sábado, 10 de enero de 2009

La Casa Ochaita y Urquiaga.



Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Este estudio de la casa trujillana, ubicada en la Plaza Mayor, de propiedad del Banco Central de Reserva del Perú, basado en fuentes escritas, ha permitido dimensionar el solar, establecer una secuencia cronológica de sus propietarios, su filiación genealógica, su posición económico-social dentro de su época y esbozar su estilo arquitectónico.

Del análisis documental se infiere que desde el siglo XVI, en que fue construida la primera casa que allí existió, gozo de privilegiada ubicación dentro de la traza de la ciudad, de la plaza mayor y del acontecer histórico: siempre estuvo atenta a los multitudinarios acontecimientos convocados en la plaza, en la áurea época virreinal, en la azarosa gesta emancipadora, así como en la esperanzadora épo­ca republicana.

Sus propietarios, hasta la pri­mera década del siglo XIX, fueron ricos hacendados, estancieros y comerciantes de ascendencia hispánica, pertenecientes al estamento señorial virreinal con poder dirimente en la cosa pública del Cabildo de la ciu­dad.

El solar de la casa Ochaita y Urquiaga constituye un epítome de la historia de Trujillo, desde el siglo XVI en adelante: Su pri­mera edificación la hizo al conquistador y vecino fundador Rodrigo Lozano, su primer propietario, pri­mer alcalde ordinario que tubo la ciudad; su primera reedificación fue realizada por don Pedro de Olmos de Ayala, al iniciarse el ultimo tercio del siglo XVI, reflejando siempre en su comodidad y suntuosidad, la bonanza económica de Trujillo, fincada en el comercio del trigo, harina, azúcar y mieles y que por aquella época, al decir del cronista Lizárraga que estuvo en la ciudad en 1,580, ésta era "la despensa de Tierra Firme".
En 1604 la casa fue una de las elegidas para hospedar al Virrey don Gaspar de Zúñiga y Acevedo Conde de Monterrey.

Al permanecer en estado ruinoso por considerable tiempo, después del devastador terremoto que asoló Trujillo en 1,619, participó de la estrechez económica local, multiplicándose los censos impagos impuestos sobre ella; hasta que fue comprada por don Juan de Sahagún en 1,638, quien la reedificó respetando su pla­no original de distribución.

La economía trujillana desde principios del siglo XVIII se basó fundamentalmente en el comercio del azúcar, el que fue perdiendo mercados.
La región nor peruana fue azotada por sequías, lluvias y pestes de sarampión y viruela; situación que se agudizó con el terremoto de 1,759, todo lo que repercutió negativamente en la eco­nomía de la ciudad. Sin em­bargo la casa se mantuvo con todo su esplendor debido a que sus propietarios, doña Francisca de Verde y Aranda tuvo una próspera hacienda en la sierra y don Felipe Osorio de los Ríos fue un acaudalado mercader con negocios en Tierra Fir­me.

La gesta emancipadora ha dejado su impronta en ella: El inmortal genio y estratega libertador de cinco republicas don Simón Bolívar la frecuentó en marzo de 1,874; legislando desde los suntuosos salones de la ca­sa, que por entonces pertenecía a don Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga, para la naciente Republica del Pe­rú.





A fines del siglo XIX, su propietaria doña Josefa de Ochaita y Urquiaga la reedificó con las características propias del estilo neoclásico imperante en la época, y que hasta hoy conserva la casa.

Finalmente fluye a través de su rica historia, que será desarrolla, que el espíritu trujillano siempre se Levantó orgulloso respondiendo con coraje a la adversidad.



El Solar del Conquistador Rodrigo Lozano

Desde la fundación de la ciudad de Trujillo del Perú, las manzanas perimetrales de la Plaza Publica, con excepción de la manzana donde se encuentra la catedral, estuvieron divididas en tres solares paralelos, de los que el central tenía frente a dos calles y los laterales a tres. Los primeros solares fueron distribuidos por el propio gobernador y capitán Ge­neral, don Francisco Pizarro, a los fundadores y pri­meros vecinos, de tal suerte que su ubicación con respecto a la plaza pública, estuvo en función de los merecimientos de cada conquis­tador. Algunos de los fundadores residieron poco tiempo en la ciudad, otros no tuvieron descendencia quedando sus solares abandonados, por lo que el Cabildo los concedió por merced a otros vecinos; así como otros fueron traspasados a terceros.

El solar funcional, en el que se edifico la casa que historiamos, fue concedido por Pizarro al conquistador Rodrigo Lozano, siendo el central de una de las manzanas perimetrales de la plaza pública; cuyo frente se sitúa actualmente en la cuarta cuadra del jirón Francisco Pizarro; y su fondo siempre lindó con el actual jirón Bolívar.

Originalmente tuvo de longitud 123 mts., de ancho 41.2 mts. y su área fue 5,068 m2. La ubicación de este solar, con respecto a la traza fundacional de la ciudad, fue de las mejores, si se considera que el jirón que unía la plaza mayor con la plazuela del Estanque del Agua, fue siempre la columna ver­tebral de la ciudad; así co­mo porque se encontró al centro de los solares concedidos a conquistadores no­tables: el capitán Diego de Mora y don Miguel Pérez de Villafranca y Lazcano.
Corría el año 1604 y el Cabildo de la ciudad de Tru­jillo se encontraba en pleno preparativo para recibir al nuevo Virrey del Perú, don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, nombrado por Felipe II para reemplazar a don Luís de Velasco, marqués de Sali­nas.

El Cabildo, entre otras provisiones, nombró a don Fran­cisco de Barbarán como embajador de la ciudad pa­ra dirigirse a Paita a recibir al Virrey, y dispuso también la reparación de la casa del Cabildo, de las calles, caminos y puentes por donde debería pasar tan distinguido como importante personaje. Se le alisto cabalgadura y silla; se nombro a veinte vecinos de a caballo y librea para acompañarlo y se programó los correspondientes juegos de cañas. Provisiones que se completaron con la elección de las casas de mayor comodidad y prestancia que debían alojar al virrey, su comitiva oficial y criados; la que recayó en las casas del Alférez Real Diego Luís José de Mora Manrique y de don Pedro de Olmos de Ayala, vecinas y con frente a la plaza mayor. Lo que comprueba que la casa de don Pedro fue suntuosa y de las mejor edificadas que tuvo Trujillo, ya que fue seleccionada para hospedar a un importante dignatario de la Corona Española, el Virrey don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, que en ceremonia pública juró respetar los fueros de la ciu­dad. Don Pedro de Olmos de Ayala murió en Trujillo en 1616 y su viuda, dona Feliciana de Maldonado, le sobrevivió escasos meses.


El Licenciado Juan de Solís y San Martín nuevo propietario de la casa.

La antigua casa de Olmos de Ayala paso a propiedad del licenciado don Juan de Solís y San Martín, religioso que llegó a Trujillo al finalizar el Siglo XVI para desempeñarse como beneficiado de la parroquia del sagrario; siendo nombrado en 1616 canónigo de la Santa Iglesia Catedral, y tres años mas tarde provisor y vicario general de la sede vacante del obispo Francis­co Díaz de Cabrera y, ya en 1624, el ilustrísimo obispo Carlos Marcelo Corni, le encargo la redacción de las Constituciones del Seminario en fundación.
El 14 de Febrero de 1619 la casa fue totalmente destruida por el catastrófico terremoto que dejo en escombros la ciudad. El licenciado Solis y San Martin había impuesto un censo de 2,014 pesos de a nueve reales, sobre su casa de morada, a favor del monasterio de Santa María de Gracia de Santa Clara la Real, censo que dio lugar a que el mo­nasterio enjuiciara a su único heredero, su sobrino el presbítero don Juan Ramón de Esparza, exigiéndole el pago de los réditos insolutos.

El presbítero, teniendo en cuenta el estado ruinoso de la casa así como la crecida suma adeudada optó por transar. Las partes otorgaron la correspondiente escritura de "transacción, pacto y conveniencia", el 31 de octubre de 1637, que concedía el dominio del inmueble al monasterio. Las monjas de Santa Clara, al no poder reedificar para poder obtener beneficios de ella decidieron venderla al único postor, el alférez don Juan de Sahagún.

El Alférez Juan de Sahagún, nuevo propietario.

El alférez Juan de Sahagún, nuevo propietario, vecino distinguido, acaudalado y dueño de una estancia de ganado caprino en el valle de Virú, fue regidor perpetuo del Cabildo de la ciudad de Trujillo. Compró la arruinada casa al monas­terio de Santa Clara el 22 de febrero de 1638, reconociendo el censo impuesto por su antiguo propietario y comprometiéndose a empezar a edificar una nueva casa, antes de un año. La nueva edificación utilizo los antiguos cimientos de la derruida casa; conservándose de esta manera, una distribución similar de habitaciones y patios.

Por aquel tiempo y con este mismo criterio, se encontraban en reedificación algunas casas que también fueron destruidas por el terremoto de 1619.
Los linderos de la casa, por aquellos años, fueron los siguientes:

"por la parte de arriba con casas de Andrés Rodríguez, barbero, cuya propiedad es del convento de la Merced de esta dicha ciudad; y por la parte de abajo las casas de doña Graciana de Lazcano, difunta, que después fueron del contador don Antonio Urraco de la Carrera y casas de doña Rafaela Merino Ferrer, viuda, mujer que fue de don Antonio Solano de Suaso, difunto; y por las espaldas la calle real que va del hospi­tal de San Sebastián de esta ciudad, al convento del señor San Agustín y por la delantera la dicha plaza pública".
A la muerte del alférez don Juan de Sahagún, paso la casa a propiedad del comisario general de la caballería del tercio y batallón de Trujillo, maestre de campo don Jerónimo de Sahagún y Nuva, dueño de la hacienda "San Juan", sita en el valle de Virú.

Años más tarde, don Jerónimo, por cláusula testamentaria dispuso la fundación de una capellanía por valor de 4,000 pesos de a ocho reales, a favor del convento de religiosos de San Agustín, "impuestos y cargados sobre su casa principal de mo­rada"; fundación que realizo su heredero, albacea y tenedor de bienes, el maestre de campo don Martin de la Pucheta, caballero de la Orden de Santiago.

Posteriormente, la casa pa­so a formar parte de los bienes que quedaron por muerte de don Jerónimo de Sahagún y Nuva, y fue comprada por doña Francisca de Verde y Aranda, quien otorgo la respectiva escritura de reconocimiento del censo impuesto sobre ella por valor de 5,000 pe­sos: 4,000 pertenecientes a la capellanía y 1,000 perte­necientes al Real monaste­rio de Santa Clara de Truji­llo; comprometiéndose al pago puntual de los réditos.

Doña Francisca de Verde y Aranda

Doña Francisca de Verde y Aranda, nueva propietaria, nació en su hacienda paterna "Santa Clara de Buena Vista", sita en la provincia de Conchucos, perteneciente al Arzobispado de Lima, dedicada a la crianza de ganado mayor y menor y a un obraje de "labrar y beneficiar ropa de la tierra". Fue hija única del comisario ge­neral de la caballeria don Antonio de Verde y Leguizamon, natural de los reinos de España, escribano publi­co de la ciudad y de doña María de Aranda y Castro, dama perteneciente al linaje de los Sánchez de Aranda, avecinados en Trujillo en el siglo XVII. Fue esposa del maestre de campo don Juan Matías Jiménez Tirapú, regidor perpetuo del Cabildo de la ciudad de Tru­jillo; matrimonio del que no quedo descendencia. Viuda, de avanzada edad y sin descendientes, en 1757 decidió hacer oblación "de la casa de su continua morada", a favor del convento de San Agustín y del Real Monasterio de Santa Clara, por el valor de los referidos 5,000 pesos de a ocho reales.

Dona Francisca de Verde y Aranda, murió en la ciudad de Trujillo; sus restos mortales fueron sepultados en la iglesia del convento de San Agustìn donde tenia "asiento de sepultura", por ser descendiente legítima del maestre de campo don Martín de Aranda y Porras, su abuelo.

El 18 de agosto de 1757 los religiosos del convento de San Agustín y el Administrador de la renta del Real mo­nasterio de Santa Clara, vendieron la casa a dona María Petronila de Aramendi y Ferrer, esposa del general don Felipe Osorio de los Ríos; por un valor de 5,200 pesos, pagados al contado a los mencionados convento y mo­nasterio; quedando de esta manera redimidos los censos impuestos, obteniendo el dominio absoluto del inmueble.

María Petronila de Aramendi y Ferrer y Felipe Osorio de los Ríos nuevos dueños de la casa.

Dona María Petronila de Aramendi y Ferrer, fue natural de la ciudad de Trujillo, e hija legítima del maestre de campo don Antonio de Aramendi, natural del reino de Vizcaya en España y de do­ña Juana Maria Ferrer, natu­ral de la ciudad de Trujillo del Perú.

Don Felipe Osorio de los Ríos, fue natural de la ciu­dad de Sevilla de los reinos de España, e hijo legítimo de don Pedro Osorio de Ios Ríos y de doña Rosa Landa, también naturales de la ciu­dad de Sevilla. Desempeño el alto cargo de Gobernador, Justicia Mayor y teniente de coronel de la Pro­vincia de Cajamarca, y se caso con doña María Petro­nila el 3 de Julio de 1736, recibiendo una dote de 15,215 pesos de a ocho reales, alhajas de oro, perlas y diamantes, plata labrada y esclavos. Se dedico exitosamente al comercio de mercadería traída de Panamá, motivo por el que frecuentemente tuvo que ausentarse de la ciudad.

Don Felipe, sobrevivió a do­ña María Petronila y, en 1,780 otorgó testamento an­te el escribano publico Juan Antonio de Anachuri, instituyendo por universales herederos de sus bienes a sus 3 hijos legítimos: doña Tomasa Osorio de los Ríos y Aramendi, esposa del maestre de campo don Lorenzo del Risco y Alvarado; doña Marcelina Osorio de los Ríos y Aramendi, esposa del capitán Lucas Rodríguez de España y don Juan Esteban Osorio de los Ríos y Aramendi.

El 10 de Octubre de 1,781, el general Felipe Osorio de los Ríos otorgó un codicilo ante el mismo escribano, disponiendo en una de sus cláusulas:

"Que la casa de su continua morada, por justas y legitimas razones, que para ello le asisten, la posea en propiedad su hija doña Tomasa Osorio de los Ríos y Aramendi, en la cantidad que se la compro, con la condición de que a cada uno de sus hijos legí­timos, don Juan Esteban y doña Marcelina, hermanos legítimos de la dicha dona Tomasa se les de lo que les toca, respectivamente, a la cantidad en que se compro; haciéndose cargo, asimismo, de pagar los censos que sobre si tenia la citada casa que se reducen a 3,000 pesos: Ios 1,000 al convento de las Mercedes, y los 2,000 pertenecientes a la capellanía, de que es capellán propietario su hijo don Juan Es­teban".

Quedando así, pues, doña Tomasa, como dueña absoluta de la casa de sus difuntos padres.

Los Ochaita y Urquiaga propietarios de la casa.

El 19 de Agosto de 1,802, don Lorenzo del Risco y Alvarado y su esposa dona Tomasa Osorio de los Ríos y Aramendi, vendieron la casa que por mas de 45 años habían habitado los Osorio y Aramendi, al ayudante ma­yor de infantería Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga y que por entonces tenia los siguientes linderos:

"por el costado derecho, con una casita pequeña que fue de Mónica Pereda; por el otro costado con otra casa que compro dicha doña Tomasa Osorio a dona Josefa Aciego, que se halla inmediata a las casas capitulares; por la testera o espalda, con la calle vieja de Huamán, frente a la casa de las señoras Prieto; por un costado de la huerta con la casa de don Francisco Pover y la del conde de Olmos; y por el opuesto, con las de doña Juana Rosa de las Alas y doña Francisca Sánchez; y el frente princi­pal de dicha casa, con la plaza mayor de la ciudad".

El 13 de Septiembre de 1,802, don Lorenzo del Risco y don Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga, otorgaron una escritura de aclaración sobre la venta de la casa, "con el fin de evitar dudas y confusiones con el transcurso del tiempo", respecto a dos habitaciones que comunicaban al patio principal, al lado derecho de la entrada, las que teniendo sus puertas y una ventana alta al pa­tio, no entraban en el contrato; pues, pertenecían a la otra casa de don Lorenzo, contigua a las casas capitulares; comprometiéndose don Juan Antonio, a no cerrar en ningún momento la mencionada ventana alta que se abría al patio princi­pal de su nueva casa y don Loren­zo a desocupar y clausurar las puertas de las habitaciones.

Don Lorenzo del Risco y Alvarado y su esposa, también fueron dueños de la ca­sa contigua a la principal de su morada, comprada du­rante su matrimonio, y que lindaba por la derecha entrando, con las casas capitulares; casa que años mas tarde, fue propiedad de don Juan Esteban Ganoza y Orbegoso y de su esposa doña Manuela Calonge y Ochaita.

Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga, fue natural del Señorío de Vizcaya de los reinos de España, señorío que se consideró como solar único de nobleza. Sus antepasados fueron nobles hijosdalgos de sangre, con todos los privilegios que les concedía el de­recho castellano y con los especiales inherentes a sus propios fueros. Fue hijo legítimo de don José de Ochaita y de doña Catalina de Ur­quiaga y Aguirre, naturales del referido señorío, y se caso en la ciudad de Trujillo del Perú, el 23 de junio de 1,798, con su prima hermana, doña Petronila de Urquiaga y Anachuri, natural de Trujillo e hija legítima del regidor perpetuo del Cabildo, don Tiburcio de Urquiaga y Aguirre y de do­ña Petronila de Anachuri y Rucoba.

La ciudad de Trujillo del Pe­rú proclamó su independencia de la Corona Española el 29 de Diciembre de 1,820, motivo por el cual todos los patriotas europeos residentes, solicitaron del Supremo Gobierno, les conceda “Carta de Naturaleza", de naturalización, car­tas que se encuentran inscritas en el "Libro Cívico de Tomas de Razón, de Cartas de Ciudadanía y Naturaleza, de los europeos, que han obtenido para quedarse en América Libre", fechado en 1,822. Don Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga, se encuentra entre los europeos que solicitaron su naturalización peruana, jurando sostener la independencia de toda dominación extranjera, con su vida, honor y propiedad.
Desde la independencia, el territorio de la antigua Intendencia de Trujillo, se hallaba libre de tropas españolas; sin embargo, ante la evidencia de insurrecciones realistas en Otuzco y Chachapoyas, el marqués de Torre Tagle, su primo el marqués de Bellavista, don Manuel Cavero y Muñoz Bernaldo de Quiróz y el Coronel Pedro Antonio Borgoño, tomaron providencias para develarlas, reuniendose secretamente en la casa del doctor don Juan Antonio de Andueza, Rector del Seminario de San Carlos y San Marcelo, reconocido patriota; decidiendo formar un regimiento de infantería y uno de caballería, los que al mando de don Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga y de don Gerónimo de la Torre, hicieron su entrada a la ciu­dad en 1,823, lo que contribuyó a aumentar el espíritu patriótico de los vecinos al contemplar en sus filas a muchísimos jóvenes de las mejores familias trujillanas.

En marzo de 1,824, el Libertador de Colombia y Dictador del Perú, General don Simón Bolívar, Llegó a Trujillo investido de suprema autoridad política y militar. La amistad entre el Libertador y don Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga fue fruto del mutuo reconocimiento de sus ideales patrióticos, los que impulsaron a don Juan Antonio a brindarle su esplendida casa de la plaza mayor, desde la cual el Libertador, en marzo de 1,824, organizó gran parte de la campaña emancipadora y promulgó decretos, declarando a Trujillo Capital de la República del Perú, creando la Corte Superior de Justicia y declarando culpables de la pena capital a los defraudadores de las rentas públicas.




El Banco Central de Reserva del Perú, propietario actual de la ca­sa, guarda celosamente un elegante escritorio del siglo XVIII, que se dice fue usado por Bolívar y que forma parte del mobiliario histórico de la antigiia casa Trujillana.

Don Juan Antonio de Ochaita y Ur­quiaga fue dueño de la hacienda "San José de Buena Vis­ta" ubicada junta al pueblo de Santa Lu­cia de Moche, pintoresca heredad posteriormente conocida como "La Haciendita", comprada a doña Manuela Huerta y Gorostizaga, esposa del teniente de infantería don Manuel José de Castro y Cárdenas y que perteneció anteriormente a la señora marquesa de Herrera y Valle Hermoso, doña Juana Joaquina Roldan Dávila y Cavero.

Don Juan Antonio y doña Petronila tuvieron dos hijas: doña Josefa de Ochaita y Urquiaga, esposa de Manuel Calonge y Ortiz y doña Petronila de Ochaita y Urquiaga, esposa de José Maria Calonge y Ortiz, dos hermanas casadas con dos hermanos. Don Juan Antonio otorgó poder para testar a favor de su esposa, instituyendo por herederos universales de sus bienes a sus dos únicas hijas. Falleció en Octubre de 1,832 a la edad de 60 años; sus restos encontraron descanso en la iglesia del convento de nuestra Señora de las Mercedes, Su viuda le sobrevivió por más de 20 años.

Doña Petronila de Urquiaga y Anachuri, instituyó por manda testamentaria, co­mo heredera de su esplen­dida casa principal de la pla­za mayor, a su hija doña Josefa de Ochaita y Urquiaga; falleciendo en 1,853.

Doña Josefa de Ochaita fue natural de la ciudad de Tru­jillo y se caso el 11 de noviembre de 1,819 con don Manuel Calonge y Ortiz, na­tural de Panamá. Aun se recuerda con respeto, cariño y admiración a tan noble y ejemplar matrona trujillana, de profunda convicción cristiana y de ejemplar amor maternal, virtudes que dieron pie a una de las más tiernas y conmovedoras tradiciones trujillanas, relatadas por Carlos Camino Calderón.

Dona Josefa también heredó de su madre la hacienda de "San Agustín", cerca del pueblo de Moche; y poseyó en propiedad la hacienda Llaray, situada en Santiago de Chuco.

Don Manuel Ca­longe y doña Josefa de Ochaita tuvieron "muchos hijos", de los cuales vivieron 6: doña Manuela Calonge y Ochaita, esposa de don Juan Esteban Ganoza y Orbegoso, dueños de la casa colindante ubicada en la plaza mayor, comprada du­rante su matrimonio y que perteneció a su nieto el doc­tor Guillermo Ganoza Var­gas; doña Petronila Calon­ge y Ochaita, esposa de don Manuel Urquiaga; el doctor en jurisprudencia don Ber­nardino Calonge y Ochaita, casado con doña Rosa Ga­noza Cavero; el doctor en Medicina don José Belisario Calonge y Ochaita, residente en la ciudad de Lima; el señor don Pedro Calonge y Ochaita, comerciante y residente en Huaylas, departamento de Anchash, y el se­ñor don Tiburcio Calonge y Ochaita.
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Dona Josefa vendió su ha­cienda Llaray a su hijo Ber­nardino, por el valor de 20,000 soles de plata, comprometiéndose a pagar los intereses del principal. El doctor Calonge por más de veinte años pagó a su señora madre puntualmente y con creces los intereses convenidos. Doña Josefa de Ochaha decidió reedificar su antigua casa principal de la plaza mayor, pidiendo a su hijo Bernardino que corra con los gastos. Al término de la reedificación y nueva fabri­ca de la casa, doña Josefa dispuso por cláusula testa­mentaria, que sus herede­ros otorguen escritura de cancelación de deuda a fa­vor del doctor Bernardino Calonge y Ochaita, por los 20,000 soles de plata correspondientes al valor de la venta de la hacienda Llaray, por haber sido pagada en su totalidad y con exceso, con los gastos realizados en la reedificación y nueva fábrica de la casa.




La reedificación de la Casa Ochaita y Urquiaga se hizo a mediados del siglo XIX, dentro de las líneas del estilo neoclásico reinante en esa época; respetando su antigua traza y conservándola de una sola planta. La casa lució una nueva fachada con la adicion de elementos arquitectónicos característicos del estilo ya citado: una alta portada labrada toda en madera y balcones de antepecho construidos de fierro; el patio principal se redujo, por la construcción de una habitación a la derecha de la entrada, los antiguos corredores de columnas y barandas de balaustres torneados en algarrobo, fueron reemplazados por un esbelto pórtico de orden dórico; orden que también fue utilizado en el tercer patio. En el traspatio se construyo un pórtico de orden jónico y, las puertas de "tableritos" y ventanas antiguas de made­ra fueron cambiadas por nuevas puertas de madera y ventanas de rejas de fierro correspondientes al nuevo estilo.

Por este tiempo, se doto a la casa con una bella fuente de agua, labrada en mármol, ubicada en el traspatio y conservada hasta hoy. Doña Josefa de Ochaita y Urquiaga viuda de Calonge, otorgo testamento en Mayo de 1883, instituyendo por herederos universales a sus hijos legítimos. Falleció el 10 de Noviembre de 1884 y sus restos descansan en el cementerio general de Miraflores de Trujillo.

El 28 de Octubre de 1886 se realizo la división y participación judicial de sus bienes, correspondiendo "la casa principal de la plaza mayor", valorizada en 14,650 soles plata a don Bernardino, a don Manuel Antonio y a don Belisario Calonge y Ochaita. Posteriormente don Bernardino. compró las acciones corres­pondientes a sus hermanos, obteniendo de esta manera la propiedad y dominio ab­soluto del inmueble.

Don Bernardino Ca­longe y Ochaita natural de la ciudad de Trujillo del Perú, doctor en Jurisprudencia, fue casado con do­ña Rosa Ganoza y Cavero, trujillana, hija legitima de don José Félix Ganoza y Orbegoso y de dona Tomasa Cavero y Cavero. Del matrimonio Calonge Ganoza no quedo descendencia. El doctor Calonge, a fines del siglo pasado edificó en el área correspondiente a la huerta de su casa principal, unas casas anexas cuyas fachadas dan a la cuarta cuadra del actual jirón Bolívar.

El 10 de noviembre de 1906, a las nueve de la mañana, se constituyeron en la casa del doctor Calonge y Ochaita: el escribano públi­co Higinio Gutiérrez y el doctor Eleazar Boloña, don Esteban E. de los Ríos y don Carlos Rosse, como testigos del testamento que el doctor Calonge decidió otorgar; nombrando como herederos universales de sus cuantiosos bienes, a sus sobrinos carnales don Al­berto Urquiaga Calonge y don Juan Julio Ganoza Ca­longe. En una de las cláusulas se dispuso que la casa habitación de la plaza mayor y su hacienda Canibamba, situada en Huamachuco, pasen a poder de don Alberto Urquiaga Calonge y sus haciendas Llaray y Porcón a propiedad de don Juan Julio Ganoza Calonge; recomendando que permanezcan siempre en poder de la familia. Dejó además un legado de 10,000 soles de plata para ser invertidos en obras públicas en la ciudad, disponiendo que sus albaceas ejecuten su ultima voluntad. Falleció a los 85 años de edad el 15 de diciembre de 1906 y sus restos también descansan en el Cemente­rio General de Miraflores.

Don Alberto Urquiaga Calonge, heredero y nuevo propietario de la casa, natu­ral de Trujillo, fue casado con la señora Julia Ernestina Jacobs Dávila; matrimonio que tuvo cuatro hijos: don Víctor Manuel, doña Manuela Petronila, don Al­berto Bernardino y doña Ju­lia Maria Urquiaga Calonge.

En enero de 1906, empezó a servir a la ciudad el sistema de agua potable de "Los Filtros", instalado a cuatro kilometros y medio de la plaza mayor; obsequiado por el filántropo trujillano don Víctor Larco Herrera, trayéndose el agua desde la Mochica por medio de cañerías de fierro, las que atravesando la calle del Progreso, hoy Pizarro, surtían de agua las casas y pilas publicas de la ciudad. La primera casa que instalo agua potable fue la de don Alberto Urquiaga Calonge, por entonces alcalde pro­vincial de Trujillo. En aquel tiempo se pagaba al Concejo tres soles mensuales por cada llave de agua de tres cuartos de pulgada.

Don Alberto falleció en Truji­llo el 11 de Junio de 1928, y su casa paso a propiedad de sus herederos: su esposa y sus cuatro hijos por resolución del 20 de julio de 1928 expedida por el juez de primera instancia y confirmada por la Corte Suprema.

A fines del mes de octubre de 1943, la matrona trujillana doña Julia Jacobs viuda de Urquiaga, cedió su elegante y señorial mansión de la plaza mayor, para hospedar al Exmo. Mons. Fer­nando Cento, Arzobispo, Nuncio Apostólico de su Santidad Pío XII en el Perú y Legado Papal, con ocasión de celebrarse en la ciudad de Trujillo el III Congreso Eucarístico Nacional. El Papa condecoro a la señora Jacobs viuda de Ur­quiaga, con la "Cruz Pro Ecclesia Et Pontifice" instituida por el sabio e inmortal Papa León XIII, por su fervoroso espíritu cristiano e indesmayable trabajo en pro del Congreso Eucarístico. A la muerte de la señora Ja­cobs viuda de Urquiaga, sus herederos, el 8 de noviembre de 1951, procedieron a la división y partición de los bienes que poseían en condominio, conviniendo mantener en común y proindivisa la casa familiar ubicada en la cuarta cuadra de la calle Francisco Pizarro, cuya esplendida puerta princi­pal se abría a la plaza mayor de la ciudad.
El 25 de Febrero de 1972 en la ciudad de Lima, don Al­berto Urquiaga Jacobs, por su propio derecho y como apoderado de doña Julia María Urquia­ga Jacobs de Mendoza, esposa del señor Waldemar Mendoza Dupuy; doña Ma­nuela Petronila Ur­quiaga Jacobs de de la Guerra, esposa del señor Antonio de la Guerra Roose; doña Elisa Parodi Lombardi vda. de don Víc­tor Manuel Urquiaga Jacobs y don Víctor Al­berto Urquiaga. Paro­di, otorgo escritura de locación conducción y promesa de venta a favor del Banco Central de Reserva del Perú, del inmueble situado en el jirón Francisco Pizarro Nº 446 - 454 de la ciu­dad de Trujillo.

Por Decreto Supremo Nº 192 del 15 de agosto de 1972, el Gobierno autorizó al Banco a adquirir directamente y sin requisito de licitación pública de ley por, el precio de S/. 4'441,677.50 el inmueble que previamente había sido tasado por peritos del Estado, para funcionamiento de una Sucursal en Trujillo. El 12 de octubre del mismo año, el Banco compró por escritura publi­ca la casa trujillana que por espacio de 170 años había sido la morada de los descendientes de don Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga. Escritura que fue exonerada del pago de los impuestos de ley en merito del artículo segundo del De­creto Ley Nº 18845, porque el predio estuvo dentro de la zona afectada por el sismo del 31 de Mayo de 1970.

La casa conserva como reliquias históricas invalorables el Real Escudo de Armas de España y el Pendón de la Ciudad, que pertenecieron al alférez real don Tiburcio de Urquiaga y Aguirre llevados allí y guardados celosamente por su hija Petronila de Urquiaga y Anachuri, es­posa de don Juan Antonio de Ochaita y Urquiaga, propietaria del a mansión y los retratos del mencionado al­férez real; los de doña Josefa Ochaita de Calonge y de sus cuatro hijos los señores Calonge Ochaita, así co­mo un fino mobiliario y menaje doméstico de época. Todo lo que fue donado por los señores Urquiaga Ja­cobs, y el Banco, después de la inauguración de su es­plendida casa restaurada en 1973, ofrece en exhibición permanente a sus visitantes.




Trujillo del Perú de 2009