miércoles, 14 de mayo de 2014

Un documento del siglo XVIII para la Historia del Agro AzucareroTrujillano - 1734




Poder, los hacendados del Valle de Chicama y Trujillo

 

Sepan cuantos ésta carta vieren como nos don Nicolás de Bracamonte Dávila, don Juan Joseph de Herrera y Sarsoza, don Valentín del Risco y Montejo, doña Josepha de Torres y Toledo, doña María Margarita de Barrueta y Zubiate, doña Josepha Márquez de la Oliva, don Juan Sanz de Salas, don Mateo Domingo Ortíz de Bracamonte, licenciado Miguel de Montaño, Francisco de Arriaga y don Martín del Risco y Montejo, vecinos y hacendados que somos en el valle de Chicama y en el de ésta ciudad de Trujillo del Perú, por el tenor de la presente otorgamos y conocemos que damos todo nuestro poder a don Francisco Antonio de los Santos y Agüero, Regidor Perpetuo de la ciudad de los Reyes, generalmente para que por nos y en nuestros nombres y representando nuestras propias personas acción y derecho, se presente ante el Rey nuestro señor en su Real Audiencia de dicha ciudad de Los Reyes, en donde deducirá la general epidemia que padecemos todos los hacendados trapicheros de ésta ciudad, pues con la total carencia de dinero que se experimenta en todo éste reyno no es posible conseguir la venta de los frutos que producen dichas nuestras haciendas, motivo por la que nos hallamos de tal suerte oprimidos que no podemos conseguir ni aun aquellos medios que para sus indispensables refacciones son necesarias para que en el todo no se arruinen ni pierdan dichas haciendas, en cuyo miserable estado es el que más nos mortifica, considerando nuestra total destrucción  con la eficacia  con la que nuestros acreedores sensualistas  nos oprimen y compelen a que hayamos de hacerles las pagas de los corridos de sus censos indubitablemente en plata y no es dicha especie y con tanta urgencia y tiranía, que por cada tercio que se cumple piden mandamiento de ejecución que puntualmente se despacha por las justicias de ésta ciudad, de que no solo nos resulta en perjuicio grandísimo de haberse de vender frutos que se embargan, pasando a ejecutarlos en aquellos precisos aperos y haciendas, contra lo dispuesto y proveído en repetidas leyes reales, sino es que se nos acrecentan los costos y gastos  de [ilegible] y ejecuciones, y muchas veces importan más que las cantidades por que se ejecuta, teniendo en cuenta presente nuestro apoderado representar rendidamente a su alteza así lo referido como tal y rendidamente, aun con el precio de veinte reales arroba de azúcar, no es posible costearnos por los crecidos gastos de compra de negros, muerte de ellos, su manutención y aperos de que se constituyen dichas haciendas, de cobres, fierros, ganados mayores y menores, y sin embargo nos vemos obligados a dar dicha azúcar por inferior precio por satisfacer a nuestros acreedores censualistas quienes no admiten de ninguna suerte la satisfacción de sus débitos, queriendo que únicamente sea en dinero y prontamente sin atender ni considerar la epidemia general y falta que se experimenta y  tan nociva a todos y especialmente a dueños de haciendas; en cuyos términos en nos y en nuestros nombres pedirá a su alteza se sirva de mandar que dichos nuestros acreedores reciban las cantidades que se les están debiendo y debieren en adelante mientras durase la dicha epidemia, en los frutos que producen nuestras haciendas, especialmente en azúcar que es la que entendemos beneficiar al precio que nos tiene de costo cada arroba que son los dichos veinte reales, a aquel que fuere de la real consideración de su alteza, para que de éste modo cesen y se contengan los insubsanables costos y gastos, daños pérdidas y menoscabos que de lo contrario se nos siguen y recrecen y últimamente se repare la total destrucción a que indudablemente estos expuestos; sobre cuya razón presentará memoriales, testimonios y demás papeles y recauda que convengan , haga pruebas, presente testigos, pida testimonios ordinarios o los que le parecieren convenientes, que gozara o renunciara, pedimentos o requerimientos, súplicas, citaciones, protestaciones, pida y saque cualquiera reales provisiones y otros despachos que hagan a nuestro favor y especialmente para cualquiera ejecuciones que estuvieren pendientes contra alguna de dicha nuestras haciendas, paren y no prosigan estando pronta la satisfacción en la referida azúcar u otros frutos que produzcan dichas haciendas a los precios corrientes, (………………..)

 
En cuyo testimonio otorgamos la presente carta  ante el presente escribano y testigos, que es fecha en la ciudad de Trujillo del Perú en veinte y un días del mes de agosto de un mil y setecientos y treinta y cuatro años.

 

 

Don Nicolás de Bracamonte Dávila del Campo
Valentín del Risco y Montejo

Doña María Margarita de Barrueta

Martín del Risco y Montejo

 Miguel de Montaño

 Don Juan Joseph de Herrera y Sarzosa

 Doña Josepha Dafrosa de Torres y Toledo

Doña Josepha Márquez de la Oliva

 Don Matheo Ortíz de Bracamonte

 Don Juan Sanz de Salas

Don Francisco de Arriaga

  

Ante mí

Casimiro de Aguilar

Escribano Público y testigos.
 
 
 
 
 
San Isidro de Conache, mayo de 2014

 

 

sábado, 19 de abril de 2014

Los Aguadores de Trujillo


  



 
Un aguador en la pila de la plazuela de la Iglesia del Convento de Santo Domingo






Por
 Miguel Adolfo y Carlos Alberto Vega Cárdenas



Los aguadores desde la fundación de la ciudad fueron los proveedores del agua que se utilizó para beber en las casas, monasterios, conventos y en la cárcel; abasteciéndose de la fuentes públicas la transportaban en burros especialmente aperados para cargar las pipas de agua.
Éste sacrificado oficio mayormente fue desempeñado por negros esclavos de las familias principales y negros libertos industriosos que se dedican a la venta de agua a los pobladores de los barrios alejados del estanque de la ciudad.

El oficio de aguador en su comienzo fue desempeñado libremente, pero a fines del siglo XVIII el regidor y procurador de la ciudad don Juan Alejo Martínez de Pinillos y Cacho, solicito al cabildo nombrase un alcalde mayor de aguadores para que organice el servicio general del gremio y en 1802 se dictaron medidas en orden a regularizar este servicio.

Resulta esclarecedor sobre el particular el expediente promovido el año 1717 por el Real Monasterio de Santa Clara contra doña Catalina Zavaleta, que constantemente destapaba la acequia cubierta de ese monasterio, ensuciando el agua que bebían las religiosas:

      "Por ello y el asco que se tiene, no sirve a sus religiosas para beber ni para los demás ministerios para que la necesitaban, resultandoles no sólo este perjuicio, sino precisadas a comprar a los aguadores que para introducirla han de franquear el ingreso a la santa clausura de este monasterio, o enviando fuera de ella a sus criados, las que no tienen para comprarla"

El gremio de aguadores en el siglo XIX se constituyo en el más fuerte de la ciudad y en más de una oportunidad colaboró con el juez de aguas y con el mitayo del estanque, garantizando el abastecimiento del agua a la población. Así en la mañana del 15 de setiembre de 1802 el alcalde de aguadores y todos los miembros de su gremio se constituyeron ante el Gobernador Intendente don Vicente Gil de Taboada para denunciar al comisario de aguas Eugenio Algarate, responsabilizándolo por la falta absoluta de agua que había en la ciudad. el Intendente dispuso su encarcelamiento, hasta que se realice las averiguaciones pertinentes. Algarate fue puesto en libertad al comprobarse que el agua de la ciudad había sido sustraída por los indios de San Esteban. 

 Una vez constituido el gremio de aguadores el cabildo le señalo obligaciones que antes las tuvieron los indios de las parroquias de Santa Ana y San Sebastián avecindados en la ciudad. En 1809 el alférez real don Juan José Martínez de Pinillos y Cacho, ordenó que los negros aguadores, cada uno en su burro, realice la limpieza del estanque, acarreando diariamente antes de surtirse de agua, cuatro viajes de arena al primer baluarte de la muralla, distante una cuadra de 150 pasos. 

En 1810 el juez de aguas don Miguel Gerónimo de Tinoco y Merino recibió una denuncia contra los aguadores que abusaban al exigir el pago de dos reales por cada viaje de agua que hacían a las casa de la portada de Moche y un real a los de La merced, estando establecido el cobro de sólo medio real por viaje. El gremio de aguadores contesto unánimemente en el sentido de que la denuncia era totalmente falsa. 

En 1812 el teniente de policía don Ramón de Avente y Pazos ofició al gremio de aguadores, zapateros y pulperos, ordenandoles entregar 10 perros muertos a cada gremio, al día siguiente de ser notificados, advirtiéndoles que de no hacerlo se les pondría presos en la cárcel real. A solicitud del teniente de policía se acordó que todos los sábados, excepto los festivos, se presentaran a su casa, a las tres de la tarde, todos los negros aguadores y borriqueros, provistos de capachos o costales para transportar las basuras de la ciudad, fuera del poblado.

En setiembre de 1866 el coronel de infantería del ejercito y Alcalde Municipal don Clemente Rios, hizo presente al cabildo que en mérito del artículo 91 del reglamento de policía, correspondía a la Municipalidad reglamentar los servicios que deberían prestar los gremios de aguadores, recueros y carreteros, ordenándose que los aguadores limpien cada año los depósitos del agua del estanque, o cuando la Municipalidad lo juzgue conveniente; rieguen la plaza mayor cada quince días, limpien la pila y deshierben el desagüe, siempre que el aseo público lo requiera.

El año siguiente ante la alarmante cantidad de perros vagos se acordó:

     "ordenar al alcalde de aguadores, disponga que cada individuo de su gremio entregue todos los lunes, hasta que se suspenda la orden, seis perros muertos, que los boten a sotavento de la población fuera de las murallas y que el señor alcalde haga notificar a las personas que tengan buldoges les pongan bozal para que no puedan dañarlos"

En agosto de 1873 el Dr. Jacinto Valderrama hizo presente al cabildo "que muchos negros aguadores ociosos durante los días de escasez se habían provisto de agua en pozos infctos" . 

El diario El Imparcial del miércoles 08 de abril de 1874 publicó en siguiente aviso municipal: 

"Siendo repetidas las quejas que contra los aguadores dan a esta alcaldía, por no querer llevar agua cuando les piden, o por exceso en el cobro del viaje, se ha ordenado la numeración de las pipas, para que indicando el número de ellas, cuando den parte de los que cometen esas faltas, sean castigados; advirtiéndose que por el viaje de agua tomado de la pila de la plaza mayor, conducido a cualquiera de las calles dentro de la muralla, no se pagará más de diez centavos y por los que realizan fuera de ella quince. El Alcalde" 

En 1889 el jefe de la guardia nacional de la plaza organizo una leva general de todos los "vagos y mal entretenidos" de la ciudad, siendo la del gremio de aguadores en su mayor parte acuartelados, quedando la ciudad completamente desabastecida de agua, por lo que el alcalde ordenó "se den de baja de los cuerpos a dichos individuos". Ese mismo año el gremio de aguadores comenzó a sufrir una desleal competencia, al autorizar el Concejo Provincial, la licencia solicitada por el empresario Andrés Campos para establecer el cargio de agua "potable", por el sistema de carretas, respetando los mismos precios establecidos por viaje de agua, es decir dos pipas.

En 1889 la alcaldía expidió orden de captura y detención contra dos regidores y dos alcaldes del gremio de aguadores, por desacato a la disposición municipal que los obligaba a sacar sus respectivas licencias y pago de cuatro soles por cada individuo, como impuesto al acarreo de agua. El gremio pidió se les exonere de dicho impuesto, alegando:

 "pues no sólo pagamos como ciudadanos la contribución personal, sino que estamos precisados todas las semanas a regar la plaza principal de la ciudad, a la limpieza de acequia, casi sin remuneración de ningún género, a proveer gratis de agua a los cuarteles cuando hay batallones o fuerzas de líneas en ésta capital, y sobre todo se va restringiendo nuestra tarifa, cuando las cargas y gravámenes han aumentado desproporcionalmente, a parte de que muchas veces tenemos que comprar agua de púquio a los dueños de manantiales, para que el público no carezca de tan necesario elemento cuando alguna vez falta agua corriente, o viene excesivamente sucia" .

La alcaldía desestimo la solicitud de los aguadores.

En la Memoria que el año 1897 el inspector de agua Dr. Genaro Huapalla, se expresa:

 "que el agua que viene por la acequia de la ciudad a la atarjea es impotable, sólo buena para el aseo de la población y que en todo su trayecto los aguadores tendidos además de desmejorar sus bordes, concurren a malograr las condiciones del agua y en vista de ello ordenó que todo aguador vaya a proveerse del líquido alimento al recreo".

En 1906 don Alberto Urquiaga y Calonge, alcalde de la ciudad, teniendo en consideración que se había mejorado el servicio de agua con la construcción de la cañería de los filtros y que en su trayecto hasta la plazuela de Santo Domingo funcionaban cuatro llaves públicas de las que los aguadores se surtían, propuso que éstos abonen en la tesorería municipal, un impuesto de un sol mensual con destino al pago de guardianes y funcionamiento de los filtros, teniendo en cuenta que sólo pesaba sobre ellos el pago de la suma de cuatro soles por una sola vez en la tesorería municipal, como derecho de licencia de su industria, quedando exonerados de la obligación de regar semanalmente la plaza de armas. 

El inspector de aguas don Félix Loyer informó después que el gremio de aguadores estaba de acuerdo, que no abusarían en el cobro del precio del agua y que el gremio estaba bien organizado teniendo un jefe "circunspecto y honrado" al que todos los aguadores respetaban; y que por prevención se había publicado en los periódicos locales, la tarifa de diez centavos por cada viaje de agua a domicilio, para que todos los interesados supieran cuanto deberían pagar, denunciando cualquier abuso para ser castigado; así mismo informó que el gremio reconocía un alcalde, que todos llevaban su correspondiente número y que la relación de aguadores se hallaba en la tesorería. El síndico de rentas se opuso al impuesto acordado por considerar que recaería en los consumidores, ya que los aguadores aumentarían su tarifa. 

El Dr. Jacinto Valderrama, inspector de asuntos municipales, tampoco encontró aceptable la proposición de la alcaldía, considerando que era preciso que el gremio de aguadores desaparezca, por ser opuesto al Atr. 23 de la Constitución del Estado y que por el año 1894 siendo alcalde municipal de la provincia, observó que todo pretendiente a aguador, previamente debía de pagar y agasajar a todo el personal de ese gremio , de manera que si el aspirante carecía de recursos necesarios era inútil su pretensión, por que el jefe y todo el personal de aguadores impedían su ingreso por todos los medios posibles, abuso que tenía por objeto concentrar en pocas manos la ocupación de aguador, opinando también que si se les cobraba el impuesto subirían su tarifa en perjuicio de los más pobres y que si no deseaban regar la plaza de armas y limpiar la acequia de la ciudad, deberían buscar sus reemplazos a fin de que no se prescindiera de éstos servicios. Sometida a votación la propuesta del alcalde fue aprobada.

A pesar de todo el sacrificado gremio de aguadores siguió ofreciendo sus servicios durante las tres primeras décadas del pasado siglo, abasteciéndose de agua principalmente de la atarjea, del pilón de la esquina de la plaza de armas o del pilón de la plazuela de Santo Domingo.

En 1936 el Dr. Canales, concejal del municipio, informó sobre la supresión del grifo de agua de la plazuela de Estete y que teniendo en cuenta el reclamo del gremio de aguadores no sería retirado y que pronto quedaría restablecido y en buenas condiciones.

Éste popular y pintoresco gremio desaparición al quedar terminada y en funcionamiento la instalación del servicio de agua potable a la ciudad.





San Isidro de Conache, abril de 2014




lunes, 14 de abril de 2014

La Casa de los marqueses de Bellavista



Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas
Carlos Alberto Vega Cárdenas



El Solar y Casa de los marqueses de Bellavista.


En el solar de esquina en que hoy se encuentra edificado El Palacio de Iturregui, sede del Club Central de Trujillo, estuvo ubicada, desde el siglo XVIII, la casa familiar de los marqueses de Bellavista don José Muñoz Bernaldo de Quiroz y doña María Francisca Solano de Santoyo y Huerta, su esposa.

Virreinal mansión trujillana del siglo XVII de los Huerta y Zubiate que perduró hasta el año 1841 en que fue vendida, en estado de ruina, por el último marqués de Bellavista, don Manuel Cavero y Muñoz, al coronel del Ejercito Peruano don Juan Manuel de Iturregui y Aguilarte.

La marquesa de Bellavista había heredado la casa de sus padres el General don Manuel de Santoyo y Pimentel, caballero de la Orden de Santiago, natural de la villa de Carrión de los Condes en Castilla la Vieja, y de doña María de la Huerta y Zubiate, natural de la ciudad de Trujillo del Perú, nieta del capitán don Felipe de la Huerta, caballero de la Orden de Calatrava y de doña Magdalena de Zubiate.

Formó parte de la herencia materna de esta acaudalada matrona trujillana, la hacienda de Sinsimache y aumentaron sus bienes la hacienda y trapiche azucarero de Tomabal y la hacienda de San Juan que heredó de su tío carnal el capitán don Francisco de la Huerta y Zubiate y las haciendas Santa Elena y San Ildefonso -"alias El Tambo"- que heredó de su tía carnal doña Magdalena de la Huerta y Zubiate, esposa del gobernador maestre de campo don Martín de la Pucheta, caballero del Orden de Santiago. Las cuatro haciendas estuvieron ubicadas en el valle de Virú.
El antiguo marqués de Bellavista fue natural de la ciudad de Concepción en Chile, avecindándose en Trujillo a mediados del siglo XVIII, desempeñándose como alcalde ordinario y más tarde como Corregidor y Justicia Mayor de Trujillo y su Jurisdicción.

Por su parte, el marqués fue dueño y poseedor de las haciendas de Buena Vista y Guadalupe o Tambo Real; convirtiéndose en los hacendados mas poderosos de los valles de Virú, Chao y Santa. Asimismo, tuvieron en propiedad el “Molino de la Pinto”, ubicado a extramuros de la ciudad de Trujillo y conocido hasta hoy como “El Molino Hoyle.



El Molino Hoyle


A pocos años de haber contraído matrimonio, solicitó a la Corte Titular de España el Titulo Nobiliario de Castilla con la denominación de marqués de Bellavista, para si y para su esposa doña María Francisca Solano, merced Real que le fue concedida a consecuencia de haber hecho constar en el Concejo Real de Cámara, las cualidades que concurrían en sus personas, como consta en la Cédula Real expedida por Felipe V de España en San Ildefonso el ano 1744:

“Por cuanto atendiendo a las circunstancias, distinguida calidad y méritos de vos don Josef Muñoz Bernaldo de Quiroz, Marqués de Bellavista, he venido en haceros merced del Titulo de Castilla libre de lansas y media annata. perpetuamente para vos, vuestros hijos y sucesores: Por tanto he mandado por Decreto expedido en mi Concejo de Cámara que acudiéndose a el por vos o por vuestros apoderados con esta mi cedula original, en la cual ha de poner de su misma mano vuestro nombre mi Virrey del Perú, despache la correspondiente para que gozeis del referido Titulo de Castilla en la conformidad expresada y con la denominación de marqués o conde que eligiereis. Dada en San Ildefonso a dos de agosto de 1744".

YO EL REY

A 25,000 pesos ascendió el desembolso que hicieron los marqueses por el Título de castilla a favor de la Corona Española, provenientes de los censos impuestos sobre sus haciendas Santa Elena, Tomabal, San Ildefonso y Bellavista.
El solar de esquina que ocupó la casa de los marqueses de Bellavista, tuvo excelente ubicación dentro de la traza fundacional de la ciudad, pues su portada se abría a sólo dos cuadras de la plaza mayor, y daba a la "Calle del mirador de Santa Clara" —actual sexta cuadra de la calle Francisco Pizarro-; su amplia huerta dio hasta la actual calle Bolívar, por su costado izquierdo lindó con la actual calle Junín, y por su costado derecho, con la esplendida casa en donde se establecieron Las Cajas Reales.

A la antigua calle del Mirador de santa Clara en la que estuvo ubicada la casa se la conoció comúnmente por esos años como "calle de los marqueses de Bellavista".
Durante su matrimonio compraron las haciendas serranas de Chota y Motil, signadas en la provincia de Huamachuco, haciendas que se vendieron por bienes de los Jesuitas expatriados de la Compañía de Jesús de Trujillo.
Cabe anotar que la marquesa dio coma parte de pago de una antigua deuda heredada, a las Carmelitas descalzas de Trujillo, una campana grande que saco de su hacienda y trapiche de Tomabal y que fue colocada en la iglesia de ese Monasterio.
La marquesa de Bellavista heredo de la Reverenda madre "Sor Catalina Bazarrate, Moncada Galindo, Aranguren y Zubiate", religiosa profesa de velo negro en el monasterio de Santa María de Gracia de Santa Clara la Real, "el Señorío de Chichotegui y el vínculo que en la mitad primera de la Casa y Cacería de Zubiate, en la décima parte de la Herrería y Molinos de Vedia, en la cuarta parte del Sol de Fardo y asientos y sepulturas en la Ante Iglesia de Lemona, que en el señorío de Vizcaya fundo en 1600, el escribano del Rey don Juan de Zubiate".
Los señores marqueses de Bellavista tuvieron por hijas legítimas a doña María Josefa, esposa del General Domingo Cavero, Céspedes, Espinosa y Mendoza y a doña Ángela Josefa, esposa del General José Álvaro Cavero y Taboada, coronel de los Reales Ejércitos y sub delegado de la provincia de Cajatambo.
El año de 1790 falleció en Trujillo la señora doña "Maria Francisca Solano Jacoba Santoyo Pimentel Colmenares Huerta, Cueto Llaguno Gil, Carranza, Callejo, Zubiate Ibáñez de Arrate, Barrueta, Durandio, Chichotegui, Bazán de Avendaño, Villalobos y Anchulueta", primera marquesa de Bellavista. Así la mencionan los documentos.

Sus restos fueron sepultados en la iglesia del Convento de San Francisco, lugar donde descansaban todos sus antepasados, los de la Huerta y Zubiate. Heredaron sus bienes sus dos únicas hijas.

La antigua casa de los marqueses de Bellavista y el Título Nobiliario Castellano pasaron a propiedad de la señora doña "María Josefa Isabel Gregoria Muñoz Bernaldo de Quiroz, Santoyo Pimentel Huerta y Zubiate", Segunda Marquesa de Bellavista, en virtud del traspaso que de ambas propiedades le hizo su hermana doña Ángela Josefa. Para tal fin tuvo que abonar 12,500 pesos correspondientes a la mitad del valor del título heredado por las dos señoras.
La antigua casa de la calle del mirador de Santa Clara fue tasada extrajudicialmente para dividir su valor y reponer con otras propiedades la acción hereditaria perteneciente a doña Ángela Josefa, como se menciona en el documento de traspaso de casa que otorgó a su hermana doña María Josefa, parte del cual se trascribe para una mejor ilustración:
"... y de la mitad del valor de una casa que quedó entre los bienes indivisos y por partir que fueron de la señora marquesa de Bellavista, nuestra madre difunta, sita en la traza de esta ciudad en la calle que va de la Merced a la plazuela de la caja del agua y hace esquina con el mirador del Real Monasterio de Santa Clara, y la mitad que me corresponde en el valor de ella se lo cedo y traspaso a dicha señora doña María Josefa, mi hermana, por hallarme satisfecha por lo que en esta razón me corresponde, en otras especies de la testamentaria y no poder dividir la expresada casa, atento a que extrajudicialmente se ha tasado y apreciado lo que en su mitad corresponde. me hallo legítimamente compensada (..........................)".
Tasación de la casa de la señora marquesa de Bellavista.

"Decimos los dos yo, Evaristo Noriega, maestro mayor de carpintería, y José Mauricio de Cáceres, maestro mayor de alarife, que mi señora doña Josefa Muñoz y Santoyo, marquesa de Bellavista, nos mandó que entre ambos diéramos el valor, poco más o menos, que podía valer su casa y habiéndola visto le dijimos a dicha señora marquesa que valía la casa más de 9,000 pesos, y por ser verdad, juramos por esta señal de la Cruz + valer dicha casa más de los 9,000 pesos y porque es verdad lo que llevamos dicho firmamos esta boleta que hemos hecho según nuestro leal saber y entender, en esta ciudad de Trujillo, a los 16 días del mes de junio de 1791.
Evaristo Noriega - José Mauricio de Cáceres"
La Marquesa de Bellavista, doña María Josefa, tuvo por hijos legitimes a doña María Isabel y a don Manuel Cavero y Muñoz. A su muerte ocurrida en 1795, heredó la antigua casa y solar, su hija dona María Isabel Cavero y Muñoz, y el Titulo Nobiliario de Castilla pasó a propiedad de su hijo don Manuel Cavero y Muñoz, último marqués de Bellavista.
El nuevo marqués pasó a vivir en su casa de la esquina de San Agustín, y por muerte de su hermana, heredó la antigua casa familiar que hacia esquina con el mirador de Santa Clara, que por más de una centuria había albergado a una de las cuatro familias trujillanas poseedoras de Título Nobiliario concedido por la Corona Española a tan nobles y fieles súbditos, vecinos de la ciudad de Trujillo del Perú, en reconocimiento a sus méritos y en agradecimiento a los servicios prestados por sus antepasados los conquistadores, fundadores y primeros vecinos de la ciudad.
El año 1841, el patriota ex-marqués de Bellavista, don Manuel Cavero y Muñoz, primer alcalde republicano que tuvo esta ciudad, vendió la casa que se termina de historiar al prócer lambayecano de la Independencia Nacional, coronel Juan Manuel de Iturregui y Aguilarte.




San Isidro de Conache, abril de 2014


domingo, 13 de abril de 2014

Testamento de la Cacica de Moche doña María de la Trinidad Azabache - 1788





Procesión de San José en Moche - H. Brüning 1895



Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas



El testamento de la cacica de Moche, quien llevaba el apellido de su madre, otorgado en el pueblo de Santa Lucia de Moche en 1788, informa del derecho de poseer esclavos que gozaron caciques, indios nobles y personas principales de los pueblos de indios de la jurisdicción de Trujillo. Por cláusula testamentaria la cacica libero a uno de sus esclavos negros.

La cacica poseyó "las tierras que llaman la rinconada que está en el valle de San Isidro de Conache, Antiguamente Cucur hoy San León", las que dejo en herencia a un religioso que adopto por hijo, al morir sin descendencia. El valle de San Isidro de Conache no fue un cacicazgo, como sostienen algunos autores en resientes publicaciones, Las tierras de Conache siempre pertenecieron al cacicazgo de Moche. También tuvo en propiedad dos tapas te  tierras en Santa Catalina.

Resulta interesante saber de la costumbre de dar en alquiler cuadros de carácter religioso.

Para los interesados en este importante tipo de documentos originales, se ha transcrito íntegramente el testamento de doña María de la Trinidad Azabache, cacica de Moche.



Testamento de la Cacica de Moche

En el nombre de Dios todo poderoso y con su santísima gracia amen: Sepan cuantos ésta carta de mi testamento última y final disposición vieren como yo doña María de la Trinidad Asavache, hija legítima de don Martín Delgado y de doña María de la Trinidad Asavache mis padres ya difuntos y nieta legítima del Cacique don Pedro de Asavache, todos vecinos y naturales de este pueblo de Santa Lucia de Moche, como lo soy yo, enferma en cama de la que nuestro señor ha sido servido darme, pero en mi entero juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo como firme y verdaderamente creo en el altísimo e inefable misterio de la santísima trinidad, padre e hijo y espíritu santo, que son tres personas distintas y un solo Dios verdadero y en todo lo demás que tiene cree y confiere nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, bajo de cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como católica y fiel cristiana y temiéndome de la muerte que es cosa natural a toda criatura viviente y que ésta no me coja desprevenida sin haber otorgado mi testamento y última voluntad y para poderlo hacer con el acierto que deseo, elijo por mi intercesora y abogada a la serenisima emperatriz de los cielos y de la tierra la siempre virgen María Madre de Dios y Señora Nuestra, al Santo Ángel de mi guardia y Santo de mi nombre, a los santos apóstoles San Pedro y San Pablo y a los demás santos y santas de la corte del cielo en cuya protección y amparo hago y ordeno el dicho mi testamento en la forma y manera siguiente:

Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor que la crió y redimió con el precio infinito de su preciosisima sangre pasión y muerte, y el cuerpo a la tierra de que fue formado el cual quiero y es mi voluntad que cuando la de Dios Nuestro Señor fuere servido de llevarme de esta presente vida, amortajada con el habito y cuerda de nuestro padre San Francisco, sea enterrado y sepultado en la capilla de éste dicho pueblo, en la sepultura de mis descendientes[sic.], por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste. 

Ytem. mando se den a las mandas forzosas y acostumbradas un peso a cada una de ellas, inclusive la reedificación del templo de nuestro Padre San Francisco que ésta en Asís provincia de Italia que se pagará de mis cortos bienes por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem. declaro fui casada y velada  según orden de nuestra Santa Madre Iglesia, con don Francisco de la Cruz y durante nuestro matrimonio no tuvimos ni procreamos hijos algunos, lo que declaro para que conste.

Ytem. declaro dejo por mis bienes una casa en este dicho pueblo trabajada con mi sudor y trabajo y es mi voluntad que durante los días de mi sobrino Juan Evangelista viva en ella y después de sus días entre a vivir en ella su hermana doña Antonia y Azabache y durante sus días y después de ellos entre su otra hermana doña Thomasa Delgado y Azavache y después de sus días pase a su otro hermano don Pedro Delgado y Azabache y después de sus días recaiga en sus hijos y respecto de haber fallecido ya el dicho don Pedro Delgado recaiga el derecho de éste en su hija doña Manuela Delgado y Azabache y después de sus días entren al goce de dicha casa y huerta el otro hermano y hermanas alternándose de mayor a menor, todos con la obligación de dar doce pesos en cada un año, en esta forma, los seis pesos pagados a la cofradía de las ánimas y los otros seis a la Santísima Cruz, para que con ellos se compre cera para que se velen los nueve días; y en ésta conformidad han de seguir la hija de don Luis Delgado y Azabache y después las hijas de don Ignácio Delgado y Azabache doña Lorenza y doña Presentación y de allí vuelvan a seguir los hijos e hijas, nietos, bisnietos y los demás descendientes, bajo de la misma calidad y condición de los doce pesos anuales, por ser así mi voluntad, lo que declaro para que conste.

Ytem, dejo para la ayuda de los gastos  de mi funeral y  entierro dos yeguas aguilillas, la una parida y la otra preñada y dos vacas madres en el poder del señor marqués de Bellavista, mando que mis albaceas las recojan y yeguas y vacas se vendan, como dicho es, para el gasto de mi funeral y entierro, por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, declaro que de la parte que le tengo dada a María de las Mercedes Delgado, que es un sitio que está detrás de esta casa de mi morada, en el que hay cinco pies de árboles frutales, como son dos limas dulces, dos pies de granados, un naranjo de Portugal y una higuera, para que en dicho sitio forme su casita de vivienda y una puerta para la calle, que se la entregarán mis albaceas, por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, declara que las tierras que llaman la rinconada que está en el valle de San Isidro de Conache, son mías propias según sus títulos, como lo juro por Dios nuestro y a ésta señal de la cruz + según derecho, y es mi voluntad que mis albaceas las arrienden y con su producto se le saque un velo nuevo, bueno, al señor crucificado y un manto de terciopelo a nuestra Señora de los Dolores y le perdono al común todos los años que se han estado sirviendo de dichas tierras sin título alguno de ellas, como yo lo dejo entre mis bienes por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.  

Ytem, dejo por mis bienes un zambito llamado Félix del Espíritu Santo de edad de dos años y medio y teniéndole mucha voluntad por haberle criado es mi voluntad dejarlo libre de toda su lesión y cautiverio y que como tal pueda estar y pasar por las partes y lugares que le parecieren y ruego y encargo a los señores jueces y justicias de su Majestad lo hayan tengan y amparen en el goce y posesión de su libertad y mientras se halle con la edad que corresponda para entregarle su carta de libertad, es mi voluntad lo tenga en su poder mi compadre José Lórtiga para que lo enseñe a oficio hasta la edad de catorce años, por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Yem, es mi voluntad, dejarle como dejo, ha una muchachita que he criado María Antonia, una yegua colorada, un rosarito azul con sus cuentas de oro, conforme está, un par de zarcillos, mi ropa blanca y de cama, un faldellín y una saya con su mantilla y paño, una mesita y caja corriente, por ser así mi voluntad, lo que declaro para que conste.

Ytem, le dejo a mi compadre José Lórtiga una potranca, por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.    

Ytem, dejo por mis bienes un freno caballar con sus hachalayas de plata y una jáquima con su argolla,  pasador y hebillas todo de plata, un pellón cusqueño raido, mando que se venda y el otro viejo se le dará a mi sobrino Antonio Delgado, por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste. 

Ytem, declaro que en ésta casa de mi morada quedan cuatro sillas de taburete, dos escaños y una mesa y es mi voluntad que todo quede en la casa para el servicio de las personas que han de entrar al servicio de ella por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, mando que a María Beatriz Azabache se le de una batea quebrada por un lado y a María de las Mercedes Azabache se le de la otra bateíta de lavar las manos y un azador que así es mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, dejo por mis bienes una lampa, una hacha y un aparejo, es mi voluntad se venda por mis albaceas por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, dejo por mis bienes nueve cabras en que se incluye dos borregas, mando que mis albaceas las vendan por mis bienes, por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, declaro por mis bienes dos tapas de tierras de Santa Catalina, circumbaladas de tapias y es mi voluntad se vendan por mis albaceas y con el producto se le haga un velo y un hábito a mi padre san Antonio, por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, declaro que las tierras dela bajada del camino real se le den a Manuel Delgado y a doña Lorenza Delgado y Azabache, partible entre los dos por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, dejo en ésta casa de mi morada un cuadro de la sábana santa, otro del Señor Cautivo, otro de nuestra Señora del Carmen y otro de mi Señor San Joséf, los que quedan en dicha casa para que los habitantes de ella los alquilen y con sus alquileres se le mande decir una misa por el alma de Bernarda Barbarán y su marido, que así es mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, dejo por mis bienes un alfalfar y es mi voluntad de lo que diese se le baya pagando a doña Josefa de Muncibay hasta que se le ajuste el reto de la plata que le debo de los pastos, que no se la cantidad que es, pero se ajustará con mi sobrino y de no querer dicha señora la plata que se cogiere del alfalfar, tengo en la alameda de Mansiche una casita sitio y solar, que se tase y coja por su tasación, por así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, declaro que de la huerta del Señor y de los ocho pesos de su arrendamiento no debo sino lo que va corriendo de agosto de ochenta y siete, declárolo así para que conste.

Ytem, declaro por mis bienes ciento ochenta y una fanegadas de tierras nombradas  antiguamente Cucur y ahora se nominan tierras de san León, bien entendido que por todas son doscientas fanegadas de las que se sacan diez y nueve en que tiene parte mi hermano don Pedro, mi hermano don Luis y mi hermano Ignacio Delgado de Azabache, quienes son dueños y tiene parte conmigo en las dichas diez y nueve de tierras, pero son ciento ochenta y una son solamente mías enteramente, por donación que de hizo mi tía Bernarda Barbarán, y al tiempo de la repartición de las diez y nueve fanegadas de tierras, mis albaceas con los señores jueces de este dicho pueblo de Moche repartirán fiel y legalmente a cada uno la parte que le toca y sacando la parte que a mi me tocare dichas tierras, se adjudicará al número de las ciento ochenta y una arriba dichas por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, es mi voluntad por hallarme una mujer sola sin hijos ni ninguno de mi familia próximo atender a el estado eclesiástico y reconociendo en la persona del licenciado don Francisco Ruiz de Aranda, sacerdote levita domiciliario de éste obispado, ser sujeto de toda inocencia y conciencia y de conocida virtud, quiero y es mi última voluntad adoptarlo por hijo en aquella vía y forma que haya lugar en derecho y como a tal le hago gracia y donación de la que el derecho llama intervivos de las ciento ochenta y una de tierras nombradas antiguamente Cucur y ahora San León las que hube por herencia de mis abuelengos las que declaro están libres de toda pensión e hipoteca y también una casita en la alameda de Mansiche, tazado el suelo en cincuenta pesos más o menos, la cual dicha donación le haga buena. pura, mera, perfecta y acabada e irrevocable de la que el derecho llama intervivos y es mi voluntad que el dicho don Francisco se posesione de dichas tierras imponiendo y fundando en ellas un aniversario de misas rezadas patronato real de legos, libre y esepta de la jurisdicción eclesiástica y se nombrará  por primer patrón y capellán de dicho aniversario, durante sus días y finalizados que sean entre a dicho patronato un sobrino mío llamado Manuel Delgado por su madre y Asmate por su padre y finalizados sus días, pase a la cofradía de las ánimas de éste pueblo, dejándole libre facultad al dicho don Francisco Ruiz para que pueda añadir, quitar, suplir y enmendar cualquiera cláusula de la fundación formal que se hay de hacer de éste dicho patronato, haciéndo el señalamiento de misas, las que se aplicarán por mi alma, la de mis padres, parientes bien hechores y todas las benditas almas del purgatorio diciendo y nombrando decir los que fueren legos las misas de su señalamiento por la limosna ordinaria de ocho reales llebando lo demás por vía de su erario para sus alimentos, que así es mi voluntad y ruego y encargo a los señores jueces y justicias de su Majestad patrocinen y amparen al dicho don Francisco Ruiz y la expresada fundación por ceder en la mayor honra y gloria de Dios, por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Ytem, declaro tengo por mi esclavo un zambito nombrado Manuel de la Natividad y es mi voluntad que después de mi fallecimiento se venda en docientos pesos y no más y que de ellos los cien pesos se le den al santísimo sacramento que se venera en ésta iglesia para que con ellos se le haga un estandarte de plata o un palio nuevo por ser así mi voluntad lo que declaro para que conste.

Y para guardar y cumplir éste mi testamento sus mandas y legados, instituyo, dejo y nombro por mis albaceas testamentarios y tenedores de bienes, en primer lugar al dicho licenciado don Francisco Ruiz de Aranda, clérigo lebita, y en segundo a don Juan Evangelista Delgado y Azabache mi sobrino (.........................) instituyo, dejo y nombro por mi universal heredera a mi alma, para que todo se convierta en su beneficio (..............) Que es fecho en este pueblo de Santa Lucia de Moche jurisdicción de la ciudad de Trujillo a los diez días del mes de febrero de mil setecientos ochenta y ocho años. Y no firmó porque dijo no saber escribir (............................)

Ante mi
Hilario de Aguilar 
Escribano Público





    San Isidro de Conache, abril de 2014  

  

viernes, 11 de abril de 2014

Los Baños Públicos de la Plazuela Del Recreo









Por
Miguel Adolfo y Carlos Alberto Vega Cárdenas




En la Plazuela el Recreo funcionaron tres casas de baños públicos: "LOS BAÑOS DE GONZALES", "LOS BAÑOS DE VALLEJOS" y "LOS BAÑOS DE LOS SEÑORES ACHARAN GOICOCHEA Y COMPAÑÍA". Y en la casa de don Justo Mesa funcionó un pozo particular.
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Los Baños de Vallejos, estuvieron ubicados en la antigua calle de la Caja del Agua, a la mano izquierda (actualmente novena cuadra de Pizarro), y se surtían del agua de la acequia que iba al barrio de Santa Rosa. En 1870 estos baños tomaron el nombre de su primer propietario Remigio Vallejos y los condujo Pedro Marrieta; 10 años más tarde fueron comprados en remate público por Don Pedro Pinillos y Rodríguez a quien en 1891 el concejo le autorizó llevar agua a su pozo directamente de la caja del estanque por medio de una tubería de Fierro; licencia que causó problemas en el abastecimiento de agua. Los baños de Vallejos pagaron al Concejo una pensión anual de S/. 5, por el uso del agua de la ciudad y en 1917 los baños fueron adquiridos en herencia por Don Juan Alejo Pinillos y Jiménez y sus tres hermanas. La señorita Peregrina Pinillos ocupo la casa el siglo pasado.
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Los Baños del Recreo de Don Juan Guillermo Gonzales, estuvieron ubicados en la "Casa Huerta de Versalles", surtiéndose de agua de la acequia que pasaba al barrio de Vindivil. Desde el año 1872 la "Casa Huerta de Versalles" perteneció a Don Juan Guillermo Gonzales y en 1876 el periódico "El Imparcial" publicaba el siguiente aviso:

"Se previene al respetable público de esta Capital, que desde la fecha se vuelven a abrir los baños fríos, servidos con puntualidad y esmero. La frecuente limpieza del estanque y la decencia de los ropajes, eso es todo lo que puede ofrecer el nuevo empresario a los concurrentes. Para abono mensual o por la temporada, precios convencionales.
Entrada al baño: 10 centavos. Baño con sábana, paño y calzón: veinte centavos".



 
 
Aquí funcionaron los baños de Gonzales

Esta casa de baños públicos causó constantes problemas de desabastecimiento de agua a los pobladores de Vindivil y Portada de Moche, como se deduce del expediente del 17 de febrero de 1899, relativo al restablecimiento de agua en los jirones de Bolívar y Ayacucho, iniciado por la queja de Antonio Mathey, quien decía:
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"Mas sucede que el agua de referencia, al salir de la atarjea, entra en primer lugar a la casa de don Justo Mesa y de ella pasa a la casa huerta de Don Juan Guillermo Gonzales, con tal motivo y a consecuencia de tener el segundo pozo de baño público establecido sobre la acequia común con una compuerta, con el objeto de hacer represar el agua, cuya obra no sólo prohibida por las ordenanzas del ramo, es además la causa única y principal para que dicho elemento no tome el curso regular, como también para el constante arenamiento".



 
La Casa de don Justo Mesa donde funcionó un poza de baño particular
 
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Se ordenó que la compuerta fuese colocada a la entrada de su pozo y no en la acequia común, y asimismo se mandó demoler el pozo de baño de Justo Mesa, quien accedió "patrióticamente" a destruir su pozo. La antigua casa de justo Mesa ocupo todo el solar frontero que daba al lado derecho de la plazuela.
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En 1891, se reabrió la casa de baños de propiedad de los Srs. Acharan Goicochca y Cía., conducida por el ciudadano francés Víctor Benaben, ubicada en el lado izquierdo de la Plazuela el Recreo, haciendo esquina con la calle Miguel Estete; los pozos se surtieron de la vieja acequia del Monasterio de Santa Clara, mandándola cubrir con partalones de madera, con el objeto de conservar limpia el agua y hacer más fácil y expedito el tráfico. Esta acequia, siete años más tarde fue canalizada gracias a las aportaciones económicas de los Srs. Acharan Goicochca y Cía. de la Sra. Vda. de Quevedo y del Dr. Luis Sánchez Ferrer, entre otros vecinos.
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El cabildo les otorgó licencias, estableció una pensión anual por el derecho al uso del agua de la ciudad y reglamentó su funcionamiento, mandándoles circulares previniéndoles en cuanto al orden y moralidad que deberían observar. A pesar de todo, los pozos de baño fueron siempre un problema para el normal abastecimiento de agua a esta ciudad.



San Isidro de Conache, abril de 2014
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lunes, 6 de enero de 2014

Tierras de Cachaminchan, Guamanco y Sapan en términos del cacicazgo de Huanchaco - Año 1777




Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas


 

    En el Archivo Regional de La Libertad de Trujillo, Perú, existe un importante documento original de fines del siglo XVIII, clasificado en la Serie Judical - Intendencia. Expediente 2088 - Legajo 233 corespondiente al año 1777, documento transcrito en integro para éste blog, el cual da información sobre el antiguo nombre que aun conservaban unas tierras situadas en Mansiche, pertenecientes al antiguo cacicazgo de Huanchaco.

Se trata de un litigio entre el alcalde de aguas de Huanchaco y Pedro Mechor de los Reyes propietario de las tierras de cultivo nombradas Cachaminchan, Guamanco y Sapan, situadas en Mansichequien discute sobre el número de peones y las botijas o cargas de Chicha que le corresponden aportar para la limpia de acequia, por el número de fanegas correspondientes a sus tierras; para lo cual presenta, al Intendente marqués de Bellavista, documentos originales de posesión otorgadas a su favor por el Superior Gobierno.

Pedro Melchor de los Reyes aduce un lío personal con el Cacique de los pueblos de Huanchaco y Mansiche, Francisco Solano Chayhuac, quien estaría fomentando, por "venganza", tal pleito.

La mención de los topónimos "Cachaminchan", "Guamanco" y "sapan", ya hoy desaparecidos, dan especial valor al  documento.

Los detalles del litigio y la mención de los topónimos se encuentran descritos en el interesante documento transcrito que se adjunta a continuación:


    
     "Bartholomé García alcalde de aguas del pueblo de Guanchaco en la mejor forma que haya lugar parezco ante V.S. y digo que la parcialidad de naturales tributarios forasteros tienen de costumbre en la limpia de las acequias por donde riegan sus tierras poner un peón a trabajar personalmente todos los días de los que dura la limpia por razón de las dos fanegadas de tierras que tienen de asignación por tributarios.

En dicho pueblo existe Pedro Melchor de los Reyes con otros cuatro naturales sus parientes que poseen doce fanegadas de tierras según asientos que constan por sus títulos, quienes quieren concurrir solo con un peón a dichas tierras y que el común de chacareros sufren el daño perjudicial en ellas cuando es incompatible el concurso de un solo peón al crecido número de doce fanegadas de tierras, a lo que se opone el común a los términos dichos.

Para venir en conocimiento de la certidumbre de lo que pretenden los concedidos les he hecho instancia varias veces en común a que manifiesten dichos títulos lo que no han querido ejecutar y para que unos y otros no experimenten ningún perjuicio, por tanto:
A V. S. pido y suplico se sirva mandar que el dicho Pedro Melchor de los Reyes en cuyo poder paran dichos títulos los exhiba en continente y fecho se me de traslado para ver si resta pedir lo que convenga a dicho común y juro por Dios nuestro Señor y a una señal de la cruz no proceder de malicia sino por ser de justicia

Bartholomé García 

 
Por presentado y notifíquesele a Pedro Melchor de los Reyes que dentro de tercer día con apercibimiento presente los títulos que se dice tener de tierras en las del común del pueblo de Guanchaco para que se pueda arreglar según costumbre los peones que el debe dar y sus parientes interesados para la limpian de la acequia y fecho désele traslado a ésta parte para que pueda usar de su derecho que así lo proveo y mando actuando por mi y ante mi y testigos en éste pueblo de San Pedro de Virú  jurisdicción de la ciudad de Trujillo del Perú en 28 días del mes de julio de mil setecientos setenta y siete.


Marqués de Bellavista

Joseh Antonio A.                  Thomás de Irribarren.



En la ciudad de Trujillo del Perú en treinta días del mes de julio de mil setecientos sesenta y siete años, yo el escribano notifiqué el decreto suso a Pedro Melchor de los Reyes, indio del pueblo de Guanchaco en su persona de que doy fe.

 Vásquez.

 


     Don Melchor de los Reyes Indio principal del pueblo de Guanchaco, en los autos que intenta seguir Bartholomé García, alcalde de aguas de dicho pueblo sobre la contribución de más peones y costos que los que me corresponden por las tierras que poseo en los términos del pueblo de Mansiche y lo demás deducido= Digo que ésta instancia solo se fomenta e inculca por el cacique de dichos pueblos contra mi por solo haberme a la concurrencia de varios actos y declaraciones a que me inducía.

Ésta hostilidad y mala fe se manifiesta porque al mismo cacique le consta y sabe del amparo y posesión de dichas tierras nombradas Cachaminchan sin más gravamen y servidumbre en la limpia de la acequia común  que se riegan que un peón y una carga de chicha respectiva por seis fanegadas, contante todo en el despacho que demuestro del superior gobierno, su fecha el veinte y siete de abril de mil setecientos cincuenta y dos cuyo obedecimiento del corregidor don Joseph Cayetano Hurtado que era en entonces se ve escrito en la hoja penúltima de la letra y mano del actual cacique Francisco Solano Chayhuac.

Éste título y documento de mi derecho y posesión se sirva dar V.S. mandar que yo la exhibiere dentro de tercer día y con apercibimiento sin más motivo de habérmelos pedido a dicha parte.

Como su intento sea el de instaurarme nuevo litigio de lo mismo que ya está decidido y declarado y despojarme de mis propios títulos para que se confundan con su presentación en autos que fulmina dicho cacique, sin más costo que pedirlos y que le sirvan de materia a su genio legítimo temerario, por éstas y otras justas razones me consultaba luego que fui notificado para la presentación de dicho título. 

Pero habiendo la parte contraria expuesto a V.S. como rebeldía o resistencia mía en no haberlo luego presentado obtuvo su decreto de apremio para que no exhibiéndolos yo en el acto de la notificación fuese anotado y en efecto las mismas partes contrarias y de la facción del cacique haciendo de ministros me han perseguido en cuadrilla y con escandalo por la ciudad y en día feriado.

En éste conflicto no hallándose aquí V.S. exhibo y demuestro dicho título y despacho de amparo y posesión en p24 útiles con la calidad en justicia y por convenir así a mi derecho que puesto en el oficio y en poder del presente escribano éste el de testimonio a la otra parte y en su costa y satisfacción de su vista y concuerdo y de este modo corra desde luego el traslado que pide y se le ha dado de dicho mi título el que se me devuelva sacada dicha copia y de lo contrario hablando debidamente lo contradigo y protesto desde ahora el recurso de la apelación donde me convenga por el daño y costo irreparable que se me sigue de la confusión  y desapropio de dicho mi título original puesto en autos por un solo espíritu de oniquiedad(sic) y venganza y por esto si la otra parte y el cacique quisieran sucitarme pleito valiéndose de mi propio título e instrumento serio y conforme a derecho que ellos les cueste el testimonio sin daño ni perjuicio de lo original que demuestra para que se me devuelva en la conformidad que suplico.

En ésta provisión hallará V.S. principalmente en la p4vta., p8. p11, p17. p20 y final que soy legítimo heredero y poseedor de dichas tierras cachaminchan amparado en ellas con la pensión y servidumbre de contribuir con solo un peón y una carga de chicha para la limpia de la acequia respectiva y regadera de las dichas seis fanegadas según y como poseyeran nuestros padres y abuelos y sin embargo de poseérlas hoy y ser dueños varios herederos como entonces lo opuso Juan Francisco de Ayala procurador  del pueblo según parese a p7vta. del mismo despacho visto mismo  que hoy inculca y repite el cacique a nombre de su aliado el alcalde de aguas Bartholomé García y para solo vejarme.

De modo que por repetidos autos de los (ilegible) de V.S. don Joseh Lino Queri, don Juan Sancho Dávila, don Joseph de Herrera y Sarsoza y don Joseph Cayetano Hurtado, confirmados todos por el Superior Gobierno, se apoyó y se mandó guardar y cumplir el amparo de dichas tierras con solo el cargo y servidumbre del que contribuyamos con un peón y las dos botijas de chicha por el riego de seis fanegadas que estoy (ilegible) y en cuya posesión pido a V.S. se me mantenga con el mismo apersibimiento que previene el despacho contra el cacique, alcalde de aguas y procuradores: por todo lo que=

A V.S. pido y suplico se sirva haber por demostrado y exhibido en el oficio y mano del presente escribano don Laurencio Vásquez el título del superior gobierno de posesión y amparo de dichas tierras de Cachaminchan con la pensión y servidumbre de solo un peón y dos botijas de chicha para la limpia de la acequia por donde riego las seis fanegadas de tierra a que corresponde dicha asignación y carga de bebida para que se saque testimonio del referido despacho a costa de la contrario que le pide y que se me devuelva original con que quede redimido el daño de su pérdida, mayor costo y confusión  y en ésta conformidad que desde luego se le entregue y de los contrario hablando debida y judicialmente contradigo el traslado con la protesta arriba dicha de su recurso y por el rigor de apremio expedido en justicia que pido costos implorando ante todo a V.S. la manutención del mismo título y despacho del Superior Gobierno como de las tierras y única servidumbre que contienen.


Melchor de los Reyes

 

     Don Melchor de los Reyes, indio principal del pueblo de Guanchaco, en los autos que intenta seguir Bartholomé García alcalde de aguas de dicho pueblo, sobre la contribución de más peones y costos que le corresponden por las tierras que poseo en los términos del pueblo de Mansiche y lo demás deducido= Digo que los alcalde y ministros de la facción del cacique me han notificado para la exhibición de las otras seis fanegadas de tierras nombradas Guamanco y Sapan que poseo en los términos de dicho pueblo.

Y por el rigor del apremio en el acto de la notificación que precisamente se verificara poniendo en la causal y causándome este costo y refacción porque dichos títulos no los he traido conmigo.

Por excusar tal estrépito y que mis enemigos inducidos por el cacique no tengan gusto comprición(sic) y sonrrojo, exhibo los títulos de las otras seis fanegadas en p39 que contienen la provisión del Superior Gobierno y autos de los antesesores de V.S., amparandome en el derecho y posesión de ellas del un peón y una botija de chicha sin más cargo ni servidumbre.

Lo que se declaró a más de treinta años por el mismo intento que ahora se inculca.

Por tanto reproduzco el mismo escrito cuya copia es la adjunta con que exhibo el dicho título Cachaminchan, lo que certifica el escribano de la causa por su recibo que demuestro para  que se entienda con este y solo se las entregué de las partes contrarias su testimonio a su costa y hasta tanto que no corra el traslado con cuyo pretexto solo sería a despojarme de mis títulos ya decididos y acabados y ahora se inculcan por la enemiga y venganza del cacique en ésta atención.

A V.S. pido y suplico se sirva haber por demostrado dichos títulos últimamente nombrados mandados exhibir por V.S., de posesión y amparo de dichas tierras de Guamango y Sapan sin más pensión ni servidumbre que la misma calidad de un peón y dos botijas de chicha para la limpia de la acequia que corresponden a la dicha asignación para que se me saque testimonio del que presento a costa de la parte contraria que lo pido y se me devuelva el original con que redimido del daño de suspendida mayor costo y confusión  y en ésta conformidad que desde luego se la entregue y de lo contrario hablando decida y judicialmente contradigo el traslado con la protesta del mismo recurso por el vigor del apremio expedido en justicia y costas, implorando a V.S. la manutención y amparo del mismo título V.S.



Pedro Melchor de los Reyes 
 
 
 
 
San Isidro de Conache, enero de 2014