jueves, 2 de diciembre de 2010

Carlos Camino Calderón. "Un Señor de Carácter"




Tradiciones de Trujillo



Un Señor de Carácter


El señor Don José Félix Vásquez de Ganoza y de Orbegoso — trujillano de quilla a perilla —- era hijo de Don Mariano Vásquez de Ganoza y Cañas, caballero avecindado en Trujillo desde fines del siqlo XVIII, y de doña Mariana de Orbegoso y Moncada, de la casa de los Condes de Olmos, dama que a una gran distinción unía una exquisita cultura.

Por su hombría de bien, su prestancia y su boato, Don Mariano había merecido el honor de ser presentado, por el Cabildo de Trujillo, como postulante a un título de nobleza. Y por la universalidad de sus conocimientos y lo avanzado de sus ideas— un grave pecado, en esa época —Doña Mariana había sido acusada por la Inquisición, de cuyos ataques se había defendido personalmente y con brillante éxito.

No obstante que Don José Félix era noble por el lado del Evangelio y por el lado de la Epístola, ya que como a Ganoza le correspondía escudo cuartelado con dos cruces en azur, iglesia de sinople, y león rampante en campo de gules; y por Orbegoso lobos pasantes, y tejo copado en campo de plata y águilas explayadas con orla y 8 aspas de oro, Don osé Félix — de acuerdo con los principios democráticos — había mutilado su patronímico hasta dejarlo en Ganoza mondo y lirondo.

Dicho sea de paso, igual mutilación hicieron, también, los flamantes republicanos Martínez de Pinillos, Ortíz de Calonje, Fernández de la Reguera, Riva de Neira etc., que se convirtieron en Pinillos, Calonje, Rivadeneyra; y los del Risco, de Luna Victoria, de Urquiaga etc., que se volvieron Risco, Luna Victoria, Urquiaga...

Don Félix Ganoza— que se había casado con Doña Tomasa Cabero y Cabero hija de los marqueses de Bellavista — empezó a trabajar en la hacienda "Santa Elena" del Valle de Virú, de la que eran propietarios su esposa y los hermanos de ésta señora.

En esa hacienda, quemando carbón, rajando leña, cosechando maíz, y cebando chanchos, Don José Félix logró amasar un fortuna que le permitió comprar sus respectivos partes a sus cuñados, y quedar como único propietario del fundo.

Bien merecía esa posición el hombre que durante tantos años, había trabajado en las más rudas condiciones; levantándose con los gallos y acostándose con las gallinas; regando los campos con el sudor de su frente; moliéndose las nalgas en la montura; luchando con los hombres y con la naturaleza, sin más compensaciones que uno que otro ratito de huaquear en los gentilares del Castillo, o un ajiaco de cañan y un poto de chicha con pata de toro, a la moda de Guañape, ó un checo de aquellas ciruelas de Virú, que han hecho decir: "la cirgüela de Virú! la más dulce del Perú".. .

La perseverancia y la energía — y el apoyo que había recibido de sus cuñados, desmintiendo aquello de cuñados en paz y juntos ¡señal de que están difuntos! — habían convertido a Don José Félix en uno de los más respetables y acaudalados trujillanos de esos tiempos...





Casa Familiar de los Ganoza Cavero en la Plaza Mayor de la Ciudad


De la perseverancia y energía que acompañaron a Don José Félix hasta el fin de su vida, puede dar idea el siguiente hecho ocurrido en Trujillo cuando su fortuna estaba ya consolidada: todas las tardes, acabada la merienda, Don José Félix acostumbraba dar unas vueltas por la Plaza de Armas. De allí — recorriendo las calles del actual jirón Francisco Pizarro que antes llamaban de la Merced, de las Cajas Reales, del Mirador de Santa Clara, y del Estanque — llegaba a la que hoy es Plazuela del Recreo donde estaba la Atarjea que surtía de agua a la ciudad, y en cuyas inmediaciones habitaba su íntimo amigo Don Manuel Gonzáles.




Casa de don Manuel Gonzáles en la Plazuela del Recreo


Los dos amigos tomaban asiento en viejas sillas de nobles maderas coloniales, y echaban largos párrafos hasta que la campana del convento de Santa María de Gracia de Santa Clara La Real, daba el toque de Oración...

Una de esas tardes, al ingresar al patio de la casa de Don Manuel, un perro engreído de la familia propinó un mordisco a Don José Félix. El agredido se quejó a Don Manuel, y Don Manuel no hizo caso de la queja.

Don José Félix decidió hacerse justicia con su propia mano. Refrenó su ímpetu, tragó saliva, y se propuso espiar al perro para lo cual no interrumpió sus visitas a la casa de Don Manuel.

Trascurrieron muchísimos días sin que se presentara la ocasión que con tanta perseverancia buscaba Don José Félix. El perro siempre estaba en el zaguán de la casa, pero siempre estaba alerta. Don losé Félix no desesperaba!...

Al fin, una tarde, Don José Félix encontró a su enemigo tendido largo a largo presa de un sueño de plomo. Inmediatamente, Don José Félix —desenvainando el estoque de su bastón — lo clavó en la cabeza del perro exclamando: ¡Cara.. .coles! ¡El que tiene enemigo, no duerme!.. .

Así era Don José Félix Ganoza: ¡un señor de carácter!.



Carlos Camino Calderón