domingo, 30 de agosto de 2009

La Casa que Habitaron los Muga y Reyna






Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Fotos
Archivo del Sr. Manuel Antonio Ledesma Jacinto


La Casa que habitaron los Muga y Reyna 


Existió en las proximidades de la iglesia del convento y hospital de Belén; en la actual cuarta cuadra del Jirón Ayacucho (llamada antiguamente Calle de Belén y posteriormente de la Enfermería) una pintoresca casa colonial situada frente a la hoy Primera Comisaría, la cual hasta hace algunas décadas, mostró un especial colorido y melodioso embeleso en el corredor de su patio principal. El dulce aroma que salía de su interior la identificó con los exquisitos pequeños dulces que allí se elaboraban.




Las señoritas Mária del Tránsito y Mária Jesús Muga y Reyna sentadas en el pintoresco patio de su Casa 





Muchas plantas y mucha luz en el patio de la Casa






El corredor y el jazmín del Cabo del patio de la Casa



El encanto de los patios trujillanos estuvo presente en todas las casas antiguas trujillanas. Patios amplios llenos de luz y verdor, bellos lugares en donde el color, la vida y la arquitectura se juntaron para ofrecer un delicado y especial espectáculo. Hasta el presente Trujillo conserva este encanto en algunos patios de sus casas que aún perviven como testigos de una época de bonanza y refinamiento.





Una de las aldabas y los clavos roblones que lució la Casa.



Singular casa trujillana que habitó la familia Muga y Reyna y que hasta las primeras décadas del pasado siglo conservó su fachada conformada por la portada principal con puerta de dos abras y postigo, adornada con decorativos clavos roblones de metal y dos aldabas también de metal representando leones que sostenían en sus fauces argollas, una en cada hoja de la puerta. Completaron la fachada, en su parte izquierda, un balcón de cajón labrado en madera y a la derecha una calesera con puerta de dos hojas. La casa no tuvo zaguán pero si amplio patio con corredor en “L” y mucha calidad en su carpintería de madera y en su albañilería que debió ser realizada a mediados del siglo XVIII.





El reverso de la puerta principal que dió acceso directo al patio



Contó con sala y cuadra cubiertas de fino artesonado de madera de influencia hispano mudéjar, y algunas habitaciones principales cubiertas por vigas de madera y canes finamente trabajados que sostenían un techo de “alfajor de carrizo con coronamiento de barro” como rezan los documentos; sistema de cobertura usado por los maestros de albañilería de esa época. La casa, al igual que otras casas trujillanas, tuvo sus habitaciones nobles sobre un bajo terraplén.





La escalera de dos pasos del corredor del patio



En la década de los cincuenta del pasado siglo el vetusto portón de la casa tuvo que ser cambiado debido a su mal estado, pues la presencia de polillas le había quitado toda su inicial fortaleza. El caballero trujillano don Víctor Mora Marquina compró la destruida puerta con todos sus elementos de metal y los colocó en una nueva puerta que hasta el presente adorna su casa familiar que edifico por esos años. Las señoritas Muga colocaron en la casa un sólido portón de dos abras que perteneció a la portería del convento de San Agustín. El balcón fue retirado con anterioridad y en su lugar se colocó una ventana de fierro de factura republicana.

Erigida en 800 metros cuadrados, a escasa distancia del convento de San Agustín y de la iglesia del convento y hospital de Belén; pervivió hasta el año 1970 en que el terremoto la dejó en ruinas y destinada a desaparecer físicamente para siempre. Lamentablemente no ha quedado ninguna fotografía de la fachada que lucio la casa.





El pasaje central del patio, de lozas grandes de piedra



Noble casa trujillana que en sus últimos momentos, cuando era derruida, mostró orgullosa la calidad de su edificación y el abolengo se sus primeros dueños: En momentos que se estaba derribando la portada principal, la picota desprendió un trozo de yeso que dejo ver la pintura mural original y un escudo heráldico pintado sobre el dintel de su puerta principal. Todo esto sucedió en junio de 1970 bajo la atenta y curiosa mirada de un pequeño habitante de la casa, el niño Manuel Antonio Ledesma Jacinto quien hasta hoy recuerda para contarlo.

Gracias a antiguas fotografías documentales existentes en un álbum de la familia Muga y Reyna, gentilmente proporcionadas por el señor Ledesma Jacinto, hoy podemos volver a ver parte de sus ambientes principales y hacer una descripción simulada de ella, sustentada en tan importantes fuentes de la memoria.





La señorita María del Tránsito en el corredor de piso enladrillado de la Casa



Conocí esa casa, la recuerdo bien y tiene mucho significado en mi niñez y seguramente también para muchos trujillanos que la conocieron y recuerdan su virreinal edificación. El haber iniciado mi educación en el Colegio Hermanos Blanco así como el haber vivido cerca de ella, permitieron que al pasar por su portada, la cual siempre mantenía el postigo abierto de día, descubrí que en el corredor del patio principal habían jaulas con canarios y otras aves cuyos cantos se escuchaban hasta afuera. Fueron muchas las veces que me quede bajo el viejo umbral de algarrobo de la puerta, oyéndoles y tratando de verles aunque sea de lejos.






El niño Manuel Antonio, las jaulas y los canarios en el cálido jardín familiar 



Una de esas tantas veces que permanecí observando las coloridas avecitas canoras, surgió una dama que al verme tan interesado en sus pajaritos se dirigió afablemente a mí y me hizo pasar para mostrarme de cerca las jaulas con sus encantadores habitantes. Inolvidable momento y aún recuerdo con claridad el dulce y simpático aspecto de tan bondadosa dama que era capaz de dar tanto amor a unos diminutos seres que alegres y agradecidos cantaban, anidaban y criaban a sus polluelos, siguiendo los impulsos que la primavera trujillana imponía en su frágil naturaleza.

Muchas veces volví a esa casa a ver los canarios y visitar a su dueña ocupada en cultivar un jardín lleno de azucenas y otras flores que llenaban de aroma y belleza ese soleado lugar del pintoresco y característico patio trujillano. Nos hicimos amigos y cada día sentía que el ser dueño de uno de esos pequeños coloridos músicos me haría muy feliz. Por ese entonces yo tenía 7 años y la dama de los canarios tal vez 40 o algo más.

Un día decidí contarle a mi padre, mi amistad y mi admiración y deseo de tener un canario en casa. Fuimos a visitar a mi amiga y ver sus canarios, decididos a proponerle compra de uno de ellos. Mi amiga nos recibió, nos escucho y me obsequió un canario que puse por nombre Pepito. El canto de Pepito nos acompañó por casi 10 años. Hoy a mis 66 años recuerdo ese momento como uno de los días felices de mi infancia, ocurridos en el cálido patio familiar de la casa. 





Las Jaulas de canarios, la señorita María del Trámsito y el piso enladrillado del corredor del patio.



No fueron muchas en Trujillo las personas dedicadas a la crianza de estas aves, por lo menos yo sabía que se dedicaban a ello las monjas del convento de Santa María de Gracia de Santa Clara la Real, el ornitólogo y taxidermista Juan Ornea y muy cerca de mi casa la señorita Consuelo Padrós cuya familia habitaba la parte principal de “La Casa de las Golondrinas”, emplazada en el cruce de las actuales calle de Almagro y Ayacucho, a un costado de la iglesia de Belén; hermosa casa de sólida arquitectura colonial, desaparecida adrede.

Ahora sé que la casa que habitaba mi amiga con su atrayente patio lleno de música, color y dulces aromas, fue propiedad del convento de nuestra Señora del Carmen y que en ella habitó, desde mediados del siglo XIX, la distinguida familia Muga y Reyna, la que arrendaron en un principio y luego compraron en 1934 a las monjas carmelitas descalzas de Trujillo.

Esta familia estuvo conformada por don Manuel Buenaventura Muga del Campo, chiclayano y funcionario del Tesoro Público, su esposa doña Rosario Reyna García y sus cinco hijos: Manuel Felipe, Manuel Rosendo, María Delia, María del Tránsito y María Jesús Muga y Reyna; los mayores fallecieron a temprana edad, sobreviviendo las últimas, quienes fueron ahijadas de bautizo de los hermanos Blanco y Martínez fundadores del Colegio Hermanos Blanco también conocido como Belén; integrando la primera promoción de alumnas salidas de esas aulas. Los Muga y Reyna fueron emparentados con las familias trujillanas Merino y Reyna, de La Rosa y de Cárdenas. Las señoritas Muga y Reyna fueron primas hermanas de la madre del Dr. Víctor Raúl Haya de la Torre.




Sra. Rosario Reyna Gracía




María Jesús Muga y Reyna




María del Tránsito Muga y Reyna


Doña María del Tránsito, poetisa, dibujante y políglota falleció en 1962 a la edad de 95 años y doña María de Jesús falleció en 1969 a los 97 años. Son muchos los trujillanos que las conocieron y aún recuerdan a estas damas trujillanas.

La familia Muga y Reyna elaboraba una gran variedad de dulces, entre estos unos alfajores pequeños; y por sobre todo uno llamado “Pasta trujillana” a base de semillas de zapallo, que salían de esa casa para hacer la delicia de los más refinados paladares trujillanos, tradición que duró por muchos años. Al respecto el tradicionista Santiago Vallejo en su obra “Trujillo en Estampas y Anécdotas” publicada en 1952, cuando trata sobre las viejas calle de Trujillo refiere: “Calle de la Enfermería, la del costado del colegio Modesto Blanco. Allí estaba la enfermería de mujeres, teniendo al lado la vieja casona de la familia Muga, de esclarecida estirpe y dueña de la fórmula de esos alfajores inefables que por muchos años han salido de esa casa.”

Ahora también se que mi original amiga se llamaba Francisca Salinas Correa y fue ahijada de la madre de la señorita María del Tránsito Muga y Reyna, poseedora de la casa; y fue cariñosamente llamada por sus amistades “Panchita”. Todo esto lo sé gracias al heredero de la señorita Francisca, el señor Manuel Antonio Ledesma Jacinto que nació y hábito esa casa. 





La señorita Francisca Salinas Correa.


Doña Francisca pasó muchos años rodeada de canarios que alegres cantaban a la vida, azucenas de blancas flores que irradiaban pureza, y un hermoso y perfumado jazmín del Cabo que adornaron ese patio trujillano, enmarcado por un corredor sostenido por cinco columnas de madera con zapatas labradas en madera, puertas talladas de medallón de estilo rococó fabricadas de finas maderas importadas de centro América y Guayaquil, ventanas con sus andanas de oscuros balaustres torneados en corazón de algarrobo, piso enladrillado y pasajes de grandes lozas de piedra, todo esto tan bello y característico de la arquitectura desarrollada en Trujillo en tiempos virreinales.




Dos religiosos franciscanos disfrutando de las azucenas del jardín en el ángulo izquierdo del patio.


El alegre repique de las campanas de la iglesia de Belén, la generosa campana que anunciaba el recreo del alumnado del Colegio Hermanos Blanco y media cuadra más allá el gorjeo de los canarios de la señorita Francisca, se aunaron para dar brillo, por esos años, al paisaje arquitectónico existente en el cruce de las calles Diego de Almagro y Ayacucho, paisaje conformado por la iglesia del convento y hospital de Belén, el colegio Hermanos Blanco y la Casa de las Golondrinas en cuyo zaguán colgaban sus nidos y se echaban a volar piando, bandadas de alegres golondrinas.



Francisca y María del Tránsito



La señorita francisca, la Dama de los Canarios, como yo la llamo, vivió hasta hace justamente 10 años, falleció a los 94 años de edad y fue un símbolo de esa casa tan conocida y recordada por la calidad de sus ocupantes y el aroma de sus dulces.



Trujillo, julio de 2009





Fotografias que ilustran la desaparecida casa.





Ángulo derecho del patio de la Casa






La puerta de entrada a la habitación del balcón






Lado izquierdo del patio de la Casa



Un especial agradecimiento al Sr. Manuel Antonio Ledesma Jacinto, propietario de las fotografías y de los recuerdos de la casa en que nacio y pasó los primeros años de su vida.