miércoles, 3 de septiembre de 2008

Carlos Camino Calderón, Tradiciones de Trujillo







Carlos Camino Calderón
(Lima, 1884 - Trujillo, 1956).



Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Nadie mejor que un tradicionista trujillano como Santiago Vallejo para presentar la obra de Carlos Camino Calderón, con las palabras prologales que en mayo de 1948 escribió para las “Tradiciones de Trujillo” que el limeño Camino presento por esos años: 

“Carlos Camino Calderón tan diligente en sus empeños literarios, tan capaz para añadir belleza y gracia a lo que produce, trae en sus “Tradiciones de Trujillo” el anhelo de hacer más conocida la tierra que fue tan amable a Pizarro y Almagro, a Estete y a Diego de Mora. Tierra noble de tantos abolengos, de tantas consejas y hazañas que si no fuera porque es la tierra mía, yo diría de ella cosas que me acarrearían también el mote de quijoteril sujeto, endiosador de lo suyo y denostador de lo ajeno. Y a fe que si Carlos Camino Calderón ha salido tan airoso en sus relatos que sabe fijar con pródiga soltura, yo diría que el pantorrilludo es él y, por más añadir, el quijote y el trujillanísimo realizador de lo que otros trujillanos no hicieron”.

Las Obras escritas y publicadas por Carlos Camino Calderón.


Ildefonso, relato histórico (1924)

La cruz de Santiago, novela histórica (1925)

Anecdotario de los libertadores (1940)

El daño, novela (1942)

La ilusión de Oriente, novela (1943)

Tradiciones de Trujillo, primera serie (1943)

Tradiciones de Trujillo, segunda serie (1944)

Tradiciones de Piura (1944)

Diccionario Folklórico del Perú (1945)

Mi molino (1947)

Cuentos de la costa (1954)

Los días de Huamachuco, recuerdos del Libertador (1956)


De tan largo bagaje se ha escogido las “Tradiciones de Trujillo” que Carlos Camino Calderón, publicó en la Compañía de Impresiones y Publicidad, en el año 1948.

De las numerosas tradiciones trujillanas que comprende esta obra, la más representativa del espíritu trujillano es la que se ha escogido y a continuación se expone como nuestra de su ingenio:


La Pantorrilla


Eso de mangonear en asuntos de Trujillo exige comenzar por el principio. Y en este caso, el principio consiste en explicar porque – y desde cuando – la pantorrilla trujillana es sinónimo de orgullo.

En octubre de 1802, Carlos IV concedió al Perú la gracia de cuatro títulos de Castilla, para solemnizar el enlace de su hijo don Fernando de Borbón con la princesa doña María Teresa de Nápoles.

De acuerdo con la Real Orden, el Virrey del Perú debía elevar a la Corte los cuaternos que formaran los Cabildos peruanos. Para postular un título, se debía probar que el postulante era hijodalgo, que no estaba deslustrado por matrimonio desigual, caso de ser casado; que sus servicios o los de sus antepasados eran meritorios, y que poseía mayorazgo, o renta, para mantener decorosamente el rango nobiliario.

Como era natural rompió la marcha el Cabildo de Lima eligiendo, el 23 de julio de 1805 el siguiente personal:

Don Ignacio Orué Mirones, regidor y ex – alcalde, casado con doña Teresa Álvarez de Ron y Zuñiga.


Don Francisco Árias de Saavedra Santa Cruz, regidor y ex – alcalde, casado con doña Petronila Bravo de Lagunas y Zavala.

Don Tomás Muñoz y Jiménez de Lobatón, Coronel, caballero de Alcántara, regidor y ex – alcalde, casado con doña Carmen Bravo de Castilla.

Don Miguel Bravo del Rivero y Zavala, caballero de Santiago, regidor, casado con doña Josefa de Aliaga y Borda.

El 08 de noviembre de ese mismo año de 1805, el Cabildo de Arequipa formó su cuaterno:

Don Manuel Flores del Campo, Alférez Real, alcalde ordinario y aguas y Síndico. 

Don José Ramírez Zegarra, regidor, 5 veces alcalde ordinario y de aguas, y 6 veces Síndico y asesor del Cabildo, y Justicia Mayor de la Provincia. 

Don Fransico José del Rivero y Benavente, 4 veces alcalde, 6 veces Síndico, Diputado a Cortes, y antiguo capitán de Granaderos. 

¡Los limeños de quedaron patidifusos! Aquello de 6 veces esto, y cinco veces lo de más allá; y aquello de Alférez Real, Justicia Mayor etc. etc., era decisivo. ¡Que sería cuando se presentaran en cancha los trujillanos, los hijos de la ciudad que en su escudo de armas luce metal sobre metal, prerrogativa que no tiene ninguna otra ciudad, inclusive Lima!......... 

Una mañana, el Virrey Avilés recibió la postulación hecha por el Cabildo de Trujillo el 26 de octubre. En primer lugar los postulantes no eran 4 sino 6. Y en segundo lugar, eran lo que por el norte se llama “de mamey sin pepa”.

La lista la componían los siguientes personajes: 

Don Fermín de Matos y Risco, soltero, rico hacendado. 

Don Miguel Jerónimo de Tinoco y Merino, regidor y mayorazgo de Faralá. 

Don Mariano Vásquez de Ganoza y Cañas, ex – alcalde, ex – Corregidor de Huamachuco, casado con doña Mariana de Orbegoso y Moncada. 

Don Gaspar de la Vega y Solís, ex – alcalde, regidor, casado con doña Josefa del Risco y Estrada. 

Don Mariano de Cáceda y Bracamonte, regidor, Fiel Ejecutor de la ciudad. 

Don Francisco del Corral, opulento hacendado de “Santa Clara”…….. 


Dicen las viejas chismosas, que los limeños hicieron mucha fuerza de vela para averiguar porqué en lugar de 4 postulantes, el Cabildo de Trujillo presentó 6. Y al fin salieron con su gusto: 4 de aquellos postulantes, habían sido presentados atendiendo a los mil merecimientos que poseían. En cuanto a los otros dos, habían sido presentados porque eran propietarios de las mejores pantorrillas que existían en Trujillo. 

En esa época de calzón corto, la buena pantorrilla era el mayor timbre de orgullo……



Carlos Camino Calderón