lunes, 23 de enero de 2012

La Hacienda Collambay




Actual casa hacienda de Collambay



Por
Carlos Alberto Vega Cárdenas


La antigua hacienda y trapiche de caña dulce nombrada “San Juan Bautista de Collambay”, está ubicada en el distrito de Simbal y se encuentra a 41 kilómetros de distancia de la ciudad de Trujillo y 7 kilómetros arriba del pueblo de Simbal, en la carretera que va a Sinsicap .

En el período de la cultura Chimú en las tierras de Collambay se cultivó coca y ají; cocales que gozaron de gran prestigio y que al producirse la conquista Inca éstos fueron confiscados y pasaron a ser propiedad personal del Inca, tierras ubicadas en los 800 metros sobre el nivel del mar en la región Chaupiyunga.

En el año 1562 estas fueron concedidas al capitán conquistador don Juan de Sandoval y Guzmán, encomendero de Huamachuco, su viuda doña Florencia de Mora y Escobar, el 04 de marzo de 1594 las dio en donación al monasterio de Santa Clara de Trujillo, con la condición que éstas tierras fueran destinadas al cultivo de algodón para que se hicieran tocuyos en los obrajes de su hacienda de Sinsicap y que deberían emplearse en la confección de ropa para los indígenas pobres de los siete pueblos de la Provincia de Huamachuco.

Durante los siglos XVI y XVII la creciente demanda del azúcar y de la harina de trigo origino el enriquecimiento de los productores agropecuarios y aun más la bonanza de los intermediarios. A fines del siglo XVII (1687) se produjo la gran crisis de la agricultura en nuestros valles, los campos de trigo no volvieron a producir bien, se fueron perdiendo los mercados externos y se tuvo que importar trigos chilenos; es en ésta crisis que encontramos como dueño de la hacienda y molino de Collambay al capitán don Juan González de Castañeda y a su esposa doña María de Herrera, época en que cierran los molinos de harina de trigo y en la que aumenta la fundación de trapiches azucareros en nuestra costa.

En el año de 1703 el Comisario General de la Caballería don Juan de Herrera y Valverde dijo:

“Que la hacienda Chiclín no sólo se compone de frutos de azúcar y que éstos son accidentales, sino que lo más de ello se compone de tierras de pan llevar y que a más de doce años continuos que por nuestros pecados en todos éstos valles en las siembras de trigo se ha experimentado una total epidemia y esterilidad común por cuya razón los dueños de las haciendas se hallan con muchos trabajos y cargados de deudas y censos imposibilitados de poderlos satisfacer……… que hasta en tanto que Dios se apiade de nosotros ……. el azote de su justa y divina justicia y que den cosechas de trigo en dichas haciendas, no se paguen la renta de éstas dichas buenas memorias, hasta que se coja trigo en ellas …. “

La explicación científica es que por esa época se producen grandes sequias y que las variedades de trigo fueron poco resistentes a la infección de las tres especies de Roya, la negra, la amarilla y la morena que devastó los campos de trigo y desplomó la rica agricultura trujillana.

Ninguna planta traída por los conquistadores españoles ha ocupado un rol tan importante ni ha aportado contribución tan efectiva a la vida económica regional como la caña de azúcar y durante cuatro siglos y medio ha sido nuestra principal riqueza agrícola.



Carta Topográfica de la Provincia de Trujillo del Perú – Año de 1760



El 06 de diciembre de 1707, el Real Monasterio de Santa Clara de la ciudad de Trujillo, dueño del dominio directo de la hacienda Collambay la dio en venta enfitéutica por tres vidas naturales reguladas en cincuenta años cada una, en 190 pesos al año al capitán Miguel de Espino Alvarado y a su esposa doña María Josefa de Ocampo.

En los inventarios realizados en la hacienda y trapiche de moler azúcar nombrada San Juan Bautista de Collambay, ésta tenía cincuenta fanegadas de tierras cultivadas y estaba compuesta por las tierras de Collambay y sus anexos de Salcha, Tongoll, Chirin y Ñary; la hacienda labraba ochocientas arrobas de azúcar al año, una casa de hacienda con oratorio, un cuadro de San Juan de Dios patrón de la hacienda, ramada de trapiche, casa de purga, casa de pailas, fondos de cobre, cañaverales, veintiséis negros esclavos, dos huertas, una de membrillos y la otra de chirimoyos, molino de moler trigo, un caballo padre Chileno, veintiocho yeguas madres, burros, mulas, bueyes, treinta y seis vacas madres, ciento setenta cabezas de ganado cabrío, sembríos de trigo en las tierras altas de Ñary, maíz, frijol, alfalfares y un olivar, un cepo de algarrobo de tres varas de largo con su telera de fierro y su candado, tres yugos de sauce, horno de hormas y ladrillos y un horno de quemar cal.


A la muerte del capitán Miguel de Espino Alvarado y de su esposa, por herencia se convirtió en la hacendada de Collambay su hija doña Melchora de Espino y Ocampo, que en su larga vida contrajo tres matrimonios, muriendo en viudez: El primero con el cajamarquino Matías de Osorio, un segundo con el español José Vicente de Altuna y un último matrimonio con el español Matheo de Olascoaga, quienes según doña Melchora “no aportaron nada al matrimonio”. La familia Espino mantuvo en propiedad la hacienda y trapiche de moler azúcar de San Juan Bautista de Collambay durante casi todo el siglo XVIII.

A fines de siglo doña Melchora de Espino vendió la hacienda al maestre de campo don Joséph Martín de Aguirre, a quien el año 1794 le embargaron la hacienda por deudas impagas.


El Real Monasterio de Santa Clara la sacó pública subasta y el año de 1795 la remató en la cantidad de 10,200 pesos el capitán Evaristo Céspedes y Noriega, maestro mayor de carpintería y arquitectura de la ciudad de Trujillo, casado con doña Jacinta Collado y Ramírez.

El año 1814 el nuevo hacendado de Collambay fue su hijo legítimo el alférez Francisco Javier Céspedes, posteriormente en el año 1857 su nieto don José María Céspedes heredó la hacienda. La familia Céspedes y Noriega mantuvo la propiedad de ésta hacienda durante todo el siglo XIX.

Don José María Céspedes con don Justo Pastor el año 1880 formaron una sociedad para sembrar caña dulce, producir chancaca y aguardiente para lo cual instalaron un trapiche de agua, así mismo hornos para la explotación de cal.

Los linderos de la hacienda por el año 1891 fueron los siguientes: por la sierra con el distrito de Sinsicap de la provincia de Otuzco y las haciendas “San Ignacio”,”Chala”, y “Parrapos” y por la costa con el distrito de Simbal y el potrero de “Avendaño”.





Dr. Luis González Orbegoso y Orbegoso hacendado de Collambay



El 02 de enero de 1903 compraron la antigua “hacienda de Collambay” D. Eduardo González Orbegoso y su esposa doña Adela de Orbegoso y González por el precio de 10,000 soles de plata. En 1910 la hacienda pasó a ser propiedad de su hijo el Dr. D. Luis González Orbegoso y Orbegoso, quien la condujo directamente con mucho éxito; fue la buena época de Collambay como gran productora de coca, frutales, maíz, frijol, ganado vacuno mejorado y abundantes manadas de ganado caprino en sus extensos montes de espino. Sus 300 hectáreas cultivadas se riegan con las escasas aguas del río de Sincicap y mayormente las siembras se realizan en la temporada de lluvias.



El corredor alto y el oratorio de la casa



Por ésta época se restauró y amplió la hermosa casa hacienda colonial ubicada en todo lo alto del paisaje, con su corredor enladrillado, sus puertas de tableros antiguos y ventanas de balaústres de algarrobo; en su oratorio la Virgen de las Mercedes y al fondo la chimenea de la fábrica de chancaca, las minas de cal y tierra amarilla y minerales en explotación.

Posteriormente heredó la hacienda su hermana la Sra. Emilia González Orbegoso y Orbegoso y el año 1958 su hija Adela Pinillos González Orbegoso. Durante éste tiempo arriendan la hacienda al Sr. Alberto Goicochea, siguiendo en el arriendo su hijo el Dr. Alberto Goicochea Iturri, hasta la llegada de la Reforma Agraria.
 





Hoy las tierras de la hacienda Collambay pertenecen a la comunidad campesina “Emilia González Orbegoso de Collambay” como justo reconocimiento a la generosidad de su última hacendada. Ahora de la antigua hacienda de caña sólo queda las ruinas de su hermosa casa hacienda, la chimenea de su desaparecida fábrica de chancaca y sus desatendidas tierras comunales