viernes, 29 de agosto de 2008

El Puerto de Nuestra Señora del Socorro de Huanchaco










Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Ubicado en la costa norte del Perú, bañado por el suave oleaje del mar Pacífico está el pintoresco e histórico pueblo y antiguo Puerto Mayor trujillano de Nuestra señora del Socorro de Huanchaco.

Desde tiempos inmemoriales sus habitantes son buenos pescadores, expertos navegantes y fuertes nadadores. 




 

Huanchaqueros con el Dr. Haya de la Torre



Aquí el tiempo ha conservado uno de los mayores tesoros debido al ingenio de una raza fuerte que habitó estas costas y que aún sigue utilizando una nave frágil pero segura que siempre le permitió realizar faenas de pesca para poder vivir en un constante diálogo con el mar, sus riquezas y la belleza natural del lugar. El caballito de totora, como hoy se le conoce, aún pervive en Huanchaco y otros pueblos norteños de pescadores. 

Fundada la ciudad de Trujillo en el siglo XVI, se procedió al reparto de solares urbanos, chacras y encomiendas de indios a los conquistadores. Al conquistador español Diego de Mora le correspondió los valles de Chimo y Chicama y puerto de Huanchaco. 

Una de las principales preocupaciones de los primeros alcaldes trujillanos fue el establecimiento de puertos para el fondeo de navíos procedentes de Panamá así como para el envío de los frutos y productos de la tierra. La ciudad de Trujillo del Perú tenía que estar comunicada comercialmente, por vía marítima, con centro América y posteriormente con el importante puerto de Guayaquil. 

Tres fueron los puertos establecidos en Trujillo y su jurisdicción. En el valle de Chicama el puerto de Malabrigo distante de la ciudad catorce leguas, en el valle de Virú el puerto de Guañape apartado de la ciudad diez leguas, y en el centro el puerto de Huanchaco, el más frecuentado por las embarcaciones debido a que la población indígena existente favorecía las labores de embarque y desembarque y a que distaba solamente dos leguas de la ciudad. 

La población indígena que se estableció en Huanchaco procedió del importante pueblo de San Salvador de Mansiche, inmediato a Trujillo. Mansiche se fundó durante las reducciones de indios de 1566 – 1567, ordenadas por el virrey Toledo. Debió existir en ese lugar una población formada por las familias de los últimos señores chimus tras el abandono de Chan Chan. Posteriormente el puerto de Nuestra Señora del Socorro de Huanchaco fue incorporado al cacicazgo de Mansiche.

Huanchaco tiene un hermosa y visible iglesia, grande emplazada en un cerrillo. Desde tiempos virreinales sirve de dirección a los pilotos y es referencia para dar fondo. En ella se venera, desde el siglo XVI, la sagrada imagen de Nuestra Señora del Socorro, llegada desde España por mar a Huanchaco. Virgen muy querida y milagrosa goza hasta hoy de la devoción de ese pueblo y principalmente de los pescadores que se encomiendan a ella cuando se hacen a la mar en sus elegantes caballitos de totora. 













La Virgen de Hunchaco, gracias a la gestión del deán don Antonio de Saavedra y Leyba, desde 1861 visita Trujillo casa cinco años. Cuenta la tradición que los celosos huanchaqueros exigían que en la iglesia trujillana en que pernoctaría la virgen se sacasen todos los santos varones, pues la virgen no podía dormir donde hubiesen hombres.

Vestida de huanchaquera tras largo y solemne recorrido entra a la ciudad por la alameda de Mansiche, vestida ya para entonces de gala con hermosos mantos bordados en plata y oro, luciendo antiguas joyas y rica corona. El júbilo de los trujillanos es grande al igual el celo de los huanchaqueros que nunca la pierden de vista.

Rodeada de multitud de devotos, entre cantos, incienso, cohetes, precedida por San José y el arcángel San Gabriel que con espada en mano viene espantando a los pintorescos e incansables diablos de Huanchaco que al son de concertina y quijada de burro bailan dando ronquidos y látigo en mano van abriendo paso a la imponente procesión. Los trujillanos y huanchaqueros se confunden en inmenso fervor religiosos.





Los diablos de Huanchaco



Huanchaco durante los siglos XVI al XIX fue en puerto peligroso. Los navíos fondeaban a media legua de la orilla de la playa, pues a un cuarto de legua se encontraba una zona de peñascos y arena que comúnmente llamaban tasca. Sólo la práctica y conocimiento de los indios pescadores sobre balsas y caballitos de totora permitían que las lanchas y botes salieran con éxito del peligro. Muchas veces fue necesario el uso de andarivel para mayor seguridad. 

Aún así fueron muchas las desgracias y pérdidas ocurridas debido a la presencia de la tasca y al fuerte oleaje. Tal circunstancia fue la mejor defensa que tuvo la ciudad de Trujillo; el peligro que significó el desconocimiento de esa playa, no permitió la invasión de enemigos marinos venidos de ultramar. Los Corsarios y piratas nunca se atrevieron a desembarcar en sus costas, pero aún así la constante presencia de tan terrible amenaza alentó a los trujillanos a amurallar su rica ciudad. 

Según el fervoroso cronista del siglo XVII, Castro Domonte, fue nuestra Señora del Socorro de Huanchaco por el norte y el Cristo de pueblo de Santiago de Huamán por el sur, los auténticos y únicos defensores de Trujillo del Perú. 

El desarrollo y éxito de la antigua economía trujillana se debió en gran parte a la existencia del puerto de Huanchaco. Durante el siglo XVI al XVII fue una de las principales puertas de salida de la producción triguera más grande de América establecida primordialmente en el valle de Chicama. 

Innumerables fueron los bajeles y navíos que de Huanchaco se hicieron a la mar rumbo a los puertos de Guayaquil y Panamá. Posteriormente en los siglos XVII y XIX la producción de azúcar siguió los mismos rumbos marítimos. La exportación de lo producido en estas tierras y la existencia del pueblo y puerto de Huanchaco, permitió a Trujillo ser una ciudad floreciente.









Desde principios del pasado siglo el puerto de Hunchaco cuenta con un muelle edificado por el poderoso hacendado trujillano Víctor Larco Herrera, para embarcar el azúcar producido en su hacienda Roma del valle de Chicama, trasportada hasta allí por tren. Larco construyo una casa de verano frente al mar, que hasta hoy perdura.





La estación del tren Trujillo a Huanchaco, en Trujillo.





El Tren Trujillo, Huanchaco



Víctor Larco Herrera También construyó una línea férrea que partiendo de Trujillo y pasando por Buenos Aires llegaba a Huanchaco. Huanchaco pronto se convirtió en el lugar preferido por los trujillanos que en épocas de verano acudieron en busca de un clima sano y refrescante.



Los Hermanos Larco Pinillos y Larco Vásquez, hijos de Victor Larco Herrera



En la actualidad Huanchaco en un bello y moderno balneario norteño que conserva sus usos de pesca artesanal que han despertado mucho interés a los turistas que llegan atraídos por los ancestrales caballitos de totora y el cálido paisaje marino. Aquí se puede encontrar excelentes alojamientos y buena comida. Huanchaco, tan cerca de Trujillo, tiene mucho por mostrar y mucho más por descubrir.

Quien visita Huanchaco por primera vez o vuelve a él, siempre encontrara un apacible lugar bañado por un mar bondadoso, poseedor de un insospechado pasado histórico enriquecido por tradiciones evidenciadas por los fuertes hombres de mar que aún siguen sembrando totorales y pescando en ágiles embarcaciones construidas como hace muchos siglos. 

En Huanchaco los Huamanchumos, los Piminchumos, los Ucañan, los Chinchayan*, aún siguen rindiendo culto y respeto al mar, como antaño lo hicieron sus ilustres antepasados que han dejado sus huellas en los misteriosos frisos de las colosales paredes de Chan Chan.




*El señor Percy Valladares Huamanchumo, Director de la Casa de la Cultura y Turismo de Huanchaco, ha hecho el valioso aporte a este Blog que a continuación presento con mucho agradecimiento:

" Hago mención de esto, no sólo porque mi apellido Materno es el unico que subsiste en Huanchaco, sino porque, como usted verá, se fueron heredando de padre a hijo los gobiernos. La costumbre antigua era ponerle a los niños, un "nombre" al momento de nacer, que llevaba algún significado en la lengua pescadora ó quignan, de allí que solo el nuevo gobernante tenía el honor de llevar el nombre ó apelativo del padre, extensivo a su descendencia, más no, quienes no accedían al trono. Cuando llegaron los españoles, hallaron que los hombres se emparentaban con mujeres de su misma familia, lo cual cortaron con mucho esfuerzo, convirtiéndose al cristianismo muchos de ellos y a partir de allí, en realidad se inicia la "heredad" del "apellido".

Sin embargo, esta costumbre aún pervive en Huanchaco. Los Huamanchumo (una minoría) siguen casándose y teniendo hijos con mujeres que llevan el mismo apellido.

Otros apellidos antiguos que existan en Huanchaco de raices prehispánicas tenemos:

Piminchumo (una variación de Huamanchumo, al prohibir los Incas la unión entre familiares, los chimú no hicieron caso y en secreto continuaron realizando esta práctica. Al haber un control más estricto, muchos de ellos, partieron hacia otros lugares y al volver, lo hicieron con variantes tales como Piminchumo, Biminchumo y otros).

En Huanchaquito existe: Anhuamán, Chilmaza, Huamanchumo, Piminchumo.

Otros apellidos aún en estudio y probablemente de orígen quignán sean : Sachún, Efio.
Apellidos Coloniales: Gordillo, Díaz, Urcia, Ucañán, Leytón ó Leiton, Otiniano, Arzola, Venegas, Arroyo, Beltrán.

Del Huamanchumo se derivaron muchos otros nombres, algunos de ellos ya extinguidos tales como : Charquinchumo, Piminchumo, Biminchumo. Es lógico que antes del Señorío del Gran Chimor, existieron otros que naturalmente, ya están extinguidos y de los cuales no se tiene conocimiento".