martes, 9 de septiembre de 2008

Real Cédula de Fundación del Convento de Religiosas Carmelitas de Trujillo








Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas




Real Cédula en que consta la licencia para fundar en esta ciudad el Convento de Religiosas Carmelitas, su fecha en Valsayn a veynte y ocho de junio de un mil y setecientos y veynte y dos. Está por duplicado.


   Por cuanto en la ciudad de Trujillo del Perú, se ha justificado (ilegible) de las poblaciones de aquella jurisdicción, sin que en toda ésta haya más que un convento de religiosas de Santa Clara, siendo tan abundante de mujeres que se quedan muchas sin tomar estado, ni tener el recurso de seguir el de religiosas que muchas tienen vocación, por no tener convento en que serlo: ponderando seguir inconvenientes de su falta resultan, y las muchas consecuencias que se siguen, por cuyas justas reflexiones y accediendo al reverendo obispo que fue de aquella diócesis don fray Juan de la Calle, a que no se privasen de consagrase a Dios y (ilegible) las que deseaban tomar perfecto estado. Aplico venyte mil pesos para que en dicha ciudad se funde un convento de carmelitas descalzas, con las reglas de Santa Teresa y el título de vocación de Nuestra Señora del Carmen y San José, a cuya imitación y contemplando las utilidades de su ejecución y consuelo universal de aquellas familias, han contribuido otras muchas personas con diferentes proporciones, de suerte que el caudal que hoy existe para esta fundación, es más de setenta y nueve mil pesos en reales, con otras muchas alhajas y adornos de vasos sagrados y ricos ornamentos para el culto divino; suplicando se le conceda licencia par dicha fundación, con el número de veynte y una religiosas y debajo de las expresadas reglas y título, admitiéndole debajo de mi real patronato y dándose las ordenes convenientes para que pasen a esta fundación religiosas del convento de carmelitas de la Tacunga de Quito, donde hay diferentes alhajas e imágenes pertenecientes al que se ha de fundar en esta ciudad de Trujillo, cuya disposición es arreglada a la que dejó el expresado obispo fray Juan de la Calle, para su fundación. 

Visto en mi consejo de las indias, con lo que dijo mi fiscal y consultándome sobre ello y atendiendo también a las presentaciones que por el reverendo obispo de dicha ciudad de Trujillo, Cabildo Eclesiástico de ella y Real Audiencia de Lima, se me han hecho en orden a lo mucho que conviene hacer esta fundación y a la grande utilidad que de ella resultará al servicio de Dios y bien universal de aquella república y a las demás justas y piadosas reflexiones que concurren para que tenga efecto, he resuelto conceder ( como en virtud de la presente concedo ) a la referida ciudad de Trujillo, la licencia que solicita para la fundación de un convento de religiosas carmelitas descalzas, con el título y vocación de Nuestra Señora del Carmen y Señor San José , en que puedan entrar y existir hasta número de veynte y una religiosas y vivir bajo de las reglas y constitución de inscritos de Santa Teresa, admitiéndole ( como desde luego le admito ), debajo de mi protección y Patronato Real. 

Por tanto mando al virrey del Perú, Presidente y oidores de mi Real Audiencia de Lima, al corregidor de la ciudad de Trujillo y a todos los demás gobernadores y justicias mías, y ruego y encargo al reverendo obispo de la referida ciudad de Trujillo, que cada uno en la parte que respectivamente le tocare, guarden y cumplan precisamente lo que viene expresado sin que se experimente falta ni omisión alguna, dando el auxilio y ordenes que fueren convenientes a su preciso cumplimiento, a cuyo fin el reverendo obispo de Trujillo, dispondrá pasen a esta fundación religiosas del convento de carmelitas de la Tacunga de Quito, con cuyo reverendo obispo pasará aquellos oficios que convengan para el más efectivo logro de este santo fin, pues por despacho de esta fecha de ésta, se le previene de esta resolución para que en lo que estuviere de su parte concurra a su más precisa obediencia; sin que con ningún pretexto se embarase su ejecución y cumplimiento, que así es mi voluntad. 

Y respecto de no estimarse este género de licencias por merced ni facultad, ni ser otra cosa que un mero permiso Real para fundación mera eclesiástica, declaro que no debe cosa alguna al derecho de la media anata, dada en Valsayn a veynte y ocho de junio de mil y setecientos y veynte y dos. [ Yo el Rey ]


Un Coliseo de Gallos en Trujillo, afines del siglo XVIII









por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


En la colección de manuscritos relacionados a América hispana, existente en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, hay un conjunto de láminas de características únicas, compendiadas en nueve volúmenes, llamadas “Trujillo del Perú en el siglo XVIII”, excepcional crónica gráfica que el obispo de Trujillo, Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda hizo de las poblaciones y lugares comprendidas en su visita pastoral a la inmensa Diócesis de Trujillo, que gobernó desde 1779 hasta 1789.

En el segundo tomo de tan importante obra existe una lámina de singular valor documental para el estudio de una de nuestras costumbres populares y es la referente al primer coliseo de gallos de Trujillo, existente al finalizar el siglo de las luces.

La lámina dibujada a pluma con tinta negra e iluminada a la acuarela en diversos y llamativos colores, es un documento gráfico de gran valor informativo, que muestra claramente la arquitectura del edificio destinado a la riña de gallos, los personajes que conformaron la afición y establecieron orden, luciendo vistosos trajes de la época y de marcada influencia francesa, y la calidad de los gallos, actores principales: un giro y un ají seco en dramática lidia de navaja, son el foco de la valiosa lámina.

En el coliseo o casa de gallos como también se la llamó, ocupa la parte central una cancha o arena abierta, de forma circular, guarnecida por un muro de cal y ladrillo, con dos puertas de entrada a ella, diametralmente opuestas.

Al fondo, en la parte alta, se observa una tribuna de honor, con dos asientos destinados al juez de lidia y a su asesor, un personaje circunstancial, el asentista del coliseo, aparece con un zurrón en la mano. El juez está ejerciendo autoridad desde una mesa antigua ya para esa época, sobre la que descansan la campanilla para marcar los momentos de la lidia, llamar a orden y dictar indiscutible sentencia, y los pesos de a acho reales que conforman la apuesta. Seis gradas sirven de subida a la tribuna de honor que se halla protegida, al igual que todo el graderío de asientos para el público, por un techo sostenido por columnas de madera.

Entre el parapeto de la cancha y el graderío de asientos hay un espacio ocupado por galleros y apostadores de cierta categoría. Los únicos personajes que aparecen dentro de la cancha son los careadores. También se ve la puerta que da paso a las galleras.

La lámina está registrada con el número 128, perteneciente al segundo tomo dedicado a costumbres de Trujillo y muestra claramente un coliseo de cancha abierta, guarnecido por un techo poligonal destinado a proteger de los rayos del sol al público, más no así a la cancha que debería ganar la mayor iluminación, ya que las jugadas de gallos duraban hasta el toque de oración: 6 p.m.

El primer coliseo de gallos que tuvo Trujillo estuvo ubicado en la esquina formada por las actuales calles de Junín y Zepita, a una cuadra de la iglesia del convento de Santa Clara, y a la cuadra donde estuvo el edificio se la conoció como a “La Calle de la Gallera”.

La crecida afición y la presencia de una casa estable para el juego de gallos, y el reglón económico que este Ramo significó para las Cajas Reales establecidas en Trujillo, motivaron a que esta costumbre tan popular fuera graficada en la obra de Martínez Compañón.

No sucedió así con la lidia de toros, sin embargo de contar por aquellos tiempos con una Plaza Firme de Toros, la cual estuvo ubicada en la manzana frontera a la parroquia de Santa Ana, y dentro de ésta , hacia la esquina de las actuales calles de Almagro y Zepita. La escasez de ganado de lidia y toreros hicieron de esta fiesta algo no común y sólo se celebraron en grandes ocasiones. Martínez Compañón dedicó también una lámina a la fiesta de los toros. La riña de gallos fue más frecuentemente practicada por todos los estratos sociales de la época.




lunes, 8 de septiembre de 2008

El Palacio de Iturregui en la opinión de tres Ilustres Visitantes








Por

Miguel Adolfo Vega Cárdenas


El Palacio de Ituregui es la edificación de carácter civil más importante del siglo XIX, realizada en la ciudad de Trujillo del Perú por el prócer de la emancipación peruana don Juan Manuel de Iturregui y Aguilarte, acaudalado comerciante lambayecano que se estableció en Trujillo en 1834, al contraer matrimonio con la dama trujillana doña Manuela González Sáenz de Tejada y Martínez de Pinillos.

El 01 de mayo de 1841, el entonces coronel Iturregui compró la antigua casa de los marqueses de Bellavista, solar de esquina donde edificó su magnífica mansión destinada a albergar a su nueva familia.

Iturregui comenzó de inmediato la edificación de su nueva casa, hecho histórico que queda claramente demostrado al leer el diario de un ilustre visitante de Trujillo, llamado Herinrich Witt, quien a su paso por nuestra ciudad apuntó lo siguiente, el día 06 de mayo de 1842:

“Hice compras y varias visitas preparándome para mi partida mientras estaba donde Iturregui, él me enseñó la nueva casa que estaba construyendo, en mi opinión muy grande y espléndida para Trujillo”.

Witt la consideró grande y espléndida es decir que la vio en estado de edificación bastante avanzado, con algunos acabados y seguramente muy próxima ya a su inauguración.

Sin lugar a duda Iturregui trajo de Inglaterra y Francia la idea de su nueva casa, la que en su aspecto exterior dista mucho de la tradicional casa trujillana de un solo piso. El diseño de planta sigue las líneas principales de la arquitectura de nuestras casas. El zaguán, sus dos amplios patios y un tercer patio que ocupa parte de la antigua huerta de la casa de los marqueses de Bellavista.

La casa prontamente terminada llama la atención de quienes visitaron nuestra ciudad, llamándola siempre palacio.

En 1862 don Mateo Paz Soldán al describir la ciudad, refirió:

“La construcción es de adobe y los techos de madera con una torta de barro endurecido. La plaza en cuadrada. Entre los edificios particulares no debemos pasar en silencio la casa del General Iturregui que es una de las mejores de toda Sudamérica. Es un verdadero palacio”.

De la reacción que produjo en sus contemporáneos el palacio de Iturregui, da fe la relación que de su visita hace el investigador y viajero norteamericano George Squier en 1873:

“Encontramos su residencia, en la que también estaban las oficinas de la prefectura, sobre la calle Del Comercio, en el corazón mismo de la ciudad, un vasto edificio de dos altos pisos, que dominaba a todas las demás casas de la ciudad. Es de estilo moderno muy ornado y está construido alrededor de un patio central, con corredores sostenidos por columnas en cada piso. Al final del patio de ha omitido el segundo piso y ocupa su lugar una columnata. Su finalidad consiste en brindar mejor ventilación. Aunque por necesidad ha sido edificado en su mayor parte con los materiales ordinarios de construcción del país, éstos han sido empleados con el máximo cuidado y se los ha estucado y pintado al fresco e imitación del mármol. En conjunto visto desde el exterior o desde el patio constituye un edificio imponente, y su interior, por su disposición, decoración, arquitectura y mobiliario, armoniza con su exterior suntuoso y justifica probablemente, la distinción que generalmente se le confiere de ser la mejor residencia privada de Sudamérica. En su construcción y adorno no se escatimó nada que el dinero pudiera comprar, Se trajeron obreros y artistas de Italia y Francia y el mobiliario fue confeccionado expresamente para ella en París”.

A las versiones de los tres ilustres visitantes justo es agregar la de don José Eulogio Garrido, dada en 1948:

“La casa trasunta evidentemente el espíritu de gran señor que alentaba a don Juan Manuel de Iturregui y Aguijarte, que quiso, supo y pudo edificar para vivir una casa amplia, bellísima, suntuosa, aprovechando con inteligente dispendio esos tesoros en que es tan rica y desbordante la atmósfera de Trujillo: el aire y la luz”.




Aquí encontrará maravillosas fotos actuales a color del Palacio.

http://images.google.com.pe/imgres?imgurl=http://img292.imageshack.us/img292/2474/dsc02052cq0.jpg&imgrefurl=http://www.skyscrapercity.com/showthread.php%3Ft%3D562688&h=640&w=480&sz=98&hl=es&start=5&usg=__7-RG4bJgAM_sFL0SfmdncwLB-8M=&tbnid=EFIqEEjolV3m9M:&tbnh=137&tbnw=103&prev=/images%3Fq%3Del%2Bpalacio%2Bde%2Biturregui%26gbv%3D2%26hl%3Des%26sa%3DG



El Primer Banco de Trujillo








La casa que ocupó El Banco de Trujillo




Publicado en LA INDUSTRIA DE TRUJILLO el 08 de noviembre de 1990.


Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas



El Banco de Trujillo, fundado en 1871, fue el primero que tuvo nuestra ciudad y funcionó en parte de una importante casa trujillana perteneciente por ese año a don Eugenio Loyer, ciudadano inglés casado con la dama trujillana doña Ana Manuela Hoyle y Moreno.


La Casa Loyer

La casa está ubicada en la esquina formada por las actuales calle de Independencia y Gamarra, a sólo una cuadra de distancia de la plaza mayor, su portada principal se abre y mira a la plazuela de San Francisco y los viejos trujillanos la recuerdan como a la casa de la Caja de Depósitos y Consignaciones o como a la del Banco de la Nación que funcionó allí hasta hace algunos años.

La casa Loyer forma parte del complejo arquitectónico de San Francisco y define uno de los ambientes públicos más bellos y tradicionales de la ciudad. Su amplia fachada de esquina está coronada por el balcón republicano de esquina, el más largo de la ciudad, que la califican como monumento singular dentro de la arquitectura civil trujillana. 


El Solar

A mediados del siglo XVII la casa y solar existentes, perteneció al licenciado Pedro de Alvarado y Angulo, ocupando todo el solar comprendido entre las actuales calles de Independencia, Gamarra y Pizarro, manteniendo hasta ese entonces sus dimensiones fundacionales. En la actualidad la parte que correspondió a la huerta y corral de la casa, esta ocupada por la casa González Rosell, la de la Industria y continuando hacia la esquina el edificio de Interbanc.

En 1866 fue adquirida por don Eugenio Loyer con su área ya reducida, y según el documento de venta sus nuevos linderos eran: “Por su costado derecho entrando a dicha casa, linda con la calle antiguamente de plateros y hoy Gamarra; por la izquierda con la casa que fue del finado señor canónigo José Mercedes Vigo; por sus espaldas con la del señor doctor don Pío Vicente Rosell y su frente da a la plaza de San Francisco”, linderos que hasta el presente conserva la casa. El valor de la venta fue de 23,000 pesos.


Los Primeros Accionistas

El 02 de noviembre de 1870, a las siete de la noche, se realizó en esta casa la Sesión Preparatoria de la Junta de Accionistas de un proyectado banco que llevaría el nombre de “Banco de Trujillo”, a la que asistieron “ el doctor don Pío Vicente Rosell, por sí y por los señores Rosell y Pinillos; Felipe Nery Ganoza, por sí y por el señor Juan Esteban Ganoza; Eugenio Loyer, por sí y por su señora Ana Hoyle de Loyer; Valdivia Cox y Compañía, Fernando Ganoza, Juan Esteban Ríos representado por el señor Juan Manuel Antonio Chopitea, Juan Manuel Valle y don Carlos González; Máximo Pinillos, por sí y la señora Josefa Moreno de Hoyle; Benjamín Tafur; José Santiago Martin; Guillermo Eloy Orbegoso, por sí y en representación de la señora Francisca M. de González y el señor José María de la Puente; Joaquín Saavedra; señores Acharán Goicochea y Cía.; don José Goicochea y O’Donovan Cisneros y Cía., representados por el señor don Julio Pinillos”, todos accionistas del proyectado banco. Después de aprobar el acta de la sesión anterior, Guillermo Eloy Orbegoso presentó una moción escrita compuesta de ocho puntos, con objeto de abreviar los trámites precedentes a su instalación, considerando se nombrase una comisión “para que se encargase de la impresión de los billetes, bien sea que ésta se hiciere en Lima o Estados Unidos (como la comisión lo juzgase más conveniente y exenta de falsificación”, asimismo se encargaría de la consecución y apresto del local así como de los depósitos para el caudal, muebles y demás útiles de escritorio. También se encargó la elaboración de Estatutos y Reglamento. 

El local elegido para el funcionamiento del “Banco de Trujillo” fue parte de la casa Loyer, compuesto de tres piezas en los bajos y cinco pequeños departamentos en los altos, parte de la casa que daba a la calle de Plateros, hoy cuarta cuadra de la calle Gamarra. Don Eugenio se comprometió notarialmente a cederla en alquiler, bajo las condiciones siguientes: 

El local debería tener una bóveda subterránea de cuatro varas de largo, tres de ancho y dos tercias varas de alto, con paredes de cal y canto y puerta de fierro, con dos cajas de fierro; la entrada principal hacia Plateros debería ser a la misma altura de las ventanas y llevaría dos puertas, la exterior de reja de fierro de una pulgada de diámetro y la interior de madera; todo el establecimiento y cuarto de portero serían entablados; el local tendría tres ventanas voladas a la calle, con reja de fierro de una pulgada de diámetro; el cuarto de los gerentes llevaría una puerta mampara; cada oficina llevaría su respectivo rótulo de bronce y afuera el nombre del Banco también sobre bronce; los altos tendrían sus escaleras y salida independiente a la calle de Plateros; toda la vereda llevaría losa inglesa (piedra importada). 

Los muebles a confeccionarse fueron: 

En la bóveda dos cajas de fierro; en el cuarto de los gerentes dos escritorios, dos sillas, prensa, caja de fierro, estante y lavador; en la sala del público su mostrador de contabilidad, tres escritorios y una caja de fierro; en el cuarto del tenedor un escritorio grande, sus bancas, prensa, estante y lavatorio. Toda la madera a utilizarse cedro charolado a esponja. El alquiler pactado fue de 120 pesos al mes y el contrato con una duración de diez años forzosos para ambas partes. 

La fachada que lucio el “Banco de Trujillo”, con ligeros cambios se conserva hasta el presente, con su portada principal hacia la calle de Gamarra. 

El 26 de marzo de 1871, los miembros del directorio provisional del “Banco de Trujillo”, conformado por los señores doctor Pío Vicente Rosell, doctor don Felipe Nery Ganoza, don Guillermo Eloy Orbegoso, don Vicente Gutiérrez, don Cecilio Cox y don José Goicochea, se constituyeron ante el notario público Mateo Ortega, para elevar a escritura pública la fundación de la primera entidad bancaria de la ciudad, que contó con un capital nominal de 500,000 soles y un capital suscrito hasta esa fecha de 305,000 soles. 

El “Banco de Trujillo” cristalizó todo el esfuerzo de los empresarios trujillanos dedicados a la agricultura, a la explotación de las minas y a la industria y comercio de esos años. 

El Dr. Bernardino Calonge y Ochaita y el señor José Goicochea fueron elegidos Gerentes del naciente “Banco de Trujillo” que desde su fundación emitió billetes impresos en la American Bank Note Company que circularon en casi todo el norte del país y de los emitidos en provincias fueron los de mayor difusión, debido a su convertibilidad y encaje. Los billetes llevan la firma del trujillano Bernandino Calonge y Ochaita y se conservan hasta hoy en colecciones numismáticas. 

A fines de 1800 y después de nueve años de funcionamiento, el “Banco de Trujillo” cerró sus puertas, como consecuencia de la incontrolable inflación y de la crisis económica derivada de la guerra con Chile. 






Las Láminas de Martínez Compañón que el Banco Continental obsequió a Trujillo







Por

Miguel Adolfo Vega Cárdenas



En 1984, en “El Comercio” de Lima, el Dr. Aurelio Miró Quezada dio la noticia del singular remate en Nueva York de un importante lote de pinturas y esculturas latinoamericanas que realizaría la prestigiosa Casa Sotheby´s, Parke Bement a Inc., lote dentro del cual se hallaba una colección de 120 aguadas de un pintor anónimo peruano que trabajó bajo el impulso científico del célebre obispo de Trujillo, Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda.

Fue una noticia verdaderamente inesperada, pues no se conocía más de esa serie que las que forman los valiosos nueve tomos conservados en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid. Como bien se sabe esta colección es el documento gráfico más preciado para reconstruir la poco conocida vida virreinal del norte peruano de fines del siglo XVIII.

La corona española encabezada por su ilustre monarca Carlos III, encargo que se le remitiera el mayor número de informaciones científicas sobre sus posesiones de ultramar, y en el Perú no pudo encontrar mejor encargado para ello que el obispo Martínez Compañón.

La subasta anunciada en Nueva York despertó una gran expectativa, abriéndose nuevas interrogantes en la investigación del quehacer del ilustre prelado español.

A raíz de una campaña iniciada para la recuperación de esa herencia cultural, varias instituciones de nuestro país unieron esfuerzos a fin de presentarse a la subasta y adquirir las láminas que se cotizaron en un precio base de 15,000 y 20,000 dólares cada serie.

El 29 de mayo de 1984, el Banco Continental, en actitud sin precedentes, acudió a la histórica subasta de Nueva York, adquiriendo la invalorable colección, para rendir homenaje de esta manera a la ciudad de Trujillo en el 450 aniversario de su fundación española. Los trujillanos quedamos agradecidos y admiramos las originales aguadas comprendidas en las dos series, adquiridas para nuestra ciudad; recuperando para el patrimonio peruano parte de la magistral crónica gráfica, y lo más aplaudido, el permitir que volvieran para siempre a nuestra ciudad. Así lo creímos y sentimos.

El Dr. Arturo Jiménez Borja dijo por entonces: “El Banco Continental ha realizado una gran obra de bien a favor de la cultura del Perú al rescatar estas láminas en una subasta en Nueva York. Es también obra patriótica y obra pedagógica.

Trujillo quedo muy agradecido del homenaje rendido a través de tan significativo obsequio, en sus 450 años de fundación. El Banco Continental representado por los miembros de su directorio honro por entonces a nuestra ciudad.

Lamentablemente las láminas, desde hace algunos años ya no están en Trujillo. Justo es referir y reconocer lo siguiente: El autor de estas páginas tuvo a cargo por algunos años, la asesoría cultural del Banco Continental y envió una muestra itinerante titulada “Trujillo del Perú”, que además de otras ciudades estuvo también en Lima. La nuestra contenía las dos series de láminas. Terminado su periplo la muestra volvió a Trujillo pero sin las láminas que por derecho histórico pertenecen a esta ciudad. En Lima las retuvieron, negándole a Trujillo un derecho que la misma Institución Bancaria le había otorgado en tan merecida forma.





domingo, 7 de septiembre de 2008

Martínez Compañón en el Perú, sus estudios sobre la Flora











Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Los cronistas españoles admiraron la variedad florística del Perú, anotándola en sus crónicas. Cieza, Gomara, Zárate, Pedro Pizarro, Calancha, Gracilazo, León de Pienio, Polo de Ondegardo, Arriaga; destacándose el padre José Acosta que en su “Historia Moral y Natural de la Indias” consigna una enumeración descriptiva cuidadosa de la gran variedad de plantas del Perú. La ciencia ha inmortalizado su nombre en una rara planta de las montañas de Huanuco: la Acosta Aculata.

Mención justa para esta época, sobre flora del Perú merece el soldado español Pedro de Osma, que en 1568 hizo un valioso estudio de varias plantas indígenas del país.

Entre 1604 a 1610 fue escrita una Historia de Trujillo del Perú, la que en forma incompleta corre en el legajo de manuscritos diversos de la Biblioteca Nacional con el código Nº 136, atribuida a Carlos Marcelo Corni, posiblemente escrita antes de consagrarse obispo de Trujillo, en la que hace un extenso estudio de la flora de Trujillo, dedicando cuatro capítulos a su descripción, agrupándola en: Árboles frutíferos de la tierra; granos y semillas; Yerbas y plantas salutíferas; Raíces; Gomas y Yerbas de teñir. 

A principio del siglo XVIII el sabio francés Luís Feulliee, sirviéndose de avanzados métodos científicos estudió una gran variedad de plantas de nuestra costa, estudio que fue continuado por otro botánico galo M. Frezier . El nombre de Feulliee se ha inmortalizado en la Feullea heredacea y en la Bacaris feullie.

Los académicos españoles don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa, integrantes de la Expedición Geodésica de Godín, Bouguer y la Condamine, 1735 – 1744, aportaron datos valiosos sobre la flora del Perú, especialmente don Antonio de Ulloa que laboró con el naturalista José Jussieu y con el dibujante Morainville.


Nuevas Corrientes

Reinando Carlos Tercero en España, la élite de intelectuales ibéricos fue reciamente influenciada los la nuevas corrientes filosóficas, económicas, y científicas francesas e italianas. Ilustración que fue liderada por el mismo monarca, por lo que con justicia se le proclamó Protector de las Ciencias Naturales.










Carlos III de España







El reformista Borbón se propuso tener una idea precisa de los recursos naturales de sus colonias, y por Cédula Real dispuso que las autoridades civiles y eclesiásticas de sus dominios recopilen ejemplares de los tres reinos de la naturaleza y los remitan al Gabinete de Ciencias Naturales de Madrid. Copia de la Cédula Real fue recibida en Lima por don Pedro Ureta, secretario del virreinato, el 29 de octubre de 1776.

El obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda envió en 1788 una variada y valiosa colección de cerámica, la que pasó después al Museo de América de Madrid.

El Rey nombró director del Museo Natural de Madrid al eminente naturalista peruano Francisco Dávila, enviando posteriormente misiones científicas a México, Nueva Granada y Perú.

La expedición enviada al Perú, 1778 – 1788, estuvo formada por los sabios españoles Hipólito Ruiz y José Pavón, eminentes botánicos, así como por José Dombey, enviado por el Rey de Francia; científicos que utilizaron una planta de calificados dibujantes como José Brúñete, Isidro Gálvez, Agustín Manzanilla, José Rivera, Francisco Pulgar, Juan Tafalla, botánico y dibujante.

La expedición trabajó durante diez años y utilizó por primera vez en América los métodos de la taxonomía expuestos por Linneo en su obra Sistema Natural.

La flora del Perú fue explorada en un geosistema de corte transversal que comprendió Callao, Lima, Tarma y Huánuco y los nombres de los científicos han sido dados a los géneros de plantas Ruizia, Pavonea y Tafalla. 

El mismo monarca Carlos III envió otra expedición para estudiar los Reinos Florísticos del Perú, Bolivia y Chile integrada por los naturalistas Luís Nees, Antonio Pineda y por el sabio alemán Tadeo Haenke, la que desembarcó en 1790 en el Callao, a bordo de la corbeta “Descubierta”, capitaneada por Alejandro Malaspina. El trabajo fue fructífero, especialmente el de Tadeo Haenke, quien se quedó en el virreinato de Lima muriendo en 1817 en Cochabamba, Bolivia. Un gran número de plantas llevan su nombre como la Haenkea multiflora, la Aspidium haenkei, la Pteris haenkeana, etc.


Trabajos Realizados

De esta síntesis de los trabajos realizados en el estudio de la flora peruana, tiene sitial estelar el trabajo de Humboldt y Bompland de principios del siglo XIX, quienes estudiaron 4,600 especies de las que 3,000 eran totalmente desconocidas para la ciencia.

Las corrientes filosóficas, económicas y científicas del siglo XVII, unidas al sugerente nacionalismo, pugnaron por forjar un Perú con personalidad propia y con inconfundible identificación que lo distinguiera de la metrópoli.

Para nuestra región y para la época cabe mencionar los trabajos de Cosme Bueno, del padre González Laguna, de Carlos Marcelo Corni y de Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda que pusieron de relieve el potencial de recursos naturales en los que deberían fincarse el futuro desarrollo del Perú como Estado.





Baltazar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, Obispo de Trujillo del Perú



El estudio de la flora del Perú realizado por el obispo de Trujillo Martínez Compañón a fines del siglo XVIII fue un trabajo sin precedentes que abarcó una región tan dilatada como fue el Obispado de Trujillo que se extendía ocupando las dos terceras partes del virreinato de Lima, superando en extensión y en riqueza florística al trabajo de Ruiz y Pavón.

Jesús Domínguez Bordona en su obra “Trujillo del Perú a través del siglo XVIII, Dibujos y Acuarelas”, que mandó hacer el obispo Martínez Compañón editada en 1936 en Madrid, divulgó el contenido de la obra del prelado, compiladas en nueve tomos de los que tres están dedicados a la flora del Obispado. Es decir se registró la flora de las dos terceras partes del virreinato de Lima en 489 láminas.


Dibujantes Calificados

El obispo se sirvió de dibujantes calificados, que indudablemente tuvieron formación previa en el campo científico – pedagógico y en las artes plásticas; tal se infiere de la precisión, limpieza y estilo de los dibujos de raíces, tallos, hojas, flores, frutos y de la fauna entomológica vegetal; lo que decididamente suple a la descripción escrita de cada planta. No puede descartarse que el prelado utilizó dibujantes de la escuela dejada por los artistas de Ruiz y Pavón o quizá utilizó alguno (s) de ellos que se quedaron en el país, como Juan Tafalla, José Brúnette, Francisco Pulgar, José Rivera y Agustín Manzanilla.

Martínez Compañón fue trasladado en 1791 al Arzobispado de Santa Fe de Bogota, donde su acendrado humanismo y su inquietud científica lo llevaron a trabajar como colaborador del sabio sacerdote, médico, botánico y astrónomo español Celestino Mutis, protegido de Carlos III, al que Humbolt llamara “el Linneo de Sudamérica”.

La expedición Ruiz y Pavón conoció el trabajo de Martínez Compañón, así como conoció los trabajos realizados por Cosme Bueno, Gabriel Moreno e Hipólito Unanue y, en la Flora Peruviana Chilense, que sintetiza el trabajo de los académicos, encontramos los nombres de los sabios mencionados perennizados en géneros de plantas como la Cosme buena, la Morenia, la Unanuea y la Martinezia r. 




miércoles, 3 de septiembre de 2008

Trujillo en el Arte de Rodolfo Stumpfle H.






Rodolfo Stumpfle H.








Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Poco es lo que se sabe de Rodolfo Stümpfle H. como persona y mucho lo que se conoce de su obra artística y gran admiración por nuestra ciudad, sus valles, restos arqueológicos y serrania liberteña.

La revista peruana "Fanal" del año 1965 da la siguiente información del artísta:

"Rodolfo Stumpfle H., nacido en Alemania, reside en el Perú hace 40 años, trabajando en varias empresas comerciales. Aficionado al cultivo de plantas y a la pintura, ha realizado exitosas exposiciones de sus acuarelas y recorrido muchas apartadas regiones del país investigando su flora. Ha publicado en revistas especializadas del extranjero, varios trabajos suyos, principalmente sobre orquideas, a cuyo cultivo y estudio se dedica actualmente. Es presidente de la Sociedad Peruana de Orquideas".

La familia Stumpfle vivia por la década del 50 del siglo pasado, en la Hacienda Casa Grande en donde el señor Stümpfle laboraba.

Su obra pictórica nos habla de un extranjero enamorado de nuestra ciudad y sus campos. Casas, templos, casas de hacienda y restos arqueólogicos han quedado plasmados en la obra de un personaje que se identificó con nuestra cultura. 

Las publicaciones de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, relacionadas con Trujillo, se valieron de sus magníficos trabajos para ilustrar tradiciones y articulos de prestigiosas revistas nacionales y extranjeras.

La obra que Stumpfle nos ha dejado a los trujillanos habla mucho del artista y de las calidades de nuestra ciudad :






 

La Plaza Mayor de Trujillo







El Antiguo Cabildo de Trujillo







La Casa de los marqueses de Herrera y Valle Hermoso 







Parroquia de San Lorenzo








La iglesia de Simbal







El Puerto de Nuestra Señora del Socorro de Huanchaco








Cachicadán








La Haciendita de Moche 












Carlos Camino Calderón, Tradiciones de Trujillo







Carlos Camino Calderón
(Lima, 1884 - Trujillo, 1956).



Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Nadie mejor que un tradicionista trujillano como Santiago Vallejo para presentar la obra de Carlos Camino Calderón, con las palabras prologales que en mayo de 1948 escribió para las “Tradiciones de Trujillo” que el limeño Camino presento por esos años: 

“Carlos Camino Calderón tan diligente en sus empeños literarios, tan capaz para añadir belleza y gracia a lo que produce, trae en sus “Tradiciones de Trujillo” el anhelo de hacer más conocida la tierra que fue tan amable a Pizarro y Almagro, a Estete y a Diego de Mora. Tierra noble de tantos abolengos, de tantas consejas y hazañas que si no fuera porque es la tierra mía, yo diría de ella cosas que me acarrearían también el mote de quijoteril sujeto, endiosador de lo suyo y denostador de lo ajeno. Y a fe que si Carlos Camino Calderón ha salido tan airoso en sus relatos que sabe fijar con pródiga soltura, yo diría que el pantorrilludo es él y, por más añadir, el quijote y el trujillanísimo realizador de lo que otros trujillanos no hicieron”.

Las Obras escritas y publicadas por Carlos Camino Calderón.


Ildefonso, relato histórico (1924)

La cruz de Santiago, novela histórica (1925)

Anecdotario de los libertadores (1940)

El daño, novela (1942)

La ilusión de Oriente, novela (1943)

Tradiciones de Trujillo, primera serie (1943)

Tradiciones de Trujillo, segunda serie (1944)

Tradiciones de Piura (1944)

Diccionario Folklórico del Perú (1945)

Mi molino (1947)

Cuentos de la costa (1954)

Los días de Huamachuco, recuerdos del Libertador (1956)


De tan largo bagaje se ha escogido las “Tradiciones de Trujillo” que Carlos Camino Calderón, publicó en la Compañía de Impresiones y Publicidad, en el año 1948.

De las numerosas tradiciones trujillanas que comprende esta obra, la más representativa del espíritu trujillano es la que se ha escogido y a continuación se expone como nuestra de su ingenio:


La Pantorrilla


Eso de mangonear en asuntos de Trujillo exige comenzar por el principio. Y en este caso, el principio consiste en explicar porque – y desde cuando – la pantorrilla trujillana es sinónimo de orgullo.

En octubre de 1802, Carlos IV concedió al Perú la gracia de cuatro títulos de Castilla, para solemnizar el enlace de su hijo don Fernando de Borbón con la princesa doña María Teresa de Nápoles.

De acuerdo con la Real Orden, el Virrey del Perú debía elevar a la Corte los cuaternos que formaran los Cabildos peruanos. Para postular un título, se debía probar que el postulante era hijodalgo, que no estaba deslustrado por matrimonio desigual, caso de ser casado; que sus servicios o los de sus antepasados eran meritorios, y que poseía mayorazgo, o renta, para mantener decorosamente el rango nobiliario.

Como era natural rompió la marcha el Cabildo de Lima eligiendo, el 23 de julio de 1805 el siguiente personal:

Don Ignacio Orué Mirones, regidor y ex – alcalde, casado con doña Teresa Álvarez de Ron y Zuñiga.


Don Francisco Árias de Saavedra Santa Cruz, regidor y ex – alcalde, casado con doña Petronila Bravo de Lagunas y Zavala.

Don Tomás Muñoz y Jiménez de Lobatón, Coronel, caballero de Alcántara, regidor y ex – alcalde, casado con doña Carmen Bravo de Castilla.

Don Miguel Bravo del Rivero y Zavala, caballero de Santiago, regidor, casado con doña Josefa de Aliaga y Borda.

El 08 de noviembre de ese mismo año de 1805, el Cabildo de Arequipa formó su cuaterno:

Don Manuel Flores del Campo, Alférez Real, alcalde ordinario y aguas y Síndico. 

Don José Ramírez Zegarra, regidor, 5 veces alcalde ordinario y de aguas, y 6 veces Síndico y asesor del Cabildo, y Justicia Mayor de la Provincia. 

Don Fransico José del Rivero y Benavente, 4 veces alcalde, 6 veces Síndico, Diputado a Cortes, y antiguo capitán de Granaderos. 

¡Los limeños de quedaron patidifusos! Aquello de 6 veces esto, y cinco veces lo de más allá; y aquello de Alférez Real, Justicia Mayor etc. etc., era decisivo. ¡Que sería cuando se presentaran en cancha los trujillanos, los hijos de la ciudad que en su escudo de armas luce metal sobre metal, prerrogativa que no tiene ninguna otra ciudad, inclusive Lima!......... 

Una mañana, el Virrey Avilés recibió la postulación hecha por el Cabildo de Trujillo el 26 de octubre. En primer lugar los postulantes no eran 4 sino 6. Y en segundo lugar, eran lo que por el norte se llama “de mamey sin pepa”.

La lista la componían los siguientes personajes: 

Don Fermín de Matos y Risco, soltero, rico hacendado. 

Don Miguel Jerónimo de Tinoco y Merino, regidor y mayorazgo de Faralá. 

Don Mariano Vásquez de Ganoza y Cañas, ex – alcalde, ex – Corregidor de Huamachuco, casado con doña Mariana de Orbegoso y Moncada. 

Don Gaspar de la Vega y Solís, ex – alcalde, regidor, casado con doña Josefa del Risco y Estrada. 

Don Mariano de Cáceda y Bracamonte, regidor, Fiel Ejecutor de la ciudad. 

Don Francisco del Corral, opulento hacendado de “Santa Clara”…….. 


Dicen las viejas chismosas, que los limeños hicieron mucha fuerza de vela para averiguar porqué en lugar de 4 postulantes, el Cabildo de Trujillo presentó 6. Y al fin salieron con su gusto: 4 de aquellos postulantes, habían sido presentados atendiendo a los mil merecimientos que poseían. En cuanto a los otros dos, habían sido presentados porque eran propietarios de las mejores pantorrillas que existían en Trujillo. 

En esa época de calzón corto, la buena pantorrilla era el mayor timbre de orgullo……



Carlos Camino Calderón