domingo, 7 de septiembre de 2008

Martínez Compañón en el Perú, sus estudios sobre la Flora











Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Los cronistas españoles admiraron la variedad florística del Perú, anotándola en sus crónicas. Cieza, Gomara, Zárate, Pedro Pizarro, Calancha, Gracilazo, León de Pienio, Polo de Ondegardo, Arriaga; destacándose el padre José Acosta que en su “Historia Moral y Natural de la Indias” consigna una enumeración descriptiva cuidadosa de la gran variedad de plantas del Perú. La ciencia ha inmortalizado su nombre en una rara planta de las montañas de Huanuco: la Acosta Aculata.

Mención justa para esta época, sobre flora del Perú merece el soldado español Pedro de Osma, que en 1568 hizo un valioso estudio de varias plantas indígenas del país.

Entre 1604 a 1610 fue escrita una Historia de Trujillo del Perú, la que en forma incompleta corre en el legajo de manuscritos diversos de la Biblioteca Nacional con el código Nº 136, atribuida a Carlos Marcelo Corni, posiblemente escrita antes de consagrarse obispo de Trujillo, en la que hace un extenso estudio de la flora de Trujillo, dedicando cuatro capítulos a su descripción, agrupándola en: Árboles frutíferos de la tierra; granos y semillas; Yerbas y plantas salutíferas; Raíces; Gomas y Yerbas de teñir. 

A principio del siglo XVIII el sabio francés Luís Feulliee, sirviéndose de avanzados métodos científicos estudió una gran variedad de plantas de nuestra costa, estudio que fue continuado por otro botánico galo M. Frezier . El nombre de Feulliee se ha inmortalizado en la Feullea heredacea y en la Bacaris feullie.

Los académicos españoles don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa, integrantes de la Expedición Geodésica de Godín, Bouguer y la Condamine, 1735 – 1744, aportaron datos valiosos sobre la flora del Perú, especialmente don Antonio de Ulloa que laboró con el naturalista José Jussieu y con el dibujante Morainville.


Nuevas Corrientes

Reinando Carlos Tercero en España, la élite de intelectuales ibéricos fue reciamente influenciada los la nuevas corrientes filosóficas, económicas, y científicas francesas e italianas. Ilustración que fue liderada por el mismo monarca, por lo que con justicia se le proclamó Protector de las Ciencias Naturales.










Carlos III de España







El reformista Borbón se propuso tener una idea precisa de los recursos naturales de sus colonias, y por Cédula Real dispuso que las autoridades civiles y eclesiásticas de sus dominios recopilen ejemplares de los tres reinos de la naturaleza y los remitan al Gabinete de Ciencias Naturales de Madrid. Copia de la Cédula Real fue recibida en Lima por don Pedro Ureta, secretario del virreinato, el 29 de octubre de 1776.

El obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda envió en 1788 una variada y valiosa colección de cerámica, la que pasó después al Museo de América de Madrid.

El Rey nombró director del Museo Natural de Madrid al eminente naturalista peruano Francisco Dávila, enviando posteriormente misiones científicas a México, Nueva Granada y Perú.

La expedición enviada al Perú, 1778 – 1788, estuvo formada por los sabios españoles Hipólito Ruiz y José Pavón, eminentes botánicos, así como por José Dombey, enviado por el Rey de Francia; científicos que utilizaron una planta de calificados dibujantes como José Brúñete, Isidro Gálvez, Agustín Manzanilla, José Rivera, Francisco Pulgar, Juan Tafalla, botánico y dibujante.

La expedición trabajó durante diez años y utilizó por primera vez en América los métodos de la taxonomía expuestos por Linneo en su obra Sistema Natural.

La flora del Perú fue explorada en un geosistema de corte transversal que comprendió Callao, Lima, Tarma y Huánuco y los nombres de los científicos han sido dados a los géneros de plantas Ruizia, Pavonea y Tafalla. 

El mismo monarca Carlos III envió otra expedición para estudiar los Reinos Florísticos del Perú, Bolivia y Chile integrada por los naturalistas Luís Nees, Antonio Pineda y por el sabio alemán Tadeo Haenke, la que desembarcó en 1790 en el Callao, a bordo de la corbeta “Descubierta”, capitaneada por Alejandro Malaspina. El trabajo fue fructífero, especialmente el de Tadeo Haenke, quien se quedó en el virreinato de Lima muriendo en 1817 en Cochabamba, Bolivia. Un gran número de plantas llevan su nombre como la Haenkea multiflora, la Aspidium haenkei, la Pteris haenkeana, etc.


Trabajos Realizados

De esta síntesis de los trabajos realizados en el estudio de la flora peruana, tiene sitial estelar el trabajo de Humboldt y Bompland de principios del siglo XIX, quienes estudiaron 4,600 especies de las que 3,000 eran totalmente desconocidas para la ciencia.

Las corrientes filosóficas, económicas y científicas del siglo XVII, unidas al sugerente nacionalismo, pugnaron por forjar un Perú con personalidad propia y con inconfundible identificación que lo distinguiera de la metrópoli.

Para nuestra región y para la época cabe mencionar los trabajos de Cosme Bueno, del padre González Laguna, de Carlos Marcelo Corni y de Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda que pusieron de relieve el potencial de recursos naturales en los que deberían fincarse el futuro desarrollo del Perú como Estado.





Baltazar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, Obispo de Trujillo del Perú



El estudio de la flora del Perú realizado por el obispo de Trujillo Martínez Compañón a fines del siglo XVIII fue un trabajo sin precedentes que abarcó una región tan dilatada como fue el Obispado de Trujillo que se extendía ocupando las dos terceras partes del virreinato de Lima, superando en extensión y en riqueza florística al trabajo de Ruiz y Pavón.

Jesús Domínguez Bordona en su obra “Trujillo del Perú a través del siglo XVIII, Dibujos y Acuarelas”, que mandó hacer el obispo Martínez Compañón editada en 1936 en Madrid, divulgó el contenido de la obra del prelado, compiladas en nueve tomos de los que tres están dedicados a la flora del Obispado. Es decir se registró la flora de las dos terceras partes del virreinato de Lima en 489 láminas.


Dibujantes Calificados

El obispo se sirvió de dibujantes calificados, que indudablemente tuvieron formación previa en el campo científico – pedagógico y en las artes plásticas; tal se infiere de la precisión, limpieza y estilo de los dibujos de raíces, tallos, hojas, flores, frutos y de la fauna entomológica vegetal; lo que decididamente suple a la descripción escrita de cada planta. No puede descartarse que el prelado utilizó dibujantes de la escuela dejada por los artistas de Ruiz y Pavón o quizá utilizó alguno (s) de ellos que se quedaron en el país, como Juan Tafalla, José Brúnette, Francisco Pulgar, José Rivera y Agustín Manzanilla.

Martínez Compañón fue trasladado en 1791 al Arzobispado de Santa Fe de Bogota, donde su acendrado humanismo y su inquietud científica lo llevaron a trabajar como colaborador del sabio sacerdote, médico, botánico y astrónomo español Celestino Mutis, protegido de Carlos III, al que Humbolt llamara “el Linneo de Sudamérica”.

La expedición Ruiz y Pavón conoció el trabajo de Martínez Compañón, así como conoció los trabajos realizados por Cosme Bueno, Gabriel Moreno e Hipólito Unanue y, en la Flora Peruviana Chilense, que sintetiza el trabajo de los académicos, encontramos los nombres de los sabios mencionados perennizados en géneros de plantas como la Cosme buena, la Morenia, la Unanuea y la Martinezia r.