jueves, 24 de septiembre de 2009

El Monumento de La Libertad.


Una panorámica de la plaza de Armas del año de 1926. Se pueden distinguir claramente los numerosos cajones conforme eran remitidos los bloques desde Alemania a Salaverry.


DOMINICAL Suplemento LA INDUSTRIA DE TRUJILLO
Trujillo 11 de Julio de 1971

Por JOSÉ LEÓN M.

Fotos:


ARCHIVO DE LA INDUSTRIA y V. SAGÁSTEGUI ALVA.


De una estilística arquitectónica muy singular y de una fisonomía discutible por su discreta calidad, el Monumento de la plaza de Armas de Trujillo, tiene una trayectoria saturada de interesantes anécdotas.

Es toda una gama de aspectos que configura el origen y la vida del monumento, explicando definitivamente la importancia que tiene.

Su razón de ser se torna más interesante aún, cuando las personas que presenciaron la instalación de este artístico coloso de piedra, le describen a usted valiosos detalles de aquella operación que duró 4 años, 1 mes, 25 días.

En Trujillo existen personas de respetable edad que son reales testigos de la fundación del monumento.




 
Una foto para el recuerdo. Esta vista fue captada por Don Pedro de Bracamonte Orbegoso padre de Doña María Bracamonte de Albrecht. Aparecen en ella, de izquierda a derecha: Ing. Juan Ricci, el Sr. Enrique Luis Albrecht Casanova, Carlos Manuel Porras (periodista) y un estudiante de arquitectura, cuyo nombre no pudimos ubicar.


Nosotros tuvimos la suerte-en este caso por ejemplo-de entrevistarnos con una dama trujillana de ascendencia germana, amiga íntima de quien esculpió ese gran adorno que embellece nuestra Plaza Principal.

Se trata de la señora María Albrecht de Bracamonte quien conoció a Edmundo Moeller escultor alemán que gano la buena pro para la construcción del referido monumento.

Aunque no se sabe a ciencia cierta el origen de la inspiración o el motivo que plasmó esta singular concepción, pero todas las referencias que se pueden recoger son importantes y hacen importante al monumento.




Tal vez la única foto de Edmundo Moeller que existe en el Perú. Con dedicatoria en idioma alemán, se la obsequió a Don Enrique Albrecht, uno de los principales gestores del monumento de La Libertad.



Trujillo en aquel entonces, era una ciudad apacible y muy pequeña; de contadas esquinas con faroles, con algunas casas de lujosos zaguanes y con calles empedradas.

Su ambiente demostraba ligeros rezagos coloniales y con nítida proclividad a un meteórico modernismo.

¿ANTORCHA DE LA LIBERTAD?

De acuerdo a referencias de buena fuente, se puede deducir que la antorcha que exhibe el monumento en su cúspide, no fue hecha como signo de libertad, sino como símbolo olímpico.

Pues, se dice, que Moeller presentó la estatua superior que se le llama “el ángel”, a un concurso convocado para buscar el símbolo de las olimpiadas a realizarse en algún lugar de Alemania. Y Moeller ganó el citado concurso con la estatua superior que sirve ahora de coronación en el monumento de la Plaza principal de Trujillo.

La misma fuente que da origen a esta anécdota, refiere que posterior al triunfo obtenido por Moeller, "el ángel” fue regresado al domicilio del famoso escultor donde se conservaba en un gran corral cubierta con una manta gruesa, justo hasta el instante en que se supo que el Municipio trujillano había sacado a licitación internacional la construcción del monumento.

4 AÑOS, 1MES, 25 DÍAS




Un "castillo" de gruesas maderas se levantó en el centro de la Plaza de Armas para armar todo el grupo estatuario. La vista nos muestra el preciso instante en que "el Ángel" es lentamente levantado.



Este es el tiempo que transcurrió, desde la ceremonia de colocación de la primera piedra hasta la inauguración, para que el Monumento de La Libertad quede total y definitivamente instalado en nuestra ciudad.

La primera piedra fue colocada el domingo 10 de mayo de 1925 cuando Don Temístoeles Molina Derteano era Prefecto de nuestro Departamento; Don José María Fernández, Alcalde de la Ciudad y Carlos García Yrigoyen Obispo de la Arquidiósesis. La ceremonia de inauguración se realizo con gran pompa, cuando Don Tomás Lama ejercía la prefectura del Departamento . Era el año de 1929.

Apadrinaron el acto, el Presidente Constituciónl Don Augusto B, Leguía y la Sra. Carmen Rosa de Ayulo. Instalado oficialmente el Monumento de La Libertad, se había cumplido con el deseo del gestor de la Ley para su erección, el Diputado Nacional Don Enrique Marquina.

Edmundo Moeller, no permaneció en Trujillo todo el tiempo que demandó la construcción del monumento, viajaba periódicamente de Alemania a Trujillo y vice-versa. Pero mientras permanecía en nuestra ciudad, dedicaba casi todo su tiempo al ejercicio de su profesión.

Y su centro de trabajo era, precisamente, la Escuela de Artes y Oficios "Marcial Acharan”, cuyo local se conserva aun en la cuarta cuadra del jirón Colón.

Allí realizaba trabajos de vaciado en bronce y cincelado en el mismo metal. “Edmundo Moeller frisaba en ese entonces, alrededor de los 50 años de edad", dice la señora María Albrecht de Bracamente.

El escultor alemán se hospedaba en la casa del recordado intelectual, Don José Eulogio Garrido, su gran amigo.


REGALO ESTATUILLAS, Y PLACAS

Las mejores amistades que tuvo Moeller en Trujillo, fueron objeto de regalos hechos con su propio puño.

Varios de aquellos, y muy valiosos obsequios conserva la señora Bracaraonte. Cabeza y cuello de Don Enrique Luis Albrecht Casa nova (padre de la anteriormente aludida dama) cincelada en bronce, es su mejor joya que conserva la hija de este. Precisamente Don Enrique Luis Albrecht Casanova, quien era nieto del Prócer de la Independencia Nacional Don Do mingo Casanova, fue Catedrático de varios idiomas en la Universidad Nacional de Trujillo; y uno de los principales gestores del Monumento de La Libertad.

Otro de los regalos que le hizo Moeller a la Señora Bracamonte fue una estatuilla de bronce de mas o menos unos veinte centímetros de altura que el escultor alemán la denominó "La Bacante", la misma que llegó a manos de la mencionada dama cuanto esta contraía nupcias con Don Pedro de Bracamonte Orbegoso. Moeller fue invitado y asistió al matrimonio.

Posteriormente el citado artista germano quien testimoniaba cada vez más una especial deferencia a la Señora Albrecht le obsequió otra pequeña estatua de bronce la que representaba a una madre que llevaba consigo un bebe en cada brazo, en cuya base de mármol el escultor Moeller grabó en alemán la palabra "Das Glíík" que en es pañol significa “La Felicidad"; luego firma así : Ed-Moeller, Dresden (su ciudad natal).

También el Prefecto Temístocles Derteano, fue objeto de un obsequio. Moeller grabó el rostro de dicha autoridad en gruesa placa de bronce y se la regaló.

PIEDRA SOBRE PIEDRA



La Agricultura y Ganadería, campesino con un niño a su lado que se apoya sobre el lomo de un carnero estando rodeado de alimentos vegetales.


Todo el monumento de La Libertad, fue confeccionado en Alemania y enviado a Trujillo-para armarlo-en grandes bloques, para el efecto, Moeller, logró los servicios del ingeniero italiano Juan Ricci quien se encargó de armar todo el monumento.

Esta operación demandó largo tiempo, la misma que ocasionó diversos viajes de Alemania a Trujillo del propió Moeller.

Desde Alemania, el mencionado escultor, enviaba por vía marítima con destino a Salaverry, grandes bloques piezas embalados en enormes cajones de madera y luego transportados a nuestra ciudad.


CONVEXA, EL ÁREA DE LA PLAZA

En sus planes originales, Moeller, consideró que el Monumento de La Libertad debería de estar ubicado sobre un plano ligeramente convexo, de tal manera que la altura del mismo presentaría un aspecto considerablemente elevado.

Pero según referencias de mucho crédito las autoridades de ese entonces demostraron oposición respecto a ese importante detalle. Y la Plaza se hizo sobre un plano ligeramente cóncavo.

¿GRUPO E S TAT U A RIO INCOMPLETO?

Muchas referencias existen en el sentido de que el Monumento está incompleto en razón a un percance ocurrido en el transporte de los bloques.

Se dice que la parte inmediata inferior de “el ángel", llamada prisma o diamante, tiene una altura menor a la considerada en el proyecto Moeller.




En primer plano el diamante o prisma, sección de la que se dice que sólo es parte de lo considerado en el proyecto y en la parte superior del mismo "el Ángel".


Refieren que gran parte de esta sección del monumento, cayó al fondo del mar en el curso de la operación de embarque en una bahía. Y su recuperación fue definitivamente imposible.

Otros datos, casi históricos, indican que el barco (que transportaba, la parte complementaria al actual diamante o prisma, se fue a pique en alta mar. La nueva confección de esa sección perdida fue imposible por la premura del tiempo.


Sinembargo se insiste-por otro lado- que las autoridades de Trujllo no convinieron en que la altura del monumento sea la misma que obligaba el proyecto Moeller.

HE AHÍ LA DESPROPORCIÓN DEL " ANGEL”.

La desproporción anatómica de “Angel", ha traído una consiguiente secuela de anécdotas y comentarios.

Algunos aducen que Moeller tomó en consideración la ligeramente visible desproporción en razón a la altura que él inicialmente había estipulado. Y por lo tanto se había tomado en cuenta la visual sobre la perspectiva, principios escenciales en la técnica del dibujo y el arte.

Por ello se asegura que esta desproporción razonable, estaba acorde con la altura considerada desde el mismo proyecto, pero la tenaz oposición de las autoridades des dibujó la forma.

Pese a esa referencia que más se acerca a la relidad se dice Moeller erró en la confecciób del mismo proyecto, pero la tenaz oposición de las autoridades desdibujó la forma.


De todas maneras y cualquiera que haya sido la realidad, el Monumento de La Libertad -al parecer- fue construído también para estar subordinado, no solamente a comentarios y anécdotas, sino también a condiciones telúricas cuya primera experiencia fue la del 31 de Mayo del año próximo pasado ... y no ha pasado nada.

UN MATERIAL QUE SE CORROE

La verdad es que de un tiempo a esta parte el monumento de La Libertad, a excepción de “el ángel", ha sufrido raras corrosiones.

Todas las superficies de las estatuas presentan erosiones con índice de profundidad considerable y paredes negruzcas.

Muchos estudiosos han dado a conocer que ello se debe a un hongo casi indestructible que está atacando al material del que está hecho él monumento.

Otros dicen que es una corrosión propia de la brisa marina proveniente de nuestro cercano litoral.

Sin embargo hay especialistas que aseguran que la vejez del material de origen calizo llamado travertino -fatal­mente- tiene esa característica.

Pero no faltan técnicos que aseguran que el monumento está confeccionado con un mármol de muy buen comportamiento estructural. El tiempo lo dirá.

martes, 8 de septiembre de 2009

La Casa de la Sociedad del Carmen de Auxilios Mutuos, ya desaparecida.

La Casa de la Sociedad del Carmen de auxilios Mutuos
(05 de junio de 1989, publicado en el diario La Industria de Trujillo)
.


por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


En parte de uno de los primitivos solares perimetrales de la plaza mayor, a escasa distancia de ella y en la quinta cuadra de la actual calle Diego de Almagro se encuentra ubicada una importante casa trujillana edificada en el siglo XVIII, conocida como la Casa de la Sociedad del Carmen de Auxilios Mutuos.

El solar original perteneció al conquistador, fundador de la ciudad, vecino de Trujillo y encomendero de Cherrepe Miguel Pérez de Villafranca Lazcano, solar que lindaba por su frente con la plaza mayor, por uno de sus costados con la actual calle de Almagro, por el otro con casa y solar siguiente, hoy ocupado por parte de la casa de los herederos del Dr. Guillermo Ganoza Vargas y la casa del Banco Central de Reserva, y por su trasera con la actual calle de Bolívar. El conquistador y su esposa doña Catalina Pérez edificaron allí su casa de morada.

Con el correr del tiempo, se dividió y cambió de propietarios, pues poco antes del terremoto de 1619 se fracciono en dos áreas: la que miraba a la plaza mayor pertenecía al contador Antonio Urraco, lugar en que años más tarde se edificó la casa del cabildo y cárcel de Trujillo, y la otra parte perteneció a doña Rafaela Merino y Ferrer, viuda de Antonio Solano de Suaso.
Este último solar sufrió una nueva división, y en el solar lindante con el cabildo y cárcel de la ciudad, en las últimas décadas del siglo XVIII ya existía la casa que brevemente se esta historiando, propiedad de las señoras Josepha, Juana Rosa y Gabriela de las Alas Pumariño y Zarzosa; las dos primeras señoras fueron poseedoras del mayorazgo de Chiclín y marquesas de Herrera y Valle Hermoso, cada una en su tiempo. Las señoras habían heredado la casa de sus padres el maestre de campo Juan de las Alas y Pumariño y Catalina García de Zarzosa y Herrera; el solar siguiente a la casa, lindante con las actuales cales de Almagro y Bolívar, pertenecía a la prima hermana doña Francisca Sánchez de Villamayor y Zarzosa.

El 12 de Noviembre de 1797 sucedió en esta casa un hecho de suma importancia para la historia de la sociedad virreinal trujillana protagonizado por la señora marquesa de Herrera y Valle Hermoso doña Juan Rosa de Herrera de las Alas Pumariño y Zarzosa que como poseedora del mayorazgo de Chiclín tuvo que anteponer a sus apellidos paternos el de Herrera, perteneciente al fundador del referido mayorazgo y así mismo tuvo que hacerle, tiempo más tarde, su sobrino Nicolás Casimiro de Bracamonte y López Fontao, que reunidos en la sala familiar de la casa en compañía del Conde de Baldemar de Bracamonte don Pedro de Bracamonte Dávila y Zarzosa, la señora Ursula Sánchez de Villamayor y Zarzosa y con asistencia de el escribano Francisco Javier de León, dieron inicio a una solemne ceremonia; la anciana marquesa de Herrera y Valle Hermoso tras renunciar al título nobiliario de Castilla que poseía se disponía a cederlo y traspasarlo a su sobrino Nicolás Casimiro en reconocimiento al gran cariño que se profesaban, recibiendo de manos de la noble dama trujillana la cédula original del Título y Marquesado de Herrera y Valle Hermoso que ha manera de libro forrado en terciopelo carmesí llevaba como sello las Armas Reales de la Corona Española. Don Nicolás Casimiro la tomo y acepto en señal de posesión. Al poco tiempo después la marquesa falleció, dejando su casa al cuidado de su primo hermano el Conde de Valdemar de Bracamonte.

En las últimas décadas del XIX la casa perteneció a uno de los herederos del Marqués de Herrera y Valle Hermoso don Nicolás Casimiro de Bracamonte y López Fontao, el Sr. Dr. D. Apolinar de Bracamonte y Cacho, ilustre trujillano, jurisconsulto brillante que desempeño los cargos de Vocal y Presidente de la Corte Superior de Justicia de La Libertad y en la Universidad Nacional de Trujillo dictó la cátedra de Filosofía y Matemática, llegando al alto cargo de Rector.

A su muerte ocurrida en 1880 la casa fue heredada por su hija la señora Natalia de Bracamonte y Jimeno, esposa de Fernando de Agüero y Cisneros, dama trujillana que vendió la casa de la quinta cuadra de la calle Diego de Almagro a la Sociedad del Carmen de Auxilios Mutuos, una de las más antiguas instituciones mutualistas y benefactoras de Trujillo y poseedora de una valiosa biblioteca popular que por los años treinta contaba con más de 1500 libros, en donde además se podían leer periódicos y revistas nacionales y extranjeras, convirtiéndose en uno de los centros más importantes de cultura instalado en su histórico local. Noble e importante casa trujillana que hoy espera serena y estoicamente la sentencia final de su destino.

Este artículo se publicó el miércoles 05 de junio de 1989 en el diario La Industria de Trujillo, en defensa de la casa que días después fue violentamente demolida.

domingo, 30 de agosto de 2009

La Casa que Habitaron los Muga y Reyna






Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Fotos
Archivo del Sr. Manuel Antonio Ledesma Jacinto


La Casa que habitaron los Muga y Reyna 


Existió en las proximidades de la iglesia del convento y hospital de Belén; en la actual cuarta cuadra del Jirón Ayacucho (llamada antiguamente Calle de Belén y posteriormente de la Enfermería) una pintoresca casa colonial situada frente a la hoy Primera Comisaría, la cual hasta hace algunas décadas, mostró un especial colorido y melodioso embeleso en el corredor de su patio principal. El dulce aroma que salía de su interior la identificó con los exquisitos pequeños dulces que allí se elaboraban.




Las señoritas Mária del Tránsito y Mária Jesús Muga y Reyna sentadas en el pintoresco patio de su Casa 





Muchas plantas y mucha luz en el patio de la Casa






El corredor y el jazmín del Cabo del patio de la Casa



El encanto de los patios trujillanos estuvo presente en todas las casas antiguas trujillanas. Patios amplios llenos de luz y verdor, bellos lugares en donde el color, la vida y la arquitectura se juntaron para ofrecer un delicado y especial espectáculo. Hasta el presente Trujillo conserva este encanto en algunos patios de sus casas que aún perviven como testigos de una época de bonanza y refinamiento.





Una de las aldabas y los clavos roblones que lució la Casa.



Singular casa trujillana que habitó la familia Muga y Reyna y que hasta las primeras décadas del pasado siglo conservó su fachada conformada por la portada principal con puerta de dos abras y postigo, adornada con decorativos clavos roblones de metal y dos aldabas también de metal representando leones que sostenían en sus fauces argollas, una en cada hoja de la puerta. Completaron la fachada, en su parte izquierda, un balcón de cajón labrado en madera y a la derecha una calesera con puerta de dos hojas. La casa no tuvo zaguán pero si amplio patio con corredor en “L” y mucha calidad en su carpintería de madera y en su albañilería que debió ser realizada a mediados del siglo XVIII.





El reverso de la puerta principal que dió acceso directo al patio



Contó con sala y cuadra cubiertas de fino artesonado de madera de influencia hispano mudéjar, y algunas habitaciones principales cubiertas por vigas de madera y canes finamente trabajados que sostenían un techo de “alfajor de carrizo con coronamiento de barro” como rezan los documentos; sistema de cobertura usado por los maestros de albañilería de esa época. La casa, al igual que otras casas trujillanas, tuvo sus habitaciones nobles sobre un bajo terraplén.





La escalera de dos pasos del corredor del patio



En la década de los cincuenta del pasado siglo el vetusto portón de la casa tuvo que ser cambiado debido a su mal estado, pues la presencia de polillas le había quitado toda su inicial fortaleza. El caballero trujillano don Víctor Mora Marquina compró la destruida puerta con todos sus elementos de metal y los colocó en una nueva puerta que hasta el presente adorna su casa familiar que edifico por esos años. Las señoritas Muga colocaron en la casa un sólido portón de dos abras que perteneció a la portería del convento de San Agustín. El balcón fue retirado con anterioridad y en su lugar se colocó una ventana de fierro de factura republicana.

Erigida en 800 metros cuadrados, a escasa distancia del convento de San Agustín y de la iglesia del convento y hospital de Belén; pervivió hasta el año 1970 en que el terremoto la dejó en ruinas y destinada a desaparecer físicamente para siempre. Lamentablemente no ha quedado ninguna fotografía de la fachada que lucio la casa.





El pasaje central del patio, de lozas grandes de piedra



Noble casa trujillana que en sus últimos momentos, cuando era derruida, mostró orgullosa la calidad de su edificación y el abolengo se sus primeros dueños: En momentos que se estaba derribando la portada principal, la picota desprendió un trozo de yeso que dejo ver la pintura mural original y un escudo heráldico pintado sobre el dintel de su puerta principal. Todo esto sucedió en junio de 1970 bajo la atenta y curiosa mirada de un pequeño habitante de la casa, el niño Manuel Antonio Ledesma Jacinto quien hasta hoy recuerda para contarlo.

Gracias a antiguas fotografías documentales existentes en un álbum de la familia Muga y Reyna, gentilmente proporcionadas por el señor Ledesma Jacinto, hoy podemos volver a ver parte de sus ambientes principales y hacer una descripción simulada de ella, sustentada en tan importantes fuentes de la memoria.





La señorita María del Tránsito en el corredor de piso enladrillado de la Casa



Conocí esa casa, la recuerdo bien y tiene mucho significado en mi niñez y seguramente también para muchos trujillanos que la conocieron y recuerdan su virreinal edificación. El haber iniciado mi educación en el Colegio Hermanos Blanco así como el haber vivido cerca de ella, permitieron que al pasar por su portada, la cual siempre mantenía el postigo abierto de día, descubrí que en el corredor del patio principal habían jaulas con canarios y otras aves cuyos cantos se escuchaban hasta afuera. Fueron muchas las veces que me quede bajo el viejo umbral de algarrobo de la puerta, oyéndoles y tratando de verles aunque sea de lejos.






El niño Manuel Antonio, las jaulas y los canarios en el cálido jardín familiar 



Una de esas tantas veces que permanecí observando las coloridas avecitas canoras, surgió una dama que al verme tan interesado en sus pajaritos se dirigió afablemente a mí y me hizo pasar para mostrarme de cerca las jaulas con sus encantadores habitantes. Inolvidable momento y aún recuerdo con claridad el dulce y simpático aspecto de tan bondadosa dama que era capaz de dar tanto amor a unos diminutos seres que alegres y agradecidos cantaban, anidaban y criaban a sus polluelos, siguiendo los impulsos que la primavera trujillana imponía en su frágil naturaleza.

Muchas veces volví a esa casa a ver los canarios y visitar a su dueña ocupada en cultivar un jardín lleno de azucenas y otras flores que llenaban de aroma y belleza ese soleado lugar del pintoresco y característico patio trujillano. Nos hicimos amigos y cada día sentía que el ser dueño de uno de esos pequeños coloridos músicos me haría muy feliz. Por ese entonces yo tenía 7 años y la dama de los canarios tal vez 40 o algo más.

Un día decidí contarle a mi padre, mi amistad y mi admiración y deseo de tener un canario en casa. Fuimos a visitar a mi amiga y ver sus canarios, decididos a proponerle compra de uno de ellos. Mi amiga nos recibió, nos escucho y me obsequió un canario que puse por nombre Pepito. El canto de Pepito nos acompañó por casi 10 años. Hoy a mis 66 años recuerdo ese momento como uno de los días felices de mi infancia, ocurridos en el cálido patio familiar de la casa. 





Las Jaulas de canarios, la señorita María del Trámsito y el piso enladrillado del corredor del patio.



No fueron muchas en Trujillo las personas dedicadas a la crianza de estas aves, por lo menos yo sabía que se dedicaban a ello las monjas del convento de Santa María de Gracia de Santa Clara la Real, el ornitólogo y taxidermista Juan Ornea y muy cerca de mi casa la señorita Consuelo Padrós cuya familia habitaba la parte principal de “La Casa de las Golondrinas”, emplazada en el cruce de las actuales calle de Almagro y Ayacucho, a un costado de la iglesia de Belén; hermosa casa de sólida arquitectura colonial, desaparecida adrede.

Ahora sé que la casa que habitaba mi amiga con su atrayente patio lleno de música, color y dulces aromas, fue propiedad del convento de nuestra Señora del Carmen y que en ella habitó, desde mediados del siglo XIX, la distinguida familia Muga y Reyna, la que arrendaron en un principio y luego compraron en 1934 a las monjas carmelitas descalzas de Trujillo.

Esta familia estuvo conformada por don Manuel Buenaventura Muga del Campo, chiclayano y funcionario del Tesoro Público, su esposa doña Rosario Reyna García y sus cinco hijos: Manuel Felipe, Manuel Rosendo, María Delia, María del Tránsito y María Jesús Muga y Reyna; los mayores fallecieron a temprana edad, sobreviviendo las últimas, quienes fueron ahijadas de bautizo de los hermanos Blanco y Martínez fundadores del Colegio Hermanos Blanco también conocido como Belén; integrando la primera promoción de alumnas salidas de esas aulas. Los Muga y Reyna fueron emparentados con las familias trujillanas Merino y Reyna, de La Rosa y de Cárdenas. Las señoritas Muga y Reyna fueron primas hermanas de la madre del Dr. Víctor Raúl Haya de la Torre.




Sra. Rosario Reyna Gracía




María Jesús Muga y Reyna




María del Tránsito Muga y Reyna


Doña María del Tránsito, poetisa, dibujante y políglota falleció en 1962 a la edad de 95 años y doña María de Jesús falleció en 1969 a los 97 años. Son muchos los trujillanos que las conocieron y aún recuerdan a estas damas trujillanas.

La familia Muga y Reyna elaboraba una gran variedad de dulces, entre estos unos alfajores pequeños; y por sobre todo uno llamado “Pasta trujillana” a base de semillas de zapallo, que salían de esa casa para hacer la delicia de los más refinados paladares trujillanos, tradición que duró por muchos años. Al respecto el tradicionista Santiago Vallejo en su obra “Trujillo en Estampas y Anécdotas” publicada en 1952, cuando trata sobre las viejas calle de Trujillo refiere: “Calle de la Enfermería, la del costado del colegio Modesto Blanco. Allí estaba la enfermería de mujeres, teniendo al lado la vieja casona de la familia Muga, de esclarecida estirpe y dueña de la fórmula de esos alfajores inefables que por muchos años han salido de esa casa.”

Ahora también se que mi original amiga se llamaba Francisca Salinas Correa y fue ahijada de la madre de la señorita María del Tránsito Muga y Reyna, poseedora de la casa; y fue cariñosamente llamada por sus amistades “Panchita”. Todo esto lo sé gracias al heredero de la señorita Francisca, el señor Manuel Antonio Ledesma Jacinto que nació y hábito esa casa. 





La señorita Francisca Salinas Correa.


Doña Francisca pasó muchos años rodeada de canarios que alegres cantaban a la vida, azucenas de blancas flores que irradiaban pureza, y un hermoso y perfumado jazmín del Cabo que adornaron ese patio trujillano, enmarcado por un corredor sostenido por cinco columnas de madera con zapatas labradas en madera, puertas talladas de medallón de estilo rococó fabricadas de finas maderas importadas de centro América y Guayaquil, ventanas con sus andanas de oscuros balaustres torneados en corazón de algarrobo, piso enladrillado y pasajes de grandes lozas de piedra, todo esto tan bello y característico de la arquitectura desarrollada en Trujillo en tiempos virreinales.




Dos religiosos franciscanos disfrutando de las azucenas del jardín en el ángulo izquierdo del patio.


El alegre repique de las campanas de la iglesia de Belén, la generosa campana que anunciaba el recreo del alumnado del Colegio Hermanos Blanco y media cuadra más allá el gorjeo de los canarios de la señorita Francisca, se aunaron para dar brillo, por esos años, al paisaje arquitectónico existente en el cruce de las calles Diego de Almagro y Ayacucho, paisaje conformado por la iglesia del convento y hospital de Belén, el colegio Hermanos Blanco y la Casa de las Golondrinas en cuyo zaguán colgaban sus nidos y se echaban a volar piando, bandadas de alegres golondrinas.



Francisca y María del Tránsito



La señorita francisca, la Dama de los Canarios, como yo la llamo, vivió hasta hace justamente 10 años, falleció a los 94 años de edad y fue un símbolo de esa casa tan conocida y recordada por la calidad de sus ocupantes y el aroma de sus dulces.



Trujillo, julio de 2009





Fotografias que ilustran la desaparecida casa.





Ángulo derecho del patio de la Casa






La puerta de entrada a la habitación del balcón






Lado izquierdo del patio de la Casa



Un especial agradecimiento al Sr. Manuel Antonio Ledesma Jacinto, propietario de las fotografías y de los recuerdos de la casa en que nacio y pasó los primeros años de su vida.

miércoles, 8 de julio de 2009

Testameto de Martín Guamán, Indio Principal del Valle de Chimo en el Siglo XVI



Iglesia del pueblo de San Salvador de Mansiche


Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Desde muy temprano, en la ciudad de Trujillo del Perú, se encuentran personajes indígenas viviendo como propietarios de casas en la traza de la ciudad y algunos con muy buena ubicación . Posteriormente indios de menor rango habitaron en Trujillo denominándoseles como “Indios Habitadores de la Ciudad”, pues así aparecen mencionados en documentos de esas épocas.

Don Martín Guamán, indio principal del valle de Chimo, vivió en Trujillo, pero cuando se sintió enfermo fue a pasar sus últimos días a su pueblo de San Salvador de Mansiche, muy próximo a la ciudad, lugar donde testó ante el escribano Antonio de Vega en noviembre de 1567.

El testamento de Martín Guamán, lamentablemente omite el nombre de los padres del testador, pero si deja ver claramente su jerarquía privilegiada y su poder económico sustentado en abundantes propiedades agrícolas en las cercanías del valle de la ciudad de Trujillo.

La importancia fundamental del documento reside en la temprana y abundantes sitas de topónimos que para los estudiosos de esta disciplina, serán de gran valor. 

La lectura de los topónimos deberá de ser muy cuidadosa, teniendo en cuenta que aún habiendo realizado una severa transcripción del documento, la escritura realizada por los pendolistas no es cien por ciento confiable, pero si muy aproximada por lo menos a como escucharon o conocieron tales lugares. Es muy común encontrar en un mismo documento el nombre de un lugar, escrito de diferentes maneras pero que en realidad suenan iguales.

Martín Guamán pidió ser enterrado con mucha pompa religiosa, en la iglesia de San Salvador de Mansiche, en donde posiblemente, dado su rango, su familia tenía asiento de sepultura. 

Don Martín no firmó su testamento; o no sabía escribir o su enfermedad no se lo permitió. A ruego de él y por él, firmo el cacique don Diego. 

El documento ha sido trascrito íntegramente por el autor y existe en el Archivo Regional de La Libertad de Trujillo, asentado en los protocolos notariales de Antonio de Vega correspondiente al año 1567, ejecutado el 03 de noviembre. Su estado de conservación es bastante bueno.


Testamento de don Martín Guamán

En el nombre de Dios todo poderoso y de la siempre virgen Santa María su bendita madre y señora nuestra. Sepan cuantos esta carta de testamento vieren como yo don Martín Guamán principal de este valle de Chimo y encomendado en don Diego de Mora, vecino de esta ciudad de Trujillo, estando como estoy enfermo del cuerpo y sano de la voluntad y en mi juicio y entendimiento natural tal cual Dios nuestro Señor tuvo por bien de me lo dar y creyendo como bien y verdaderamente creo en la santísima trinidad padre e hijo y espíritu santo tres personas y un solo Dios verdadero y en todo aquello que tiene y cree la Santa Madre Iglesia Romana y temiendo de la muerte que es cosa natural, otorgo y conozco por esta presente carta que hago y ordeno este mi testamento y postrimera voluntad a gloria y honra de nuestro Señor y de su bendita y gloriosa madre Santa María Señora nuestra, en la forma y manera siguiente:

Primeramente mando que cuando Dios nuestro Señor fuere servido de me llevar de esta presente enfermedad, que mi cuerpo sea enterrado en la iglesia de San Salvador del pueblo de Mansiche y aquel día, si fuere hora, y si no otro día siguiente se me diga una misa cantada de requin y las demás que mis albaceas quisieren decirlas, que las digan los padres del señor San [ilegible] y los curas de la iglesia mayor de esta ciudad vayan a mi entierro con cruz alta y se page la limosna acostumbrada.

Item, mando que lo que montare unas tierras que yo tengo de aquella parte del río camino de Lima que se llaman ir=chac, mando que mis albaceas las vendan y lo repartan entre la iglesia mayor de esta ciudad y monasterios por iguales partes, sacándose se ellas primeramente diez pesos para hospital, todo lo demás se digan misas por mi ánima.

Item, declaro.
Para la paga [roto] mando que se venda un pedazo de tierras junto a Santa Catalina llamada Ivit y se page lo que así debiere.

Tengo un pedazo de tierras llamada Citarco que están junto a Santa Catalina y que son las que tiene don Pedro y las que se han de vender. 

Tengo otro pedazo de tierras llamado Cachimin ha donde se siembran ahora y que la comunidad y los principales y caciques me han de dar de alquiler por este año que estamos, cada principal diez fanegas de maíz y son siete principales y este dicho pedazo de tierras se han de partir por medio, la mitad para Miguel, Antón y Diego mis hijos y la otra mitad para mi hijo don García.

Tengo otro pedazo de tierras llamada Puguan y lindan con tierras llamadas Cachimini, ésta es de mi mujer doña Francisca Moxa.

Tengo otro pedazo de tierras llamada Chicnanga de la otra banda del río.

Tengo otro pedazo de tierras llamada Cheque que linda con tierras de don Pedro cacique.

Tengo otro pedazo de tierras llamadas Chiccap, están de la otra banda del río camino de Lima.

Item, otro pedazo de tierras que están junto al molino de Lazcano [roto] de tierras ancho.

Item, otro pedazo de tierras llamada Taguacmyny que lindan con las de Juan Amanche.

Item, otro pedazo de tierras llamada Guapacamyny lindan con tierras de don Pedro.

Item, Otro pedazo de tierras llamada Guachacmyny, en el camino de Guanchaco.

Item, otro pedazo de tierras llamada Aynonpe, están junto a Jumanjuguan.

Item, otro pedazo de tierras llamado Chamyny junto de Casca.

Item, un pedazo de tierras llamado y cercada de paredes que fue de mi padre.

Item, otro pedazo de tierras que están en Mansiche, diómela mi hermano don Antonio.

Item, otro pedazo de tierras llamadas Guamanco, están en el camino a Guanchaco.

Item, otro pedazo de tierras llamada Chucchimyny, están en camino a Guanchaco.

Item, otro pedazo de tierras llamada Tapacni, en el camino de Chicama. 

Item, declaro que tengo una cadena de oro delgada con un crucifijo [roto].

Item, declaro que me debe don Francisco Chumbinamo cinco pesos y medio.

Otorgado en el pueblo de San Salvador de Mansiche en el valle de Chimo términos de la ciudad de Trujillo del Perú en tres días del mes de noviembre de mil y quinientos y sesenta y siete años.

A ruego del dicho don Martín y por lo tanto



Don Diego Cacique
(Firmado)


Ante mí
Antonio de Vega
Escribano Público