sábado, 2 de agosto de 2008

La Casa del Cabildo de Trujillo del Perú







Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas 


Por incierto que parezca, en la traza fundacional de la ciudad de Trujillo no se consideró solar en la plaza mayor para el establecimiento de “casas de cabildo y cárcel”. Ausencia que se deduce de un minucioso análisis de las actas de sesiones de cabildo realizadas éstas en los años que siguieron a la fundación española de esta ciudad, así como del estudio relacionado al repartimiento de solares de la plaza mayor y sus primeros ocupantes.

Es de suponer que esta ausencia tuvo que ser resuelta. Las sesiones de cabildo debieron de realizarse en casas de los primeros alcaldes de Trujillo y habiendo sido Rodrigo Lozano el primero, estas se llevaron a cabo en su casa. Casa que ocupo el solar en el que actualmente se halla la casa Ochaita y Urquiaga, sede del Banco Central de Reserva del Perú.

En sesión del 09 de enero de 1551 se contemplo la gran necesidad que tenía la ciudad de un edificio apropiado y sobre todo que estuviera situado en la plaza mayor. Posteriormente el cabildo compró un solar situado fuera de la plaza mayor, edificando allí la primera casa destinada a tal fin.

En 1552, Jordán Hernández pintó, en la puerta de dicha casa, Las Armas del Rey de España y las Armas de la Ciudad. En marzo de ese mismo año llegó a Trujillo don Hernando de Cabrera, quien había sido nombrado corregidor y juez de residencia. Al no disponerse de casa vacante “conforme a la calidad de su persona”, se le dio para su hospedaje la casa de cabildo por el tiempo de un año, comprometiéndose el corregidor al reparo de la sala principal.

Esta primera edificación destinada a albergar tempranamente al cabildo trujillano, que no estuvo situada en la plaza mayor, debió ser obra de cierta calidad y posiblemente debida a los arquitectos Alonso de Escobedo el viejo o Alonso de Escobedo el mozo, padre e hijo que ejercieron dicho oficio durante las tres primeras décadas que siguieron a la fundación de la ciudad.

El segundo edificio de cabildo y cárcel que tuvo la ciudad de Trujillo, estuvo situado en la plaza mayor en el área que actualmente ocupa la casa que habitó la familia Benítez Vargas, que conjuntamente con la de la familia Pinillos Monteverde, la del Colegio de Arquitectos y la de la casa del Gobierno Regional, integraron el histórico solar concedido al conquistador Francisco Pizarro. En 1599 el amplio solar central de Pizarro, que iba de calle a calle, salió a remate público quedando luego fragmentado tempranamente.

En sesión de cabildo del 28 de noviembre de 1567 se informo de la compra de un solar en la plaza mayor, un fragmento del solar de Pizarro, en el cual se edificaría la casa del cabildo. En Diciembre del mismo año se contrató al arquitecto Antonio de Vega “el mejor que había en la ciudad”, comprometiéndose a construir según los planos que estaban hechos, cobrando 1,500 pesos con la condición que el cabildo pusiese los materiales al pie de la obra y haciendo constar que su intención era prestar un gran servicio a la ciudad.

La edificación realizada por Antonio de Vega fue de una sola planta, pues poco antes de 1580 se continuaron las obras por el arquitecto Diego Núñez, natural del condado de Medina Sidonia de los reinos de España, quien realizó varias obras en conventos de nuestra ciudad, adeudándole ésta, a su muerte, la suma de 20 pesos. Así lo declaró Núñez en su testamento redactado en Trujillo el mes de octubre de Octubre de 1580: “Yten, declaro que el señor Agustín Ramírez de Molina, corregidor de esta ciudad, me debe veinte y tantos pesos de la hechura del corredor de las casa de cabildo, por lo que le debo yo veinte y dos pesos, cuando se cobre el resto, los cuales veinte y dos pesos me dio por hacer los umbrales de dicho corredor”.

La segunda casa del cabildo despareció con el catastrófico terremoto de 1619, manteniéndose la cárcel pública en “la calle que iba de la plaza mayor a la iglesia del convento de Santo Domingo”, en el lugar que ocupó el Museo de Arqueología de la Universidad de Trujillo. Esta ausencia se prolongó hasta fines de la tercera década del siglo XVII, tiempo durante el cual hubo una serie de intentos de compra de casas aledañas a la plaza mayor, como consta de la sesión de cabildo del 10 de diciembre de 1639, en la que manifestó el alférez real, que por muerte de don Julián de la Torre y Escobar se vendieron en pública subasta “una casa principale que dejó en la plaza de esta ciudad y se remataron en don Álvaro Cavero de Henao, cuyas casa lindan con un patio que esta ciudad tiene y que antiguamente eran casa de cabildo y como es notorio esta ciudad no tiene de presente casa de cabildo ni cárcel pública con lo que además de los inconvenientes que se sigue de no haberlas, la ciudad está muy desautorizada por ser estas obras públicas de las de más necesidad, particularmente de cárcel, la cual hoy está tan incomoda que los presos además de no tener la guarda necesaria padecen incomodidades por la mucha estrechez que tienen y están los negros e indios juntos por no tener más de dos piezas y no haber donde detener a las mujeres” , por lo cual se acordó “pedir por el tanto las citadas casas y que hicieran allí casas de cabildo y cárcel en forma”. La casa mencionada estuvo situada en la esquina de la plaza mayor formada por las actuales calles de Francisco Pizarro y Diego de Almagro – actual Pub Tributo Bar - . Don Álvaro Cavero de Henao, su propietario, no admitió la propuesta del cabildo trujillano.

Fue recién durante la tercera década del siglo XVII que la autoridad edilicia compro la casa de morada y solar perteneciente al contador Antonio Urraco; casa en estado de ruina, ubicada en una de las esquinas de la plaza mayor, en el sitio que desde entonces han ocupado los edificios de cabildo que Trujillo ha tenido y tiene.

El solar fundacional de esquina que el contador Antonio Urraco vendió al cabildo incluía el área actualmente ocupada por la casa de los herederos del Dr. Guillermo Ganoza Vargas.

Parte de la edificación del nuevo local capitular, la correspondiente a la cárcel que constaba de sala de armas, capilla y residencia para los presos, es evidente que fue realizada por el arquitecto portugués Alonso de las Nieves, destacado arquitecto responsable de muchas obras de importancia en la ciudad. Así lo declaró en su testamento otorgado en Trujillo en 1644, indicando en dicho documento que faltaba cumplir con la mitad del primer contrato y encargándoselo a su discípulo Juan Francisco a quien cedió las otras partes restantes de la obra, declarando en una de las cláusulas “y así mismo quiero y es mi voluntad que todas la herramientas de mi oficio de albañilería se les de al dicho Juan Francisco por precios moderados y esto en conformidad a que ha de proseguir con la obra de la cárcel que yo tengo comenzado a hacer, que son dos plazos, quedándole otros dos como reza la escritura lo haya y cobre por trabajo y ocupación”.




El Cabildo de Trujillo en el año1900


El arquitecto Alonso de las Nieves debió haber sido el responsable de la edificación total del nuevo edificio del cabildo trujillano, que por entonces lució solamente una planta y tubo al exterior la típica fachada de pórtico de arcos de medio punto que miraban hacia la plaza mayor.

En 1646 se realizaban obras de mejoramiento en la cárcel del cabildo. Los jueces y el comisario real contrataron al carpintero Juan Romero, quien se comprometió a hacer “Cuatro rejas de algarrobo” para el aposento por el cual los presos se comunicaban con la plaza mayor.

Posteriormente se construyó, sobre los portales del cabildo, una galería en el segundo piso, usada para conducir los cabildos abiertos o para presenciar los espectáculos públicos que se ofrecían en la plaza mayor. Los portales del cabildo abarcaron toda la frontera del solar, es decir cubrieron la casa vecina que posteriormente se separó, la cual tenía derecho a cuatro arcos de los portales y que perteneció a principios del siglo XVIII al capitán Iñigo de Villavicencio Cisneros y Mendoza y hoy a los herederos del Dr. Guillermo Ganoza Vargas.

No se dispone de otras noticias en el siglo XVIII, referentes a la casa de cabildo y cárcel. De 1712 data una en la que el maestro de albañilería Bernardo Flores, por encargo del ilustre cabildo de justicia y regimiento de la ciudad y el regidor perpetuo capitán Manuel García de Zarzosa, procurador general de la ciudad “Haría la obra de aderezo de la sala capitular de dicho ilustre cabildo en tal manera que ha de poner en ella cuatro llaves de algarrobo en las esquinas, blanquearla por la parte que mira a la casa del capitán Iñigo de Villavicencio Cisneros y Mendoza, ponerle y arrimarle un estribo o ……. todo de adobería , de manera que quede firme por aquella parte dicha sala capitular, y así mismo me obligo encamar y enladrillar todo el techo de dicho portal hasta …….el de registros que hace desde la puerta de la escalera hasta la entrada para la dicha sala, de manera que quede con mucha seguridad, y hacer un parapeto en el corredor y pared de los arcos, todo de cal y enlucido, blanqueado y canteado como el que se mira en el palacio Episcopal, y también aderezar y revocar los pilares y poyos de dicho portal; y para la dicha obra y aderezo se le han de dar 3,000 adobes, 3,000 ladrillos y dos cargas de caña blanca, todo este material puesto al pie de la obra, la cal que fuere necesaria para revocar y blanquear como así mismo ocho fanegas de yeso”. Se le pagó por su trabajo 150 pesos de a ocho reales. 






El número de adobes y ladrillos empleado los Bernardo Flores hacen suponer una significativa reedificación de la sala capitular que debió estar en muy mal estado.

El cabildo tuvo su pórtico que era tradicional en este tipo de edificaciones públicas y el maestro Flores también arregló los pilares y el ático, con los poyos que servían de sostén al techo que cubría esta segunda planta, haciendo también los cielos, el revoque y blanqueado consiguiente de toda la obra.



 

En primer plano a la rerecha la casa de los marqueses de Herrera y Valle Hermoso, al fondo el cabildo, Angrand 1839.


En el siglo XIX el francés Leonce Angrad realizó un dibujo de la casa del Mayorazgo de Chiclín perteneciente a los marqueses de Herrera y Valle Hermoso, en el que se aprecia en un segundo plano y en forma bastante detallada la casa del cabildo que Trujillo tuvo por el año 1839, el cual resulta siendo en parte confirmatorio de las tareas realizadas por el maestro Flores, que en parte debieron conservarse, pues muestra los portales completamente reducidos y se aprecia la planta alta. En el dibujo de Angrad se distingue que sobre los arcos de la planta baja se elevan los “poyos” de esquina que reciben encima el cielo de “encañado” igual al que se refiere en el contrato de 1712. Lo curioso del dibujo es que se ven solamente dos poyos que rematan en pirámides sobre los que descansa la cubierta mencionada que para ese tiempo debería abarcar todos los arcos que el cabildo tenía. Podría ser que los dos poyos con la cubierta encañada abarcarían solamente parte de los arcos, los más próximos a la esquina, pues de otra manera no habrían podido soportar en peso de una cubierta encañada cubierta de barro e interiormente enlucida de yeso.

Así permaneció la casa del cabildo hasta la primera mitad del siglo XIX en que el segundo cuerpo aumento de dimensiones y se completo con una galería con pilares de algarrobo en forma de columnas pareadas que tenían un cornisamento y una cubierta con un parapeto de baranda labrado en madera.

El tradicionista limeño, que residió y murió en Trujillo, Carlos Camino Calderón refiere que “En 1850 se hizo la reparación total del edificio y se cambiaron las columnas de algarrobo por otras de inferior madera labradas por los maestros Aranda y Honores. Refiere Camino que en el descanso de la escalera existía un enorme botijón que se llenaba con el agua milagrosa de cierto pozo del cabildo. Esta agua tenía la virtud de aclarar las ideas, razón por la que en los asuntos graves el alcalde y los regidores trasegaban grandes vasos de ella. La picota demoledora de don Víctor Larco Herrera acabó con el descanso de la escalera, con el botijón y con el agua milagrosa. Los bromistas trujillanos dicen que desde entonces allí todo marcha manga por hombro.

Es posible que a esta época se deba el frontón triangular sobre el centro del cornisamento, el cual llevó un escudo peruano y la leyenda “H. Municipalidad”. A mediados de la segunda década del siglo pasado se demolió el antiguo edificio por iniciativa del filántropo trujillano don Víctor Larco Herrera, alcalde de la ciudad, quien dono el actual palacio municipal. 




Demolición del antiguo cabildo de Trujillo, año 1921


El nuevo edificio del palacio municipal fue diseñado y construido por el arquitecto italiano Doménico Tanlongo y la obra terminada se entregó al Alcalde D. Francisco Jimeno el 21 de enero de 1917. El diseño del nuevo edificio, según el arquitecto boliviano José de Mesa Figueroa, está inspirado en el eclecticismo romántico de influencia italiana que quiere recordar al Palacio Pitti de Florencia o el Farnecio de Roma. Es obra de cierta calidad en su decoración. Tiene los salones principales y el despacho del alcalde en el segundo piso, manteniendo las oficinas municipales en el primero. Un balcón sobre la portada y otro en el tercer cuerpo coronado de frontón, señalaban simétricamente a eje la parte noble del edificio. 







El terremoto del 1970 destruyó el tercer piso quedando hoy solamente los dos pisos inferiores.