jueves, 7 de abril de 2011

II - Las Viejas Calles de Trujillo. Santiago Vallejo - 1952.


Segunda Parte



Calle de la PANADERÍA, la que está al costado de la Universidad. Llevaba el nombre tomado de la panadería que por mucho tiempo existió allí y donde asimismo hemos visto una de las residencias con hermosas huertas y jardín, la Quinta Alemana o casa D'Donovan, donde estuvo la primera fábrica de locetas de Trujillo, organizada por don Miguel O'Donovan. 







La Quinta Alemana o casa D'Donovan



Calle del DESCANSO, la siguiente o sea la paralela a la igle­sia y convento de Santo Domingo. Penas y aparecidos. En esa cuadra y en una casa vieja, con balcones coloniales, funcionó a principios del siglo, un periódico editado por E. de la Flor, que llevaba por título "La Prensa". Duró poco. 

Calle de LORETO, la inmediata que resulta primera del ji­rón Independencia, colindante con la muralla. Por allí estuvo la famosa chichería de Totoco. 

Calle de la PORTADA DE MIRAFLORES, la que linda con la línea férrea en la actual cuadra de la capilla de Santa Rosa, por donde se va al Camal, limitando con la muralla también. Allí había antiguamente un óvalo para descanso de los que iban al Cementerio General y allí estaba antes la portada de Miraflores, camino que se tomaba cuando se quería ir por ese lado al Valle. 

Calle de SANTA ROSA, la siguiente, donde están las ofici­nas de la Compañía Luz Eléctrica, muy concurrida antiguamen­te con motivo de la festividad de la Santa limeña. Fuegos de artificio, retreta, diversiones populares, de todo hubo.






Capilla de Santa Rosa de Santa María



Calle MAMA ANA o de Doña ANA, la que sigue, donde vivía esta dama (Ana Pizarro), mujer de Juan de Verástegui, allá por 1558. 

Calle del COLEGIO, la siguiente, porque allí termina el edificio del Seminario, o mejor dicho, la Capilla, y porque en esa cuadra hubo antes un colegio de niñas muy concurrido. 





El Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo, a la rerecha al fondo la Capilla 


Calle de la ALTA CÁMARA (4) o de la Huerta, la cuadra que finaliza en el vetusto Hotel del Arco. La casona de la Alta Cá­mara la conocí ya en ruinas casi. Sin embargo ha sido amplio edi­ficio de nobles materiales y de auténtico estilo colonial, lleno de recuerdos. 




El antiguo Hotel del Arco


Calle del NOGAL, la que sigue, por el árbol de nogal que por largos años estuvo en un viejo solar de por allí. En la es­quina sur conocí una antiquísima casa de pobres. 

Calle de la MATALLANA, la inmediata donde estaba la puerta falsa del Convento de la Compañía de Jesús. Tenía el nombre de la viuda que vivía en una vieja casa que todavía exis­te, entendiéndose que esa familia era de alarifes por ser muy conocido en Trujillo el nombre del maestro Silvestre Matallana, que tuvo más tarde un émulo, José María Mimbela, célebre por­que este hombre de color hizo las colosales chimeneas de varias haciendas azucareras.

Calle de CALLEJONES, la que queda en la cuadra al costado del Club Libertad y la llamaban así porque en ese lado estaban unos callejones habitados por gente del bajo pueblo. El Club Libertad tuvo como uno de sus animadores a don Héctor Minas, caballero de ascendencia portuguesa, que fue el iniciador de la primera Exposición de Trujillo. Este evento resultó notable para su época y el local del Club se adaptó con hermosos pabello­nes para ese objeto convirtiéndose de institución de tiro al blan­co, en centro social de primera clase. Después tuvo lugar, para el Centenario de la Independencia, otra Exposición que alcanzó también resonancia internacional. La verja de la Catedral circunda todavía sus jardines, trasladada allí cuando se la quitó de ese sitio. 





Socios en el Club de Tiro de Trujillo




El Club Libertad


Calle ANGOSTA, la que daba para el lado de la muralla, al costado del Seminario colindante con la Gallera. 

Calle de SANTA ANA, la que está en la cuadra de la iglesia del mismo nombre, y continúa el pequeño jirón Zepita. Por allí estuvo el primer matadero de reses. Antiguamente, Santa Ana, según Montesinos, era una ermita y también parece que allí al la­do hubo una enfermería. Lugar socorrido de penas y duendes. 

Calle de la CASA DE POBRES, la primera de Restauración, barrio muy antiguo. 

Calle de SANTA ROSA, también llamaban asi a la cuadra que forma la segunda del jirón Restauración, transversal de San Martín, pasando por la puerta de la capilla de Santa Rosa que arruinó el aluvión de 1925. 

Calle de NUNCIBAY, la siguiente, porque allí tenía su so­lar la señora Nuncibay, dueña del fundo de su nombre en las cer­canías de Moche. 

Calle de PELLONEROS, la cuadra que sigue desde el Recreo hacia Bolívar, porque por allí estaban los vendedores de pello­nes y los silloneros. 

Calle de la PILETA DEL CARMEN, la siguiente para encon­trar Ayacucho, donde antiguamente estaba la pileta pública del Convento del Carmen. 

Calle de las ANIMAS, la inmediata, porque por allí había una hornacina donde se velaba a las ánimas. Revuelo de penas y aparecidos. Contaban de un bulto que atajaba a los que en altas horas de la noche se atrevían a caminar esa calle, tarea que realizó por más de dos siglos. Buen trajín tenía.


Calle del POSTIGO DEL DEAN, la que forma la primera cuadra de Colón, porque por ese lado estaba la pequeña puerta hecha en la muralla por donde salía rumbo a Mansiche y Huanchaco el Dean Saavedra. famoso por sus obras pías, su santidad y su Reglamento para el reparto de las aguas con que acabaron las disputas entre los agricultores de la provincia. La tradición dice que el Dean Saavedra. que ha obrado sendos milagros, ha­cía su recorrido hacia el puedo entrando por El Dean, fundo de la campiña de Mansiche. Salía de rodillas primero desde la mu­ralla, de cuyo postigo únicamente él tenía la llave. Desde luego, se deduce que el Dean vivía en la antigua casa de esa cuadra que viniendo como del Camal está a mano derecha, casa que hace algunos años aun se conservaba en su estilo. Su primera pas- cana era en la iglesia de Mansiche. La segunda, en la capilla de San José obra suya destruida por un incendio. 

Los restos momificados del Dean Saavedra se conservan en el templo de Huanchaco que la historia dice se construyó por ini­ciativa de él. Cuando en 1907 se organizó por la Cámara de Co­mercio de Trujillo y otras instituciones una romería a Huanchaco­, con motivo de la inauguración de obras públicas del puerto, (limadas por el filántropo Víctor Larco Herrera, asistimos en efec­to al estreno de dos locales escolares y, en la iglesia, a la inaugu­ración de la cripta en que iban a reposar en adelante los restos (Id Dean Saavedra, pues hasta entonces estuvieron bajo las ío-ins de la iglesia, en un ángulo de ella. Se conmemoraba el se­gundo centenario del fallecimiento del célebre religioso (13 de Mayo de 1907) y se distribuyeron medallas recordativas. Corrie­ron trenes extraordinarios entre Trujillo y Huanchaco pasando por Roma donde el hacendado agasajó con gran dispendio de champaña y cerveza a la concurrencia en homenaje a Huanchaco. La fama de santo del Dean dio motivo a que devotos exigen­tes lleváranse retazos de su piel para guardarlos como reliquia. Hubo de intervenir la autoridad eclesiástica para atender a la mejor conservación de los restos, que como he dicho estaban hiendo materia de un despojo alarmante. Se colocaron en una urna costosa, entre cristales, a fin de que el público que visitaba lu iglesia pudiera contemplarlos. Cierta vez, alguien que había recibido excepcional favor por intercesión del Dean a quien se encomendara, le llevó una hermosa pina de oro macizo en mi-nialura. Y un buen día recibí en "La Nación" la noticia de que ladrones sacrilegos habían penetrado en el Templo, retirado del caserío, rompieron los cristales de la urna y se llevaron los milagros de oro y plata, inclusive la pina. No se llegó a descubrir los autores del robo. 

Calle del LIMONCITO, la siguiente donde hace tiempo había Un viejo y fecundo árbol de limón sutil, que servía generosamen­te a lodo el barrio en los tiempos de abundancia. 

Calle de la ORUNA, la que da a la puerta falsa del Correo, O sea la anterior a la iglesia del Carmen. No se contaba la que ioia es de la Escuela de Artes y Oficios, porque el convento de Santa Clara tomaba dos cuadras y solamente después de 1866 se abrió calle de por medio para modernizar el plano de la ciudad. En un trecho de la parte actual del Convento y en otro de la acera opuesta que le perteneció, se instalaron muchas veces los grandes circos que llegaban a Trujillo. Se llamó de la Oruna la cuadra que registramos por la mujer que vivía por allí y parece que se dedicaba con éxito al negocio de la chichería y sus adita­mentos. 

Calle del Solar del CARMEN, la cuadra siguiente que desem­boca en Ayacucho. En el espacio que ocupa hacia la esquina el negocio de Cassinelli Hnos., estuvo la confitería "Do Re Mi Fa", de los italianos Centanaro.


Calle de la COHETERIA, la que finaliza el jirón Colón, o sea la que linda con la Estación del F. C., donde estaba antiguamente la muralla. Aqui había un gran corralón donde los piro­técnicos preparaban los fuegos de artificio para las grandes so­lemnidades religiosas, especialmente la fiesta sonadísima de la Virgen del Monte Carmelo. En Moche había muy buenos cohe­teros y el maestro Sachún era de los más conocidos. Trujillo pueblo de máximo ruido coheteril, allí sí se puede decir que la plata se le iba a la gente en salvas. Porque antes, y ahora mis­mo, el cohete de arranque o avellana, era con su estampido el aviso seguro y bullangefero de que fiesta de iglesia u holgorio cívico o particular entraban en su apogeo. Iba la misa de fiesta en lo más culminante, cuando el estallido de los cohetes casi en­tre las nubes, contribuía tradicionalmente a la mayor solemnidad del acontecimiento religioso. En las jornadas cívicas a falta de cohetes salía a relucir el revólver y yo he visto por estas calles a las que paso revista antañera, soltar cada balazo que había ra­zón para muchos cierrapuertas. Por último, la bala de buen ti­rador dirigida al suelo, en medio del baile de la marinera, si ponía el alma en un hilo, a la vez era demostración de que la re­molienda, como dicen en Chile, había llegado al despiporre. 

Calle de la GALLERA, por la casa de gallos o coliseo ubica­da en esa cuadra del jirón Junin, con caserones muy viejos y des­tartalados. Buenas fortunas se han ido en la Gallera donde en los tiempos viejos salieron apuestas escalofriantes al jiro o al ajiseco, al Carmelo o al cenizo. 


(Continuará)