miércoles, 13 de agosto de 2008

La Fuente de la Plaza Mayor de Trujillo del Perú










Por
Miguel Adolfo y Carlos Alberto Vega Cárdenas


La única fuente pública que tuvo Trujillo en el centro de su plaza mayor, a lo largo de su historia, fue la pila de mármol que donó a la ciudad el arcediano de la Santa Iglesia Catedral, don Pedro de Madalengoytia y Sanz de Zárate.

La instalación de esta fuente, materializó un viejo anhelo que por más de tres siglos tuvo el cabildo y vecindario de Trujillo del Perú; tal como se deduce de las actas de sesiones disponibles, de los primeros años que siguieron a su fundación española.

El 05 de marzo de 1567 se dictó una provisión sobre la sisa de la carne, en los términos siguientes:

“ Que había una acequia de que se servían los naturales, que se dice Moro, y que venía por encima de todas las ciénagas, muy limpia y delgada y por parte que ningún ganado podía llegar a ella; que les había faltado por no tener con que hacer acequia durable y se les había roto y había gran necesidad de que el agua de dicha acequia se hiciese una fuente en la plaza de la dicha ciudad y a causa de no tener ningunos propios ni rentas con que poderla hacer conveníase echarle un grano de sisa en cada arrelde de las carnes que en la dicha ciudad se vendiesen”.

El 20 de octubre de 1567 el cabildo acordó:

“Se de a Antonio de Vega, veinte pesos de lo que esta corrido de la sisa de la carne, porque vaya a medir las varas que hay desde la boca del río hasta la plaza de esta ciudad, por la parte y lugar por donde está señalado que venga, conforme a la traza que el señor Juan Roldán regidor de esta ciudad trajo de los oficiales de la ciudad de los reyes y mandaron que se les de libramiento y se les pague”.

En sesión de cabildo del, 02 de enero de 1568 se acordó que por ser:

“Francisco de Gómez Montalvo persona honrada y está ya advertida de los negocios que ha de hacer y este año esta comenzada la obra de la fuente y de las casas de cabildo y otras convenientes al bien y pro común de esta ciudad y República”

En la sesión del 18 de marzo de 1568, se anota:

“En este cabildo se trató que para acabar de aderezar el acequia por donde va a venir el agua a la fuente para beber esta ciudad, y que para el dicho aderezo de ella es necesario comprar herramientas que son veinte palas de fierro y cuatro azadones, mandaron que para esto se de libramiento de la sisa de la carne y de ellos se pague”.

El 31 de marzo se acordó:

“Que por cuanto esta ciudad por el bien universal de la salud de la República de ella se tomó la acequia de Moro para que por ella viniese el agua a la dicha fuente para que bebiesen los vecinos y moradores de ella y al presente se quiere traer la dicha agua a la dicha fuente, y habiendo sabido esto el cacique principal de este valle que está presente, inducido de personas de mala intención, quiere rozar las tierras que están por aquella parte y sembrar en ellas, y si lo suso dicho se hiciese se estorbaría el traer la dicha agua”.

El 21 de febrero de 1569 se dijo:

“los señores del cabildo mandaron parecer ante sí a Antonio de Vega y Luís Sánchez alcalde de aguas y a Alonso de Escobedo, de los cuales se recibió juramento según derecho, so cargo del cual les encargaron que juraran que costa tenía el traer la dicha agua y el reparo de ella en cada un año”, “Los cuales juraron que costará traer la dicha agua tres mil setecientos pesos en que esta puesta, y más cada un año doscientos pesos para el reparo de ella, y así lo juraron y firmaron en la postura de la dicha traída, por los dichos señores del cabildo. Vista la dicha provisión y parecer de los oficiales dijeron que mandaban y mandaron que cese la dicha sisa y se pregone públicamente que de aquí en adelante no se lleve ni se pague la dicha sisa, porque desde luego se da por ninguna y así lo proveyeron y firmaron de sus nombres, aunque el clamor del pueblo es grande sobre lo suso dicho diciendo que no se puede traer la dicha agua a la plaza con diez mil pesos, y lo que está puesto para traerla hasta el estanque son de tres mil setecientos pesos que conforme a lo que cae de la sisa cada un año, para ponerla en el estanque son menester ocho años y para traerla a la plaza será menester veinte años la dicha sisa”.

Este fue el primer intento que hizo el cabildo para contar con una fuente en la plaza pública, pero debido a la escasez de fondos, al elevado costo y por ser de mayor urgencia la reparación del estanque de repartimiento de las aguas, se desistió hacer la fuente.

Al finalizar el siglo XVIII, el cabildo acordó en 1794 construir una pila en la plaza mayor, contando posteriormente con la licencias por "Real Acuerdo de la Junta y Superior Gobierno de estos Reynos", contratándose al teniente del Real Cuerpo de Ingenieros del Ejército don Francisco Javier García, para la ejecución de la obra. Cuatro años más tarde el alférez real don Juan Joseph Martínez de Pinillos pidió al cabildo se le entregue una copia del expediente referente a la construcción de la pila; pero el 24 de octubre de ese mismo año de 1798, el ingeniero García presentó su renuncia, por tener que constituirse a Lima por orden del virrey, exigiéndole el cabildo que antes de partir entregase los planos y perfiles de la realización necesaria de la fuente de agua que estaba construyendo, y que así mismo recomendase a la persona que pudiera continuar con la obra, contestando el ingeniero que los planos y perfiles estaban en borrador, ofreciendo después mandarlos en limpio y que él no recomendaba a persona alguna en Trujillo que pudiera subrogarlo.

Acordóse inspeccionar el estado en que el ingeniero dejaba la pila, para tomar las medidas convenientes.

El 26 de octubre de ese año los señores del cabildo manifestaron que la obra estaba muy adelantada, fabricada con sólidos cimientos y que las zanjas y cañerías de la puerta de la sierra, distante diez cuadras poco más o menos de la plaza mayor, considerando que no sería fácil continuarla por ninguno de los maestros albañiles "por la incompetencia con que sientan los adobes de una limitada pared" por lo que juzgaron muy útil y necesaria la residencia del ingeniero García en la ciudad, acordando solicitar al virrey, se quede hasta terminar la pila. El ingeniero viajó a Lima y años más tarde falleció en la Capital.

En sesión del 08 de febrero de 1814, el cabildo trujillano volvió a tratar nuevamente a cerca de la construcción de la fuente pública, haciendo presente el señor gobernador intendente que el maestro mayor de alarifes capitán Evaristo Noriega había realizado un inspección del estado de los materiales, que se contaba para la dirección de la obra con el ofrecimiento del presbítero Juan Domingo de Sarria, cura propio de la doctrina de San Sebastián, ofreciendo además "los indios españolizados del pueblo de Moche" para trabajar sin costo alguno en la obra, así mismo se ofreció el presbítero José Manuel de Soraluce, cura propio de la doctrina de Mansiche y Huanchaco, con los comunes de ambos pueblos; ofreciéndose también en forma desinteresada el maestro Evaristo Noriega.

El señor procurador síndico don Jerónimo de la Torre y Noriega, informó que la construcción de esta obra obedecía al clamor de muchos pobres que anhelaban por la construcción de la fuente pública y especialmente de todos los pobladores situados en los barrios de Santo Domingo, La Compañía y Belén. que se hallaban en necesidad de beber aguas insalubres de pozos, porque los aguadores no querían bajar hasta esos barrios.

El gobernador intendente pidió el voto informativo a los señores regidores don Nicolás de Herrera y Bracamonte, marqués de Herrera y Valle Hermoso; don José María de Cárdenas; don Mariano Vásquez de Ganoza y Cañas; don Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga; don Martín de Ostolaza y del Río; don Francisco del Corral y Aranda, quienes manifestaron en pro de la inmediata construcción de la fuente.





La plaza mayor de Trujillo. Leonce Angrad, 1838



En un apunte de la plaza mayor de Trujillo, del frances Leonce Angrand, fechado en 1838, se observa el centro de la plaza completamente desguarnecido, lo que comprueba que la referida fuente pública tampoco se realizó.

La única fuente pública que Trujillo tuvo por esos años, fue la pila del convento del Carmen, para la que el año 1761 la reverenda madre priora de las carmelitas descalzas, pidió se le de una paja de agua de los cuatro riegos pertenecientes a los derechos de la ciudad, otorgándose le el derecho de llevarla por cañería, directamente de la caja de repartimiento del agua ubicada en la actual plazuela del Recreo.

Esta pila estuvo ubicada en medio de la sexta cuadra de la actual calle de Estete, a espaldas del citado convento, dándole nombre a la calle que se la conoció como "Calle de la pilita del Carmen".

La pila de mármol que donó el doctor don Pedro de Madalengoytia Sanz de Zárate, fue labrada en su hacienda y obraje nombrada Santa Cruz de Carabamba, trasladada desde allí hasta Trujillo, por la cuesta de Tayal por las recuas de mulas del minero de Salpo don Manuel Antonio Chopitea Villalobos. Esta fue la única fuente pública de abastecimiento de agua para beber que trujillo tuvo en el centro de su plaza mayor.



 

 Plaza mayor de Trujillo con la fuente en el centro, año 1900


El doctor don Pedro de Madalengoitia y Sanz de Zárate, falleció en la ciudad de Trujillo el 24 de junio de 1851. Diez años después de instalada la bella pila de mámol de Carabamba, por su mal estado y para evitar su total deterioro, el cabildo pidió se destinen 4,000 pesos de los fondos del Estado, a su reparación, consistente en la planificación de la cañería para conducir el agua desde El Recreo, pidiéndose al Supremo Gobierno una verja de fierro de 125 varas, necesaria para su ornato y más segura conservación, cuyo lamentable estado exigía la atención del municipio.

La reparación de la pila y su cañería fue dirigida por el ingeniero de Estado don Alfonso Montferrier, encontrándose el 17 de enero de 1862, la cañería expedita hasta la esquina del pilancón de la plaza mayor, y el 03 de febrero de ese mismo año se informó en el cabildo que "la fuente de la plaza mayor estaba expedita y el agua corriendo en ella , desde el primero de ese mes"

Cuatro años más tarde , el cabildo acordó otorgar licencias mediante contratos para hacer uso del agua de la cañería principal de fierro que pasaba por la calle El Progreso a abastecer al pilancón y fuente de la plaza mayor, contratos que legalizaron las instalaciones de servicio de agua a domicilio, siendo las casas de esta calle principal las primeras que obtuvieron este servicio, pagando 24 soles anuales. Se utilizó para las instalaciones un tubo conductor de pulgada y media de diámetro, con la condición de no ser aguas corridas, sino controladas mediante llave.






La calle El Progreso, hoy Francisco Pizarro


En 1867 se iluminó la pila de la plaza mayor con ocho pescantes con sus respectivos faroles y se instaló una verja de fierro para protegerla.

Ese mismo año la prefectuta dispuso que el pilancón de la esquina de la plaza de Aranda se coloque un poco separado, una o dos pulgadas de la pared. Este pilancón y la pila central de la plaza de abastos instalados por esos años, se surtían de la cañería principal de la fuente de la plaza mayor de la ciudad.







Las primeras instalaciones de servicio de agua a domicilio funcionaron en forma interrumpida hasta el año de 1880 en que la mayoría de los usuarios pidieron la rescisión de los contratos, cortando estas cañerías particulares a costa de los interesados, debido a los inconvenientes ocasionados por la continua falta de agua, elevados gastos en reparar las cañerias por lo sucia que era el agua que corria por ellas, proveniente de la acequia Mochica, y porque casi nunca corría agua por la cañería principal, debido a la falta de presión por permanecer abiertos tanto el pilancón como el caño de la fuente principal de la plaza mayor. Situación que generó un doble gasto a los usuarios que pagaban una pensión anual al munucipio y compraban agua a los aguadores.

La fuente de la plaza mayor o pila de la plaza mayor, como también se la conoció, fue retirada en 1925 a la plazuela del recreo, y en su lugar se colocó el monumento a La Libertad.






La plazuela del recreo luciendo la fuente de la plaza mayor, 1931