladó a pocos años de su fundación al lugar en que hoy está". El eminente Dr. en Medicina, Catedrático de Matemáticas y Cosmógrafo Mayor del Perú, da la ubicación que Lambayeque Viejo tuvo con respecto a la línea de marca. 

Los restos de tan importante evidencia histórica y arquitectónica perduraron hasta el presente siglo, tal como lo verifica una fotografía fechada en 1919 debida a Enrique Brüning. 




jueves 19 de mayo de 2011

Impresiones de un Viaje a Trujillo - José Gálvez 1926



I

En busca de salud, de descanso y afanoso por conocer Trujillo, ciudad que debí visitar en 1916 a mi regreso de Cajamarca, me embar­qué en el "Huallaga" un claro día de enero. El barco iba repleto de pasajeros. A muchos se les dije que no había camarotes, pero aceptaron su suerte y se resolvieron a acomo­darse en salones y fumaderos. Si­guiendo la muy peruana costumbre de quejarse de todo lo nacional y apesar de saber que no podrían ir regalonamente, muchos de los que no encontraron alojamiento adecua­do, protestaban de todo. El viaje tenía que ser incómodo. Pero yo no me quejo, por que fui bien tra­tado y servido. El personal del bar­co, valgan verdades, hubo de mul­tiplicarse para atender al numerosí­simo pasaje, compuesto en su ma­yoría de estudiantes que volvían á sus terruños, de artistas en gira ve­raniega—la Compañía Perdiguero-y de gente en plan de vacaciones. 

Como en todos los viajes, las gentes preocupáronse por buscar distracciones. Y hubo, como es de canon, tocatas en el piano, canta­res y hasta recitaciones. El único espectáculo que rompió un tanto la monotonía de cuarentaiocho horas de ver un cielo vulgar, un mar gri­sáceo y á lo lejos una costa desola­da y calva, fue en Chimbóte, la vís­pera de llegar a Salaverry, un cre­púsculo maravilloso realmente que magnificó la visión de esa estupen­da bahía. 

Felizmente no estaba muy pica­do el mar en Salaverry. Desembar­camos con tranquilidad. El puer­to nos hizo una penosa impresión. Al verlo tan pobre, tan mal parado, de tan sórdido aspecto, uno se pre­gunta desorientado. ¿ Es este puerto por donde se exportan millones? Y dejando aparte el poco tino de haber hecho desembarcadero en un lugar inhóspito, de mar arisco, no se concibe, cuando se medita en la enorme riqueza que lo trafica, que en nada revele tan áureo tránsito. 

En el muelle me encuentro con algunas personas conocidas. Sur­ge el reportaje inevitable y cordial. En un auto viene a buscarme mi primo hermano el ingeniero Enri­que Gálvez con su esposa y des­pués de saludar a los señores Ru­bio, administrador de la aduana, al jefe del resguardo, señor Ganoza, al vista, señor Iglesias y al exdiputado señor Alva, con quienes me ;
encontré en el puerto, partimos en un auto para Trujillo. 

Hacemos el recorrido por la vía ya, después de atravesar algunas calles muy pobres. Vienen con nosotros mis buenos compañeros de viaje los jóvenes Borda y Tizón Ferreyros. Esta fresca mañana y del  mar viene un hálito denso de salud. , El auto corre por la arena muelle y , la brisa humedecida y salina se nos mete hasta lo más profundo de los  pulmones. Es tan grata la sensación que mi hijo, encantado y par­lero, no puede contenerse y dice ante la suavidad veloz de la marcha: "Me rio de la avenida Leguía". El auto es aveces besado por las olas y en la fugacidad del momento pa­rece un anfibio que por igual co­rriera sobre el mar y sobre la tie­rra. Pasamos por los balnearios trujillanos. Vemos rápidamente Las Delicias y en un santiamén lle­gamos a Buenos Aires, lugar de ba­ños relativamente nuevo, antigua­mente llamado Huamán, á donde prefieren ir hoy por razones de su inmediación a Trujillo, las familias de la ciudad. 

Mis impresiones de Trujillo, ciudad de ventanos y laureles— La ciudad no revela hoy toda la riqueza del Valle. 

En Buenos Aires, hay algunos chalets construidos á la ligera. Una excepción de un señor Fuentes, que ha querido edificar una mansión de muy buen aspecto que se destaca sobre todas las construcciones rá­pidas de ese balneario todavía inci­piente. Una hermosa avenida, aún sin pavimento de asfalto, y por lo mismo polvorienta, une el balnea­rio con Trnjillo. Lindos laureles de­coran el camino á ambos lados y un asomo de paisaje costeño nos regala el alma. 

La primera impresión de Trujillo es gratísima. Me sorprenden desde el primer momento, las lindísimas ventanas de hierro forjado, altas, condecoraciones fastuosas de seño­rial aspecto, los patios grandes, so­leados, cómodos, con sus corredores en alto, y los portones amplios, ta­llados muchos de ellos. Se advierte que la riqueza antigua se aplicaba en la ciudad que debió ser magnífi­ca en relación con otras épocas. Se comprende que los trujillanos de ayer estuvieron orgullosos de su ciudad. Pero hoy los tiempos han cambiado por completo. Los últi­mos fuertes aguaceros han dejado doquiera las huellas de sus injurias, y, además, se palpa que la evolu­ción de la riqueza no ha sido propi­cia para la ciudad misma. 

Hay muchos edificios modernos. Lo mejor en Trujillo, á la simple vista, es lo antiguo y tal hecho res­ponde á las nuevas formas como se mueve y distribuye la economía del valle. Los nuevos ricos y las gran­des empresas no tienen hoy, sin du­da el interés que túrieron los adine­rados de antaño por la ciudad. Hoy piensan en Lima ó en Europa. El gran señor antiguo, el hacendado ricachón y linajudo, tenía su buena casa en Trujillo y en ella volcaba buena parte de su bienestar econó­mico. A pesar de los daños del tiem­po y de las aguas, se percibe la pa­sada grandeza. Pero quien quisiera darse cuenta por Trujillo de la importancia formidable de los capita­les que representan los valles, su­friría una tremenda desorientación. No hay nada moderno que transpa­rente la riqueza actual que es in­mensamente mayor que la de ayer. Antaño dejaba su huella, hoy se co­noce que pasa sin dejarse sentir. La gran industria ha creado este con­traste. 

Las mansiones de Trujillo tienen, lo he dicho, bellísimas ventanas, mucho más bellas que las de Lima, y lindísimos patios. ¡Cuan sedante impresión de comodidad, de holgu­ra, de vida á lo ancho y á lo lento! Por algo dijo Paz Soldán en su Dic­cionario Geográfico, que en ningu­na ciudad del Perú hay mayor nú­mero de casas lujosamente'construídas como las hay en Trujillo.


Con claridad meridiana lee uno en el pa­sado. El rico trujillano amaba su ciudad, no tenía la tentación de la aventura ni facilidad para trasladar­se de un lugar á otro. Además, eran muchos relativamente los ricos y las necesidades de la vida social lle­vaban á todos á rivalizar con los di­versos menesteres de la sociabili­dad. 

Las casas señoriales de Trujillo 

Para nadie es un secreto que en la antigua vida casi no existieron otros monumentos de carácter pú­blico que los templos, y que por ra­zones de evolución que á ninguna persona culta pueden escapar, entre nosotros, como en todas partes, hu­bo mayor cuidado en los interiores de hogares y aún de iglesias que en su aspecto exterior. Gobernados por gentes que venían de fuera y que sabían que serían reemplaza­dos más o menos pronto, teniendo esos gobernadores una sensación de constante amenaza de mudasza, no se preocuparon mucho de los carac­teres externos de la ciudad. 

En Lima mismo, no fue nunca el palacio superior a muchas casas particulares y aún éstas, con raras excepciones, ostentaban su riqueza en los interiores y no en las facha­das. La vida era menos callejera y aún no se habían resuelto los gran­des problemas que han hecho cam­biar por entero la fisonomía de las ciudades: pavimentado, luz, aveni­das, todo es historia moderna. Por eso no puede jusgarse por lo exter­no y lo presente para deducir que es una coloreada mentira la rique­za colonial. Basta con leer los vie­jos inventarios para darnos cuenta de la abundancia, de la fastuosidad, de la evidente opulencia de esos días, todo lo que, además se expli­ca por el enorme valor adquisitivo de la moneda y por las grandes for­tunas que se lograron hacer, muy especialmente mientras duraron las encomiendas. 

Aún después en el siglo XVIII fueron muchas, muchísimas las fa­milias muy ricas, con grandes faci­lidades para la vida, la esclavitud, entre otras, y sin más objeto en que emplear su riqueza en la profusióin de muebles, de alhajas, de lujosas chucherías, de suntuosísimos ropa­jes, que constan en !a multitud de inventarios que duermen en los ar­chivos. No había entonces, como hoy, la posibilidad del viaje a Eu­ropa, que era un enorme problema, ni en Europa existía, con los caracteres actuales, succionadores de fortuna, la vida de cara diversión que hoy la caracteriza. Por eso los  viajeros de todas las épocas, se asombraron, con razón, de la riqueza que había en los hogares de las ciudades coloniales de América: las vajillas de oro y plata labradas, las joyas, los brocados, los encajes, los muebles estupendos. ¿En qué gastaba un rico entonces? La servidumbre la compraba para toda la vida por una suma ínfima o la heredaba; la distracción de carácter público no existía o estaba en mantillas y era muy barato como el teatro. Sólo habían los toros, las mas­caradas y las procesiones. La vida de hogar tenía que rezumar riqueza y así fue, indudablemente. Trujillo no pudo ser una excepción a la re­gla y como el valle fue siempre muy rico, los hacendados hicieron de la ciudad el asiento de la rique­za, esto explica porqué hay tan buenas casas en Trujillo. 

De tanta casa fastuosa, la que más llama la atención, es la de Iturregui, considerada en algunos tra­tados antiguos de Geografía, éntre­los edificios notables de la ciudad. Pude visitarla detenidamente gra­cias a la gentileza del doctor don Alvaro Pinillos Goicochea. Está deshabitada y ha sufrido mucho con las aguas de la última avenida. Conserva, á pesar de todo, su im­ponente prestancia. La fachada es muy hermosa, con bellísimas ven­tanas. La puerta es de fina madera tallada. Tiene un zaguán amplio, con banquetas de mármol; que ha­cen pensar  "en los días de los pobres'' después de un patio grande, con corredores en alto circundados por un fino barandal de bronce y hierro forjado. Hay lozas inglesas y már­moles selectos en los zócalos y en el piso; todo el material es magnífico y suntuoso, el gran salón deslum­hra con sus estucados en oro que parece de ayer, con artísticos clá­sicos en profusa decoración. El oratorio está junto al salón princi­pal que comunica con la cuadra por una puerta en oro y cristal que es una maravilla. Hay otros salones, todos hechos con grandiosidad y lujo. Según dice la tradición, la ca­sa fue construida por don Juan Ma­nuel Iturregui á su regreso de Eu­ropa para echarle pan á la de los Ganoza, muy bella también, y que está en la plaza principal. 

Es indudablemente la casa de Trujillo y seguramente no hubo en Lima tampoco otra más lujosa, ni más amplia. Tiene tres patios, ca­ballerizos huerto con una linda pila de mármol. Hoy costaría millones hacer una casa así. Hace ochenta años costó más de doscientos mil pesos fuertes. Dado el valor adquisitivo de la moneda entonces, se puede calcular la importancia de esta mansión. Las azoteas amplísimas dejan ver el claro trazado de la ciudad y parte de los valles. Todas están circundadas 3 por barandales de hierro y tienen pavimento de ladrillos finos. Dan  ganas de volverse niño, de apostar carreras y volar cometas. Por desgracia las ultimas lluvias la han deteriorado mucho. Grandes trozos de estuco yacen en derrota por los  suelos. Vestida a la antigua, con su salón dorado, con ricos muebles Luis XV, ó Luis XVI debió tener radioso aspecto. Hoy está vacía y, sin embargo, impone. Me dicen que parte de los muebles — qué bue­nos serían — los llevó a Europa la señora viuda de Iturregui. Cuando vivió en ella la señora Adela de Gonzáles Orbegoso, era digna de ser exhibida. Ahora, para ponerla en pie rehacerla como fue en sus bue­nos tiempos, habría que gastar su­mas considerables. 

Otra casa interesante es, sin du­da, la de la familia Rosell. Fue de el corregidor Urquiaga y en ella fun­cionó el congreso de Riva Agüero. Es también muy bella. En el ora­torio hay un magnífico retrato del canónigo Madalengoitia. Me la hi­cieron pasear gentilísimamente los esposos Pinillos-Rosell Tiene to­davía algunos armarios y arquetas con talladuras de gran estilo y co­mo la de Iturregui, es cómoda, es­paciosa, clara, solemnial. Tiene en el patio interior una hermosísima pila hecha con los famosos mármoles de Carabamba. 

Vi otras casas interesantes. La de Jacobs, frente al templo de San­to Domingo, la cual fue de los Me­rino y antes, según la tradición, de Pizarro. La casa prefectural, de tí­pica arquitectura hispana y que según el autor de los Anales del de­partamento de La Libertad, fue de doña Micaela Cañete de Merino, aquella linajuda y patriótica señora que izó la bandera con la cual se ju­ró la independencia de Trujillo; la que fue de don Martín Aranda, si­tuada en la plazoleta del mismo nombre, donde, vivió Riva Agüe­ro cuando lo apresó La Fngnte; la de los Bracamente, marqueses de Herrera, hoy de la familia Tapia, con muy característicos balcones y que está en la plaza mayor, la del Mariscal Orbegoso, Señorial y rica. Busqué también la casa de Fernan­do Casos y me afirmaron que es la que queda frente al convento de Santa Clara. Años después, ya ven­cido y mal mirado el gran tribuno, vivió en una casa que queda frente a la de Iturregui. 

Como habrá de verse en las cró­nicas siguientes, pocos lugares más propicios para el turismo que Truji­llo, la ciudad misma, sus alrededores, las estupendas ruinas de Chanchán, el espectáculo formidable desde cualquiera que sea el punto de vis­ta desde el cual se mire, del valle de Chicama.  







viernes 29 de abril de 2011

Trujillo Ciudad Monumental



Hace cuarenta años, en abril de 1971, se declaró a Trujillo como Ciudad Manumental;  fue la primera del País.


Estimados amigos:

El pasado 24 se han cumplido 40 años de la firma por el entonces alcalde Miguel Zamora de Brito, del decreto municipal por el que se declaró como "Ciudad Monumental" el Centro Histórico de Trujillo, sustentado en el estudio del "Centro Cívico" que años antes el alcalde Guillermo Larco Cox encargó al Arq. Manuel Angel Ganoza Plaza y que fue refrendado por la misión Unesco - Cryrza jefaturada por el Arq. José de Mesa. Este fue el inicio de una defensa técnica y legal de la ciudad y su arquitectura.

En el 2° Foro Nacional sobre Centros Históricos (28 y 29 de abril, Colegio de Arquitectos - Trujillo) se conmemorará este hito para Trujillo, recordando a quienes tuvieron tan importante participación, especialmente a los Arqs. De Mesa y Ganoza Plaza, reconociéndose también la importante participación que tuvo el destacado trujillano Alfredo Pinillos Hoyle, entonces presidente de la Comisión Regional de Monumentos, ante el cuerpo edil en pleno, sustentando esta trascendental decisión.

Quedan cordialmente invitados, un afectuoso saludo.


José Correa





























domingo 10 de abril de 2011

El Testamento de Don Faustino Modesto Blanco y Martínez




La Casa Blanco y Martínez ubicada en la Plaza Mayor de Trujillo




Testamento de Faustino Modesto Blanco y Martínez 

(Trujillo, 06 de Junio de 1893) 



"En la ciudad de Trujillo del Perú a los 6 días del mes de Junio del 1893, yo el infras­crito notario público de esta provincia, siendo las cinco de la tarde, me constituí en la casa habitación del señor don Modesto Blanco, natu­ral de esta ciudad, propieta­rio, casado y de religión ca­tólica y mayor de edad y encontrándose enfermo me manifiesta su deseo de otor­gar su testamento, en cuya virtud estando con capaci­dad bastante y libertad completa para testar, proce­do a otorgarlo en el orden siguiente: 

1° Primeramente declaro yo Faustino Modesto Blan­co, que soy cristiano católi­co y romano y como tal he vivido y protesto vivir y morir creyendo en todo lo que nuestra Santa Madre Iglesia nos enseña. 

2° Ytem. declaro que se le dé a la manda pía de restau­ración por solo una vez la limosna de cuatro soles veinte centavos plata.


 3° Ytem. declaro que no tengo ascendiente ni des­cendiente con derecho a he­redarme y que por lo mismo puedo disponer libremente de mis bienes. 


4° Ytem. declaro que es mi voluntad dejar o legar a la Beneficencia Pública de es­ta ciudad los fundos rústi­cos que tengo y poseo en el valle de Chicama, que son  las haciendas de Santa Cla­ra, Licapa, Garrapón, y , Chuín Alto, para que se sos­tenga primera y principal­mente el Colegio de Belén que yo fundé y he sostenido y sostengo; se construya el local del hospital de muje­res para que haya basto campo para admitir mayor número de niñas pobres, pues dicho local deberá convertirse en el colegio que llevo indicado, siendo mi voluntad que el sobrante se aplique a las necesidades de los pobres enfermos del hospital. 

5° Ytem. declaro que la ca­sa habitación en que vivo actualmente y las bodegas de la esquina del Progreso de la Plaza de Armas, así como la chacra que tengo por la portada de Moche y que está arrendada a don Antonio Pelayo, es mi volun­tad legarlas a mi esposa le­gítima señora Francisca La­rrea. 

6° Ytem. declaro asi mismo que las demás fincas urba­nas que me pertenecen en esta ciudad, a ecepción de las que expresaré en segui­da, lego a mi citada esposa señora Francisca Larrea a cuyo lado queda María Ra­mírez. Emilia Vigil y Dolores Calderón, para que acom­pañen a dicha mi esposa y ésta corra con los gastos de su subsistencia.


 7° Ytem. declaro que la obligación que tiene mi es­posa a atender a los gastos de subsistencia de las ex­presadas María, Emilia, Do­lores, módicamente durará mientras estas se manten­gan bien a su lado, pero si sucediese lo contrario, en­tonces mi esposa quedará libre de esa obligación res­pecto de la que procediese mal. 

8° Ytem. declaro que la fin­ca urbana en que viven Car­men y Carlota Rodríguez y la tienda adyacente sitas en la Calle Del Tesoro, es mi voluntad legárselas para que la posean y disfruten por igualdad. 

9° Ytem. declaro que la ca­sa de bóveda en que vive hoy la señora Rosa Lacomba viuda de Quesada y la que sigue que habitan hoy las señoritas Barrantes, sita en la tercera Cuadra de San­to Domingo , yendo de la Plaza de Armas, es mi vo­luntad destinarlas y legarlas a los pobres con el objeto de que estos vivan en el las bajo la dirección y reparto de pie­zas que hará la superiora de las hermanas de la caridad de San Vicente de Paúl; en­tendiéndose que esto no impedirá la venta de dichas casas cuando dicha superiora lo creyese convenien­te, en cuyo caso el valor será repartido entre los mismos pobres que ocupen dichas fincas. 

10° Ytem. declaro que la finca llamada lechería que hace esquina de la Calle del Progreso de la Plaza de Ar­mas, es mi voluntad legarla a María Ramírez, Emilia Vigil, Dolores Calderón, que son las mismas que quedan a lado de mi esposa y ade­más les lego la casa siguien­te, esto es la que hoy ocupa el Señor O'Donovan y una tienda colindante; cuyo go­ce y disfrute de estos lega­dos lo harán bajo la vigilan­cia de mi esposa. 


11° Ytem. declaro que la casa sita en la calle de Santo Domingo frente a la casa lla­mada Mayorazgo, es mi vo­luntad dejarla o legarla a mis ahijadas Carmen y Ma­nuela Barrantes en unión de sus dos hermanas Isabel y Josefa Barrantes y su seño­ra madre doña Rafaela. 


12° Ytem. declaro que ins­tituyo como mi heredera de mis bienes, derechos y acciones y otras futuras suceciones a mi indicada esposa señora Francisca Larrea, a quien la nombró también por mi albacea en primer lu­gar, facultándole para dar debido cumplimiento a esta ultima disposición testa­mentaria. Nombro asi mis­mo por mi albacea en se­gundo lugar al señor don Alejandro Pinillos y en tercer lugar al señor doctor don Jo­sé Antonio Cárdenas; y por el presente testamento re­voco y anulo cualquier otros que bajo cualquier forma hubiere yo otorgado antes. Yo el notario público doy fe que el señor testador ha ex­presado libremente su últi­ma voluntad, habiéndose cumplido en este acto los requisitos de la ley, siendo testigos don José Ottone, don Mariano Ferradas Brandaris y don Gregorio Carri­llo, vecinos de esta ciudad a quienes conozco, de que doy fe. 

En este estado el señor tes­tador agregó que la casita por la portada de Moche y que la posee actualmente el Señor Acharan, pasado cier­to número de años, según expediente, pasará esa poseción al expresado señor testador, pero que declara que dicha casita pertenece hoy a Carmen Rodríguez; de lo que también doy fe. 


Faustino Modesto Blanco
(Firmado)



Higinio Gutiérrez, Esc. Púb.1894 -94, Leg.452, Fol.277 - ARLL.