A la memoria del arquitecto trujillano Manuel Ángel Ganoza Plaza
El Monasterio de Recoletas de Santa Teresa, siempre conocido como el de Nuestra Señora del Carmen de Trujillo
El Comisario General de la Caballería don Joseph Parrales y Montero, noble castellano natural de la villa de Piedra Santa de los Reynos de España, avecindado en esta ciudad, fue casado con doña María Fernández Sierra y tuvo como hija única a la madre María Agustina de Jesús y San Joaquín, religiosa profesa de velo negro del Convento o Monasterio del Carmen, como indistintamente se le llamó, quien había hecho renuncia de su herencia paterna y materna antes de recojerse en ese santo lugar.
El 12 de Junio de 1733, el Comisario Parrales y Montero hizo su carta de testamento, pidiendo ser enterrado en el Monasterio del Carmen y donando a él su rica hacienda y tenería de Malingas con todas sus tierras, pastos y ganado cabrío, situada en términos de la ciudad de Piura, así como también su espléndida casa de morada que hasta el presente hace esquina a la plazuela de la iglesia de San Francisco de esta ciudad y posee uno de los tres únicos y auténticos balcones virreinales que Trujillo conserva, de los muchos que existieron.
La hacienda y tenería de Malignas había sido comprada por el General en remate público por 28,000 pesos, y su casa de morada estuvo valorada en 7,000 pesos. Del piadoso desprendimiento e infinito amor paternal de don Joseph Parrales y Montero nos informa una clausula de su referido testamento:
"ítem es mi voluntad que la dicha hacienda de Malingas y su tenería, con todo lo que le pertenece, aperos, ganados y esclavos con que se hallare al tiempo del fallecimiento de la dicha mi mujer doña María de Sierra, quien la ha de gozar y usufructuar durante su vida, recaiga en el dicho Monasterio de Nuestra Señora del Carmen, para que lo haya y goce perpetuamente como suya, pidiendo como desde luego pido y suplico a la Reverenda Madre Priora, que es o fuere de dicho monasterio y sus religiosas, no la enagenen, por la utilidad que me parece les resultará de mantener dicha hacienda para sus alivios; así como quiero y es mí voluntad que después del fallecímiento de la dicha mi mujer doña María de Sierra, la dicha casa principal de mi morada sea para dicho Monasterio de Nuestra Señora del Carmen, que la goce corno suya propia, disponiendo de ella como le pareciere a su arbitrio, en virtud de esta cláusula manda o legado que le servirá en forma, tal cual otorgo con consentimiento y beneplácito de la dicha mi mujer doña María Sierra, y estando yo la susodicha, otorgo de mi libre voluntad, por lo que me toca y puede pertenecer en cualquier manera, convengo desde ahora para cuando llegue el caso, en que dicha hacienda y casa principal, después de mi fallecimiento sean dichas fincas propias del dicho Monasterio de Nuestra Señora del Carmen, en aquella forma que mejor pueda y haya lugar en derecho para que se guarde y ejecute como en ella se contiene ..."
En otra cláusula el benefactor declaró:
"Y yo dicho otorgante, atento a que no tengo herederos forzosos ascendientes ni descendientes que conforme a derecho me puedan y deban hacer heredar en el remaniente que quedare de todos mis bienes derechos y acciones, después de pagado y cumplido este mi testamento sus mandas y legados y en aquella parte que me tocare y perteneciere; nombro e instituyo por mi único y universal heredero a dicho monasterio de Nuestra Señora del Carmen, para que haya y goce los dichos bienes y la dicha herencia con la bendición de Dios y la mía, así es mi voluntad".
De esta manera el noble vecino trujillano ponía a disposición de las carmelitas descalzas, todo el inmenso caudal acumulado durante su vida, asegurando el futuro bienestar económico del convento al cual había ingresado su única hija, la madre María Agustina de Jesús y San Joaquín.
El muro perimetral del monasterio carmelita trujillano
La casa familiar de los Parrales y Montero cedida a las carmelitas de Trujillo, está ubicada en el crucero formado por las actuales calles de Independencia y Gamarra; su portada principal se abre hacia la calle Independencia y su balcón está en la esquina opuesta, a la de la plazuela del Convento de San Francisco. Cabe anotar que el antiguo balcón de esquma de los Parrales y Montero, edificado en las primeras décadas del siglo XVIII, es el único existente que pone en comunicación con la calle habitaciones de segunda planta, pues lo más usual fue pertenecer a habitaciones terraplenadas de primera planta. La casa que pasó a propiedad del Monasterio del Carmen se halla bien conservada, siendo una de las tres importantes casas de esquina que conjuntamente con la plazuela e iglesia conforman el complejo arquitectónico de San Francisco de Trujillo.
La antigua Casa de los Parrales y Montero hoy conocida como Casa Lizarzaruru
El Comisario General de la Caballería don Joseph Parrales y Montero, falleció a los pocos días de otorgar su testamento. Sus restos mortales descansan en la iglesia de ese Convento que tanto beneficio recibió de tantas otras personas vecinas o naturales de esta ciudad, hasta quedar convertido en una verdadera joya arquitectónica del siglo XVIII poseedora de inmensa riqueza artística.
A su muerte, heredó sus cuantiosos bienes su esposa doña María Fernández Sierra, quien diez años más tarde, al no poder administrar su hacienda y casa, decidió adelantar la donación a favor de las carmelitas descalzas de Trujillo, estableciendo condiciones favorables a ella y a las religiosas.
El documento titulado "Donación, doña María Fernández Sierra a favor de Monasterio del Carmen de esta ciudad, hoy doce de abril de 1743" resulta muy informativo y valioso, razón por la cual una transcripción parcial de su contenido se adjunta a continuación:
Sepan cuantos esta carta pública escritura de donación vieren, como yo doña María Fernández Sierra, vecina de esta ciudad de Trujillo del Perú, viuda del Comisario General de la Caballería, don Joseph Montero, albacea tenedora de bienes del dicho mi marido difunto, instituida por tal en cláusula del testamento, bajo de cuya disposición falleció, dueña y poseedora de la hacienda nombrada Malingas sita en los términos de la ciudad de Piura y una tina que está en la otra banda del río de dicha ciudad y una casa grande en la traza de ésta ciudad, con puertas y tiendas accesorias a la calle, que es la de mi morada, en la esquina del convento y plazueladel convento del señor San Francisco, que hace frente, calle real en medio con la de doña María Margarita de Barrueta y Zubiate; y por un costado calle real en medio, con la casa que fue de doña Ana de Sotomayor y por el otro lado con la de la heredera de doña Magdalena de Espino y por las espaldas y fondo con la de don Alvaro de Ponce; digo que atento a no tener herederos forzosos ascendientes y descientes, porque aunque tengo una hija legítima y del dicho don Joseph Montero mi marido, nombrada Agustina, ésta es religiosa profesa de velo negro y su priora actual en le Monasterio del Carmen de ésta dicha ciudad , y porque la continuación de más enfermedad y otros accidentes me impiden el reparo y providencia del cuidado y aumento de dicha hacienda y tina, y que fue disposición del dicho mi marido, que durante los días de mi vida goce y disgrutase las dichas haciendas y casas y que después de mi fallecimiento pasase todo, con los demás nuestros bienes al dicho monasterio, en que convine por aquel entonces en que me ratifico como si al presente fuere determinado y de mi propia voluntad, considerando el estado y decadencia del tiempo, y que por ser mujer sola no puedo gobernar las dichas haciendas, motivo en que pueden venir en disminución y menoscaba, en grave perjuicio mío y por el consiguiente del dicho monasterio, usando de la facultad que me compete y es prevenida por el derecho y en mi acuerdo de mi voluntad libre he venido en hacer sesión y traspaso y donación de los que el derecho llama intervivos, irrevocable, de la expresada hacienda tina y casa, mis esclavos y demás bienes muebles que poseo, a dicho monasterio del Carmen, para que por mano de sus prelados y administradores de sus rentas, se arrienden las dicha hacienda y tina, con la precisa condición y calidad de que todo lo que producieran e importaren los arrendamientos, los cobren y recauden por su propia mano, y durante los días de mi vida me los entreguen enteramente para mi mantención y gastos precisos de mi familia y que yo los convierta en lo que me pareciere y por más bien tuviere, y después de mi fallecimiento, pasen las dichas haciendas y tina y casa y demás bienes muebles y esclavos que hoy poseo, al referido monasterio para por perpetuamente, según y en la conformidad que el dicho don Joseph Montero, mi mando, lo dispuso en el dicho su testamento, guardando su orden en la asignación de la memoria y capellanía que en él se expresa y que con condición de que perpetuamente todos los años en el aniversario o conmemoración de los difundos, despuésde mi fallecimiento, hade tener dicho monasterio obligación de mandar decir dos misas cantadas con su vigilia y responsos, la una por mi alma y la otra por el del dicho mi marido. Así mismo es calidad y condición de la donación, que el dicho monasterio y sus administradores han de cobrar y recaudar todo cuanto se me está debiendo de los arrendamientos de la dicha hacienda y tina y entregarme todo lo que así cobraren o la cantidad que yo pidiere o hubiere menestere de los dichos arrendamientos recaudados, que sean para lo cual, en caso necesario, le doy el poder que se requiere a los dichos prelados o administradores de dicho monasterio en su hecho y causa propia, con todas las facultades precisas y necesarias en derechos, que doy por repetidas expresamente de verbo adverbun.
Gregorio Obispo de Trujillo
Doña María Fernández Sierra
Fernández Montejo Pedro. Esc. Púb. 1743. Leg. 344. fol. 510. ARLL.
Doña María Fernández Sierra, anciana y enfermera, había puesto a disposición de los administradores del Convento Carmelita de Trujillo el manejo de su casa y hacienda, con la expresa condición que sólo después de su muerte, los bienes y sus rentas entrarían en poder de esas religiosas, tal como lo dispusiera también su difunto esposo.
Las carmelitas establecidas en Trujillo hacia 1724 edificaron su primera iglesia en la esquina formada por el crucero de las actuales calles de Bolívar y Estete, esquina que por más de un siglo se la conoció como "La Esquina del Carmen Viejo" Esta primera edificación, pequeña y modesta destinada al culto, pronto les quedó corta a las exigencias de las religiosas, emprendiendo la edificación de una nueva iglesia en la esquina formada por las actuales calles de Bolívar y Colón, lugar en que actualmente se emplaza el actual Templo Carmelita.
El doctor Miguel Feíjoo de Sosa en su obra titulada "Relación Descriptiva de la Ciudad y Provincia de Trujillo del Perú", escrita en 1763 refiere:
"El Monasterio de Recoletas de Santa Teresa se erigió en esta ciudad el año de mil setecientos veinte y cuatro. Sus primeros fundadores fueron cuatro y vinieron de la ciudad de Quito, siendo recibidas el cinco de diciembre de dicho año, y gobernando el Reyno del Perú el Virrey Marqués de Castel Fuente. Están sujetas al Ordinario. El Obispo Fray Juan de la Calle dio veinte mil pesos, para principios de su fundación, la que mucho después hizo, y perfeccionó, como principal benefactor el Obispo don Fray Jaime de Mimbela. Cuando estaba para estrenarse una Iglesia hermosa, y de sobresaliente arquitectura a expensas de don Vítores de Velasco, vecino que fue de esta ciudad, sobrevino el temblor referido (02 de setiembre de 1759), que la ha dejado del todo arruinada, e inservible, maltratando juntamente las oficinas interiores. Dista de la Plaza cuatro cuadras. Tiene diez y ocho monjas de velo negro, y tres de velo blanco, que es el número señalado, según sus Constituciones, y ocho donadas, de las que entran cuantas son necesarias. La dotación de las veinte y una monjas es de tres mil pesos. Goza de rentas anuales dicho Monasterio más de seis mil pesos"
El doctor Miguel Feíjoo de Sosa en su obra titulada "Relación Descriptiva de la Ciudad y Provincia de Trujillo del Perú", escrita en 1763 refiere:
"El Monasterio de Recoletas de Santa Teresa se erigió en esta ciudad el año de mil setecientos veinte y cuatro. Sus primeros fundadores fueron cuatro y vinieron de la ciudad de Quito, siendo recibidas el cinco de diciembre de dicho año, y gobernando el Reyno del Perú el Virrey Marqués de Castel Fuente. Están sujetas al Ordinario. El Obispo Fray Juan de la Calle dio veinte mil pesos, para principios de su fundación, la que mucho después hizo, y perfeccionó, como principal benefactor el Obispo don Fray Jaime de Mimbela. Cuando estaba para estrenarse una Iglesia hermosa, y de sobresaliente arquitectura a expensas de don Vítores de Velasco, vecino que fue de esta ciudad, sobrevino el temblor referido (02 de setiembre de 1759), que la ha dejado del todo arruinada, e inservible, maltratando juntamente las oficinas interiores. Dista de la Plaza cuatro cuadras. Tiene diez y ocho monjas de velo negro, y tres de velo blanco, que es el número señalado, según sus Constituciones, y ocho donadas, de las que entran cuantas son necesarias. La dotación de las veinte y una monjas es de tres mil pesos. Goza de rentas anuales dicho Monasterio más de seis mil pesos"
El terremoto de 1759 causó grave daño a la ciudad de Trujillo y sus valles, y anota el referido Feijoo en su obra:
"La iglesia nueva, que estaba para estrenarse el d¡a quince del mes subsecuente (que era de una hermosa fábrica) de las monjas de nuestra Señora del Carmen, ha quedado bastante maltratada e inservible".
"La iglesia nueva, que estaba para estrenarse el d¡a quince del mes subsecuente (que era de una hermosa fábrica) de las monjas de nuestra Señora del Carmen, ha quedado bastante maltratada e inservible".
Doña María Fernández Sierra de crecida edad y muy enferma, otorgó su testamento ante el escribano Pedro Fernández Montejo, pasando todos sus bienes a propiedad de las carmelitas trujíllanas. La rica hacienda y tina de Malingas, situada en Piura, aumentó considerablemente las rentas de ese Monasterio en momentos tan difíciles que siguieron al mencionado terremoto de 1759
La producción de jabón y cordobanes iniciada en las haciendas y tinas del Norte peruano desde mediados del siglo XVII, debido fundamentalmente a la inseguridad que produjo las fuertes variaciones del precio del azúcar, generó una bonanza económica en esa región, convertida por esas circunstancias en zona agrícola ganadera, tanto así que al finalizar el siglo XVIII el jabón Piurano y Lambayecano abastecieron el consumo nacional e internacional, y dada la gran demanda a partir de 1800 los precios fueron en aumento. Cabe anotar que acontecimientos debidos a la gesta emancipadora no afectaron el comercio del jabón, producto de gran calidad que permitió el surgimiento de grandes fortunas norteñas. La hacienda y tina de Malingas produjeron inmenso bienestar económico a las religiosas trujillanas del Monasterio del Carmen, y permitieron afrontar el proceso de reedificación y restauración de sus dañados claustros y maltratada iglesia.
El Monasterio e Iglesia del Carmen deben su magnifica edificación y calidad de las obras de arte que les adornan, acaudalados trujíllanos y vecinos que se identificaron con estas santas religiosas que nunca escatimaron esfuerzo por procurase un lugar digno del culto ejercido por su piadoso ministerio, el cual es hoy orgullo de esta ciudad empeñada en mostrar su pasada grandeza histórica y artística a un turismo ágil y moderno.
El Monasterio e Iglesia del Carmen deben su magnifica edificación y calidad de las obras de arte que les adornan, acaudalados trujíllanos y vecinos que se identificaron con estas santas religiosas que nunca escatimaron esfuerzo por procurase un lugar digno del culto ejercido por su piadoso ministerio, el cual es hoy orgullo de esta ciudad empeñada en mostrar su pasada grandeza histórica y artística a un turismo ágil y moderno.






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