jueves, 22 de julio de 2010

El Edificio del Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo de Trujillo del Perú (1624 - 2010)

A la memoria de Jaime Wester Barrera


Planta del Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo debida al Obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda. Fines del S. XVIII.


Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


Antecedentes Históricos en el siglo XVII

El Documento de Fundación.

“En nombre de Dios Padre, hijo y espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero y de la Bienaventurada siempre Virgen María concebida sin pecado original, y a su honra y gloria de los gloriosos San Marcelo, Papa, y San Carlos Cardenal: Nos los licenciados D. Julián de la Torre y Escobar etc….. por comisión particular y especial que tenemos del dicho Sr. Obispo, para hacer disponer y ordenar las Constituciones que convengan para la educación de los Colegiales que se han de criar y doctrinar en el Colegio Seminario con título de los dichos Santos S. Marcelo y S. Carlos que ahora funda el dicho Señor Obispo en conformidad con lo dispuesto por el Santo Concilio de Trento, cuya comisión y remisión parece por un Auto firmado por su señoría Ilustrísima y de su secretario en 2 de Noviembre de 1624”


El Rdo P. Conrado Oquillas informa en su obra Historia del Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo publicada en 1928:

“El Seminario como toda obra humana ha sufrido muchas evolusiones a través de los tiempos. El hallazgo fortuito en el plantel carolino de algunos restos de fundiciones da pié para juzgar que la casa natal del ilustre Corne no fue el local que hoy ocupa la Universida de “La Libertad” como generalmente se cree, sino el local que forma el área del Seminario en su parte primitiva”.

“En los primeros días de su fundación se construyeron las habitaciones del patio contiguo a la capilla que fue terminada hacia el año 1670 a expensas del ilustrísimo Sr. D. Juan de la Calle y Heredia, obispo de la diósesis, el cual la abrió al público y la dedicó a nuestra Señora de Loreto”.


El Colegio Seminario en le Plano del Dr. Miguel Feyjoó de Sosa.





En el excelente plano mandado levantar por el Corregidor Miguel Feijoó de Sosa en 1763 para su obra “Relación Descriptiva de la Ciudad y Provincia de Trujillo del Peru” se aprecia la ubicación dentro de la ciudad y el área desninada a edificación de Colegio Seminario dentro de la manzana corespondiente; ubicación que hasta el presente tiene , más no el área que aumentó en tiempo posterior. Esta es la evidencia gráfica más antigua que al respecto existe. El colegio está marcado con la letra “O”.






Feijoo mandó levantar un plano de la ciudad de Trujillo confinada dentro de la muralla y en él se aprecia, dentro de su traza, claramente un área destinada al Colegio Seminario adjunta a otra destinada a capilla y la entrada principal del Colegio hacia la actual calle San Martín así como tambien un espacio abierto correspondiente a un pequeño patio o claustro.

Son varios los documentos escritos de esa época que nombran a la segunda cuadra de la actual calle San Martín como la “Calle del Colegio”, lo que evidencia que su única entrada estubo abierta hacia la referida calle.

Es claro que el lugar destinado a capilla se ha conservado desde entonces y posiblemente sea el área destinada desde la fundación del colegio en el siglo XVII. No ha sucedido lo mismo con el área destinada a colegio la que si ha sufrido posteriores variaciones en su área y consecuentemente en su planta.

Cabe mensionar y resaltar que la portada de la capilla que hasta el presente se conserva, es de mucha calidad arquitectonica, belleza e importancia.

El Seminario de San Carlos y San Marcelo en los tiempos del Obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda.


El obispo Martínez Compañón en su obra “Trujillo del Perú En el Siglo XVIII” elaborada entre los años 1779 -89; en el primero de los nueve tomos que la conforman, presenta un plano de una sola planta que él propuso para la nueva edificación del Colegio Seminario. También contempla una imponente portada principal que paresería que no se hizo.

La puerta de entrada esta abierta en la actual calle San Martín y ponia en comunicación a una portería y ante porteria que comunicaban al primer patio del edificio. Lo más destacado de este primer patio es la capilla y llama mucho la atención un cuarto adjunto a ella destinada a castigos impuestos a los colegiales, nombrado “Cuarto de zepo”. Lo de Cepo es bastante fuerte.

Este primer patio estubo comunicado a un segundo patio de menores dimenciones, con habitaciones propias de un colegio y grandes áreal destinadas a recreación y deporte de los seminaristas. El juego de pelota, bochas y bolos, ademas de una mesa de trucos sirvio de esparcimiento a los seminaristas.

Ambos patios están rodeados por una arquería de medio punto sostenida por columnas que soportan la cobertura de un corredor que guarnese a todas las habitaciones del contorno.

La calidad arquitectónica de la arquería propuesta para el primer patio es superior a la del segundo, y esto dada la importancia funcional de las habitaciones y muy en especial de la Capilla. Cabe destacar en este patio la prescencia de puertas con unas pequeñas ventanas apaisadas sobre ellas, a manera de frezquillas. La edificación propuesta por el obispo para el segundo patio se ve más modesta.

Esta planta presenta detalles muy importante: Uno de ellos es la acequia que realizó el servicio de baja policia de los comunes del primero y segundo patio, acequia que en su tiempo fue conocida como “La Acequia del Colegio”, la que saliendo de la caja de repartimiento de las aguas, ubicada en la actual plazuela de Recreo, después de atravezar las manzanas correspondientes continuaba aguas abajo para salir fuera de la ciudad.

La antigua edificación del Seminario realizada por el obispo Martínez Compañón llegó hasta fines de la segunda década del pasado siglo, en malas condiciones. Y no podría haber sido de otra forma pues había sufrido muchos daños causados por fuertes lluvias.

A mediados del siglo XIX se edificó una Torre de Reloj para beneficio del vecindario. El lugar destinado a ella fue la esquina del Colegio y consecuentemente la antigua puerta de entrada fue clausurada y abierta en la actual calle de Gamarra.

De lo fundamental de la planta propuesta por Martínez Compañón para el Seminario, gran parte ha llegado hasta nuestros días y algunas evidencias se perdieron en las primeras décadas del pasado siglo.

Ésta fue la primera y la más importante transformación del edificio del Colegio Seminario, realizada a fines del siglo XVIII por el Ilustrísimo Martínez Compañón.

El viejo edificio fundacional del antiguo Seminario quedó completamente transformado.


El Colegio Seminario en el Plano Topográfico de la Ciudad de Trujillo levantado por el Dr. Felipe Mariano Paz Soldán en 1863.




En el plano del Dr. Paz Soldán se aprecia el área que el Colegio ha conservado desde fines del siglo XVIII correspondiente a la obra del ilustre obispo Martínez Compañón.

La puerta principal del Colegio se abría en la actual calle Gamarra llamada por esa época “Calle de Montes” (86) y su costado lindaba con la antigua “Calle del Colegio” (62).





La Nueva Fachada del Colegio Seminario edificada en 1918 por el Arquitecto Diosesano Santiago Julca.



La nueva fachada del Colegio Seminario - 1918

Para estos año la única puerta de ingreso al deteriorado edificio del Seminario ya estaba emplazada en la actual calle  Gamarra. La antigua entrada de la “Calle del Colegio” fue clausurada tiempo atrás al construir la pintoresca torre del reloj..

La torre del reloj público edificada hacia 1857, aún de mantenía imponente en la respectiva esquina del ruinoso edificio del Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo.

Los viejos muros de la fachada con sus altas, pequeñas y desiguales ventanas, así como algunas paredes de las aulas edificadas por Martínez Compañón, con el paso de los años se habían convertido en un serio peligro para los seminaristas.

La ubicación del Colegio Seminario tan cercana a la muralla y a los desaseados arrabales formados en ese lugar, siempre fue causa para una serie de situaciones que atentaron contra la salubridad de los estudiantes y el cuidado del edificio, que siempre sufrió la indiferencia de un Cabildo que nunca se interesó en estos lugares apartados del centro de la ciudad. Por este tiempo la esquina del Seminario formada los las calles San Martín y Gamarra se habían convertido en un urinario público y mal oliente.

Todas estas razones permitieron que al llegar el año 1918 el antiguo edificio del Colegio Seminario atentara contra el ornato público, lo que causó gran preocupación en sus autoridades, pues por esos años la ciudad entera se estaba preparando a celebrar el Primer Centenario de la Independencia Nacional y luego en 1924 se celebraría el Tercer Centenario de la fundación del Colegio Seminario. Era urgente darle al deteriorado edificio una nueva imagen acorde a su gran prestigio académico e Institucional.

El primero de enero de 1918 el Rdo. P. José Ferrando, Rector del Seminario, firmó un contrato con el arquitecto diocesano Santiago Julca para la edificación de la nueva fachada. Tras serios contratiempos debidos al incumplimiento del arquitecto, la nueva fachada que lucio el Colegio Seminario es la que muestra la magnífica foto tomada a su conclusión.

Para una ilustración y comprensión más exacta de la edificación de la nueva fachada, se transcribe parte del documento publicado en “Historia del Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo” escrita por el Rdo. P. Conrado Oquillas en 1928.
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“La obra material de mayores arrestos llevada a cabo en el seminario durante el Rectorado que venimos historiando fue la refacción total de la extensa fachada del plantel que tiene 120 metros de frente. Aunque no hemos visto fotografías de la antigua fachada del Seminario, sin embargo por las noticias de aquellos que la conocieron antes de su refacción, podemos decir que presentaba el aspecto más pobre. Hasta el Municipio se despreocupaba del arreglo de la caricatura de vereda que corría todo a lo largo de la calle. Los colegiales nunca transitaban por ella, pues la vereda de enfrente aunque mala era una bendición frente a su vecina. La pared nuestra del seminario que daba a la vía pública parecía un muro informe de convento antiguo, desigual con entrantes y salientes a granel, reñidos con la estética más rudimentaria, apenas si había cornisa sobre ella. Las ventanas abiertas en el muro que estaban cortadas por distinto patrón eran pequeñas en demasía para dejar pasar la luz y la ventilación tan necesaria para las habitaciones en que se agrupa mucha gente joven, y para colmo de gusto antiestético estaban aseguradas con barrotes que le daban figura de ventanas para presidiarios. La esquina del seminario que está entre las calles de Gamarra y San Martín, servía para los más humildes menesteres de la vida y era un foco de emanaciones antihigiénicas. En fin más que pared de Colegio, era un murallón abandonado en los arrabales de una población medianamente culta”.

“Por eso una vez que se pudo conseguir algún dinero se empleó en dar a la fachada del Seminario un aspecto más alegre y más en concordancia con los tiempos en que vivimos y con los altos fines que persigue un plantel de educación e instrucción.

Presentado el proyecto al Ilmo. Prelado, lo aprobó en todas sus partes, dando licencia para emplear en la obra un dinero proveniente de consolidaciones de fincas enfitéuticas de la Institución y llamado a su presencia el arquitecto diocesano señor don Santiago Julca se formuló el contrato en virtud del cual dicho señor arquitecto se comprometió en el término improrrogable de noventa días a construir la fachada y las cinco clases de estudio que debía reformar en la parte del edificio comprendida entre el canal de desagüe que estaba cerca de la portería y el salón de dibujo, a nivelar las paredes, a calzar con ladrillo las partes deterioradas, haciendo de modo que el salitre que las maltrataba desapareciese por completo, a construir un zócalo con un roñón y contra zócalo de ladrillo y entre ambos colocar un fondo de cascote de ladrillo; a colocar en la pared frontera a la calle de gamarra catorce grandes ventanas y tres ventanas iguales en la pared frontera a la calle de San Martín; a poner en dichas ventanas rejas de hierro con puertas mamparas con sus picaportes respectivos; a pintar la torre del reloj público; a construir dos pilastras de ladrillo estucadas con yeso como toda la frontera, en ambas esquinas del edificio, ya por estética, ya por refuerzo de la pared principal; a demoler las paredes internas del edificio que fuesen necesarias para que las cinco clases indicadas anteriormente quedasen iguales y bien emparejadas, y a sustituirlas por tabiques fuertes colocados en los lugares convenientes: a corregir las imperfecciones que en los pisos y techos resultaren; a pintar al temple todas las paredes interiores; a componer las farolas que dan luz a dichos departamentos y entregar las cinco clases mencionadas en completo estado de seguridad y decencia y por fin a refaccionar el vestíbulo del Colegio colocando zócalo de cemento romano, cornisa de material, empastando de yeso las paredes.

El Rdo. P. José Ferrando Rector del Seminario y con el debido permiso del Ilmo. Señor Obispo se comprometió a pagarle la cantidad de 5,562.50 soles en tres entregas….”.

La nueva fachada que el Colegio Seminario lució fue muy diferente a la fachada que el Colegio tuvo en época virreinal, lográndose de esta manera un edificio mucho más seguro, higiénico y cómodo para sus habitantes los seminaristas de San Carlos y San Marcelo de Trujillo. La obra se completó con el embellecimiento de la puerta de ingreso.

Ésta fue la segunda transformación de la fachada e interiores del edificio del Colegio Seminario, realizada por el arquitecto diocesano Santiago Julca en tiempos del reverendo padre Rector José Ferrando.


La Edificación de los Altos del Local del Colegio Seminario Realizada en 1921 - 24 por el Arquitécto Daniel Guerra


La nueva fachada inaugurada en 1924 para la Celebración del Tercer Centenario de Fundación del Seminario.

Tras la edificación de la nueva fachada del Colegio Seminario y la reedificación de algunos ambientes destinados a los estudiantes realizada por el arquitecto Julca, el número de alumnos fue en aumento, al contar con un nuevo edificio que ofrecía mucha seguridad e higiene, tan necesarios para edificios destinados a fines educativos.

En el año 1921 el número de alumnos llegó a 272, lo que demando la edificación de nuevos espacios, los cuales se lograron con la edificación de una segunda plata.

Para una mayor ilustración y comprensión más exacta de esta edificación de segunda plata, se transcribe parte del documento publicado en “Historia del Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo” escrita por el Rdo P. Conrado Oquillas en 1928.
“La obra material más importante de este rectorado ha sido sin duda la construcción de un nuevo piso de 80 metros de longitud en el que están hoy instaladas las habitaciones de los profesores y el salón destinado a biblioteca.

Como en el año escolar de 1921 la parte baja del local del seminario ya no era suficientemente capaz para el rápido aumento del número de alumnos que llegó en ese año a 272, fue necesario un nuevo piso destinado a celdas para los profesores, con el fin de que las habitaciones que hasta entonces habían ocupado quedasen libres para los colegiales.

El seminario no tenía la holgura económica que era necesaria para una obra presupuestada en 18,000 soles. Pero la comunidad con el debido permiso de su superiores Mayores, dejó de percibir sus pequeños sueldos durante una larga temporada, y con algunos ahorros y privaciones considerables se pudo llevar la obra a feliz término. No faltaron dificultades, pero todas ellas se vencieron aunque no con la rapidez que se hubiera deseado.

Se firmó el contrato con el arquitecto D. Daniel Guerra que se comprometió a dejar las habitaciones en el plazo de 90 días improrrogables.

Se comenzaron las obras el 18 de Octubre de 1921 y el 18 de Enero de 1922 no se tenían aun esperanzas de terminar.

Hubo apremios judiciales y roces entre el Seminario y el Contratista, pero al fin a mediados de abril ya se pudieron ocupar las habitaciones del piso recién levantado. Se paralizaron las obras de ornato por diferentes pretextos en los que el Seminario no tuvo la menor parte; se recomenzaron y se volvieron a suspender.

Siguieron los reclamos y las buenas esperanzas del Contratista, y fue necesaria la celebración del 3er. Centenario de la fundación del Colegio en 1924, para que la obra se diera por terminada, teniendo que pagar la Institución 2,000 soles más de los convenidos para neutralizar los malos cálculos del constructor.

Se revistió la torre que había estado casi tres años en puro esqueleto; se destruyó la que estaba levantada en la esquina del edificio, en la confluencia de las calles Gamarra y San Martín y que tantos disgustos causó al Ilmo. Señor Arméstar y se trasladó el viejo reloj que por espacio de 67 años había funcionado en ella”.
Ésta es la tercera transformación del edificio del Colegio Seminario y es la que hasta hace pocos años vimos y hoy recordamos con mucha emoción los que tuvimos el privilegio de formarnos en tan históricas aulas.

Lamentablemente al poco tiempo de inaugurada la segunda planta se produjo en Trujillo el fatídico aluvión del año 1925 que causó mucho daño a la ciudad y sus valles, destruyendo edificios y causando graves daños a sus campos agrícolas.

El edificio del Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo, recién estrenado, sufrió muchos daños en su interior y fachada tal como se aprecia en la siguiente fotografía de ese año de 1925:


Esta es la fachada del Colegio que perduró hasta hace muy poco tiempo.


En la actualidad el histórico edificio del colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo ha perdido su segunda planta y lamentablemente la torre del reloj que fue un símbolo de puntualidad en nuestra monumental ciuadad de Trujillo del Perú.


VER:
El Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo, Promoción 1959
http://historiadocumentaldetrujillodelperu.blogspot.com/2008/12/colegio-seminario-de-san-carlos-y-san.html

sábado, 10 de julio de 2010

Martínez Compañón - Obrajes Serranos


Indio pastor de ovejas

India pastora serca de su Casa


India pastora pariendo


Indios esquilando ovejas


Indios labando lana


Noques de tinte azul


Indios tiñendo lana

Indios variando lana


Indios cardando lana


Indios urdiendo tela


Indio texiendo


Indios variando lana


Indios parchándola


Indio tiñendo ropa


Indios prensándola


Indios escarmenando lana


jueves, 8 de julio de 2010

Santa Lucia de Moche, su Campiña.








Por
Arturo Jiménez Borja
1937


A la derecha e izquierda del valle del río Moche se extienden enormes arenales que finalizan, al norte con el río Chicama y al sur con el río Virú.

En la margen sur del río, se anida la villa de Moche. Está rodeada de una alegre campiña, lindamente parcelada por tapiales que recortan en cuadros el verde intenso del valle. El río nace en la cordillera, y desde allí baja cantando hasta morir en el mar. A su paso se abren los cerros y las quebradas se derraman en dones; al llegar al llano, el valle se hace amplio, el río se remansa y de él parten muchas acequias y riachuelos que extienden hasta muy lejos, ganando tierra al despoblado, la gracia campesina del valle. Muchas de las acequias conservan aún sus primitivos nombres indios: "Cusap”, “Choc-Choc”, “Sun”, “Pisun” y "Huartaco", y regalan sus nombres a los campos por donde discurren.

Próximo al mar el valle se detiene, la arena de la playa incursiona tierra aden¬tro y la hace impropia para el cultivo. La grama salada se encarama sobre las du¬nas de arena, que ondulando se aproximan al mar. Sobre la playa amplia y dorada chillan las pardelas. Este tramo final del valle rebosa de gracia. En las hondona¬das, el agua de filtración del río, forma grandes charcos de agua quieta, en los que flo¬recen, totora, juncos y enea, en macizos de verde puro.

Los mecheros son fuertes indios costeños, que pueblan este paisaje y se derra¬man a lo largo de valle. Unos viven en la campiña: se llaman los campiñeros. Otros junto al mar: son ios pescadores. Al centro los reúne la villa de Moche.

Sobre la villa y el valle entero, luce espléndido un cielo azul, que cruzan en limpio vuelo los gallinazos sin descomponer la belleza de sus pausados giros.

Más allá, comienza la campiña, fragante a chirimoyos, mangos y tumbos en flor; está regada por grandes acequiones que derivan del río Moche; a sus bordes crece la caña brava que da su espiga airosa, el virulí, que los antiguos mochicas usaban pa¬ra fabricar pequeños cestos.

Casi todos los mocheros son pequeños agricultores; la propiedad está muy di¬vidida y cada jefe de familia cuenta, aproximadamente, con tres o cuatro fanegadas de tierra, que hace producir cumplidamente. La campiña así parcelada, muestra sus alegres cuadros, en los que se sigue cultivando, como antes de los Incas, la yuca, el maní, el fréjol, el ají y el pallar. El viajero que discurre por los caminos del valle, sombreado de pacaes, va divisando los cuidados sembríos de maíz, de camote y papas. Estos agricultores costeños reviven los viejos cuadros y siguen cosechando los mismos dones de la tierra, como lo hacían los antiguos señores del valle. En nuestro Museo Arqueológico, se guarda de esa lejana época, la cosecha mágica, de los frutos del valle, plasmados en arcilla que el sencillo agrícola muchic ofrecía a la divinidad para que ésta se los tornase convertida en poma fragante o mazorca dorada.

Junto a la pequeña propiedad queda la casa familiar; es de sencilla fábrica, y en la mayoría de los casos, se compone de una sola habitación; le sirve de pórtico una fresca ramada sostenida por horcones de espino o pájaro bobo; bajo esta ramada se tienden esteras de enea y sobre ellas se realizan las comidas familiares. Sentados, con las piernas cruzadas o en cuclillas, los mocheros se van sirviendo sus muchas y pequeñas comidas, espaciadas durante el día. Esto se llama causear. Junto a la ca¬sa frondosos mangos y algarrobos le dan siempre sombra, desde allí el mochero contempla sus chacras: la seda crujiente de los maizales o el verde morado de sus parcelas de yuca.

El interior de la casa tiene el piso de tierra fuertemente apisonada, las pare¬des suelen ser de adobe o de caña brava revestida de barro. Cuando los muros son de adobe, el constructor indio dispone huecos en la pared, como alacenas, o repisas corridas. Se colocan esteras colgadas del techo y de esta manera queda convertida la estancia en dos o más compartimentos. El techo está sostenido por cañas de Guayaquil, luego cubierto por caña brava, sobre las que se extiende una capa de barro. Es curioso observar cómo la técnica de construcciones, permanece tan pura; en casas, bastante bien conservadas de las ruinas de Chanchán, se ve este mismo modo de em¬plear los materiales. Al costado de la casa la cocina humea y en el jardinillo las achiras ponen su fuerte nota de color.

Este enraizarse con la tierra ha hecho dulce y comedido el ademán y llena de dulzura la fabla campesina. Este matriarcal ambiente de la campiña contrasta notablemente con la tónica de la vieja cultura muchic; los vasos de la época cantan bien alto la belleza masculina, exaltan el vigor de los guerreros y el gesto fuerte del caudillo, en contraposición con la dulce gracia que hoy domina el valle. Como un eco de varonil apostura, los pescadores de Moche tiene el ademán sobrio y el hablar grave. La tierra es sedentaria y materna, el mar por el contrario es nómade, invita al viaje y a la aventura.






Los campiñeros tienen un hondo sentido de la hospitalidad. Bien pronto, el huésped se siente seguro y familiar. Sentados sobre esteras, discurren de mano en ma¬no, como un rito, el poto de chicha. Cada persona que bebe lo debe hacer en nombre de otra, "con Ud. he tomado" dice cortésmente al terminar y la aludida debe hacerlo

con otra y así sucesivamente. El ceremonial obliga que se beba igual cantidad que la que se nos ha brindado; al terminar, para demostrar que el mate está vacío, se manda volcarlo sobre la palma de la mano y no debe verterse gota. Esto se llama pischcar la mano.

Desde la cocina, la dueña de casa, trae en mates limpios y bruñidos como oro la causa. Este plato no es nada especial, muchas cosas pueden ser motivos de causa: yucas cocidas y doradas, camotes, pescado, choclos tiernos, etc. Se come y se conversa, se recuerda la cosecha pasada que a no ser por la "mosca picalona" hu¬biese sido mejor, se lamenta de lo pachorriento y cancino que es el piajeno (burro) para caminar y de paso se espanta a "Confite" y a "Moscón" que rondan en derredor de la causa; la dueña explica que "Moscón" es perro facineriento, y "Confite", mordelón.

Sentados, en derredor de los potos de causa que se han dispuesto sobre blan¬cos manteles, todos se sirven de ellos con las manos. Comedidamente se toma pedacitos de yuca o pescado cocido que se come lentamente sin apresuramiento de mal tono. Terminada la comida, la dueña se excusa de lo frugal que ha sido la causa y se disculpa diciendo es mi voluntad, poniendo de relieve, que sólo ésta debe tenerse en cuenta. De pronto, una china joven irrumpe; lleva una calabaza grande llena de agua clara, sobre la cual se han deshojado lindas flores; es el aguamanil que se ofrece a los invitados. Delicada cortesanía ésta, que dice del matriarcal refinamiento de estos hogares mocheros perdidos en la verde campiña.

Cuando la tarde llega y las primeras sombras del crepúsculo sorprenden a la reunión, se prende un farol que se suspende de los horcones del huarango que sombrea la casa y todos los concurrentes saludan. "Buenas noches" se dicen unos a otros; es la salutación, por la noche que llega calladamente y que se ha sentado invisible en medio del grupo familiar. "Buenas noches" para que la paupica, la menuda lechu¬za que cruza chillando, no sea mal presagio; para que al tornar los invitados a sus hogares, cruzando los senderos de la campiña, no grite lejos, en la oquedad de la noche "el ahogau" aquel campiñero que murió una noche de regadío en los acequiones... Pero bien pronto los compadres enhebran su fabla llena de picardía y todo el mundo atiende y se sonríe. Se dice que uno de ellos, lleva muy cosida en los ribetes de la ro¬pa la misquichilca, hierbita del amor, que cuando las lagartijas están en celo, el macho la lleva prendida en los dientes para que al aromado reclamo, acuda la hem¬bra brillante como una gema.






Llegada la noche todos se despiden y retornan a sus casas. Por los caminos empolvados de obscuridad, un niño indio, va haciendo luz con un farol; los sauces que crecen junto a la acequia brillan cubiertos de rocío. Por estos mismos caminos, hace cientos de años, los indios muchic se fueron caminando hacia la Historia, como hoy estos otros indios, mocheros, fuertes y graves que van por los senderos del valle con los pies desnudos.

San Isidro labrador es patrón de la campiña. Bajo su amparo las yemas tier¬nas se hinchan y se transforman en hojas o en flores. Cada 15 de Mayo desfila en procesión por el pueblo bajo arcos de pomas maduras. Sobre las andas a manera de ofrendas se pone flores y puñados de tierra fresca. Lleva este santo campesino una pequeña palana de plata colmada de frutos que al terminar la fiesta se reparte entre el Mayordomo v el señor cura.

A fines de Primavera los mecheros deciden la limpia de sus acequias, pues los primeros meses del verano baja el río lleno de agua, y es tiempo de "toma libre" que debe ser bien aprovechado. Pasado el verano, comienza el estiaje del río y la cantidad de agua disminuye día a día. Entonces se instala la mita o turno para el riego. Antiguamente la limpia daba motivo a alegres mingas o trabajos colectivos que se realizaban al compás de las cajas y pitos seguidos de sostenidos causeos. Este espíritu colectivo no ha desaparecido del todo y subsiste en algunos aspectos, así por ejemplo tenemos: el arado, el tapeo y el techado.

La campiña está cumplidamente parcelada. La lindan viejos tapiales que se desmoronan al borde de los caminos. Cuando las tapias se resquebrajan mucho, reúnense varios vecinos y se dedican a hacer adobón para restaurar el lindero. Tal es el tapeo. También colaboran unos con otros en el arado y así es frecuente oír decir a las campesinas "mis hermanos están en su arada" —o también— "mi marido se ha ido a darle la mano al compadre Pasión". La arada dura dos o tres días. Las yuntas se alquilan 'por dinero" o por pasto; esto último quiere decir que terminada la cosecha del maizal los bueyes se quedan pastando en el campo que antes araron.

En todas estas faenas los que ayudan no cobran por su trabajo, pero son fina¬mente correspondidos por la dueña de casa que les prepara de antemano chicha dulce y causa reparadora. El techado también es otra práctica comunal que consiste en ayudar al que levanta su casa en dar los últimos toques a la vivienda. Así el espíritu comunal se hace presente y pone su nota fraterna.

En las parcelas se cultiva de preferencia todo aquello que directamente se-rá utilizado en la comida familiar: las yucas, el maní, los zapallos, etc. La lista de los frutos de la tierra no ha cambiado desde los lejanos tiempos de los mochicas y aún hoy día el ají, el pallar, las calabazas y los pacaes siguen gozando del mismo general aprecio y en torno a ellos, como hace siglos, gira la preocupación matriarcal de la siembra cuidadosa.

Tres son las principales clases de yucas: amarillas, negras y coloradas. Se las siembra entre Julio y Setiembre, especialmente en Agosto "pa que el frío no las mate , y se cosechan pasados siete o nueve meses. Verdes son los campos al comienzo, más poco a poco con la madurez se tornan verde morados; bajo la tierra las raíces van juntando su harina blanca y tierna.

Los zapallos en Moche son de varias clases; el de piel verrucosa y cuello cur¬vo y largo se llama loche, el de pellejo verde y luciente como un melón es zapallo mochero y el ancho, cuarteado en tajadas y de cascara verde dorada, es el zapallo iqueño.

El maní es motivo también de muchos cuidados. Se cosecha desde Junio a Setiembre y se come sancochado. Camote, ají, maíz, etc., todos estos frutos se hallan acabadamente reproducidos en la vieja cerámica mochica, lo que indica que estos do¬nes de la tierra eran tan apreciados como lo son hoy en día.

La cerámica que reproduce vegetales se llama "fito-morfa" (de fitos, vegetal y morios, forma) y tenía seguramente un rol mágico. El alfarero al realizarla se esmeraba en conseguir un gran parecido con el modelo y sobre todo en dotar a sus vasos de un tamaño y belleza que superase al original; esta voluntad de forma la explica la asociación mental que realizaba el campesino entre el fruto verdadero y su imagen. Estos vasos son pues la expresión de un anhelo por obtener una cosecha, así de grande y de bella como los huacos lo proclaman.

E. Yacovleff en su último estudio, "Botánica Etnológica", hace una descrip¬ción de gran parte de vegetales utilizados por los antiguos peruanos y al referirse a esta cerámica dice: "El modelo se trata con el mayor realismo posible, pues el obje¬tivo del arte es el de "decir" claramente qué fruto o raíz aspira obtener de sus deidades el donante de la vasija súplica".



martes, 6 de julio de 2010

Caballos peruanos en el Siglo XVIII.



Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


En la Obra en nueve tomos "Trujillo del Perú en el Siglo XVIII "del Obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda se muestran láminas dibujadas a pluma con negra tinta e iluminadas con acuarela de diversos colores, de personajes y temas relacionados con caballos peruanos que habitaron el extenso territorio del Obispado de Trujillo. Los detalles de vestimentas , características de los caballos y sus aperos así como las faenas de campo necesarias para su cría ilustran este apasionante tema . Los títulos de éstas Láminas son originales.



Española a caballo .

Español a caballo .

Trilla de trigo .

Hierra de Yeguas .

Rodeo de Yeguas .

Españolas en litera.


Funcionarios y Militares a caballo

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En la actualidad en la Ciudad de Trujillo del Perú se conserva esta tradición ancestral y amor a nuestros Caballos Peruanos de Paso. Trujillo tiene una Asociación con hermoso local Propio, lugar donde se realizan concursos dos veces por Año .

Si usted desea conocer el hermoso local de la Asociación de Propietarios y Criadores de Caballos Peruanos de Paso de La Liertad , haga Click Aquí :