sábado, 19 de abril de 2014

Los Aguadores de Trujillo


  



 
Un aguador en la pila de la plazuela de la Iglesia del Convento de Santo Domingo






Por
 Miguel Adolfo y Carlos Alberto Vega Cárdenas



Los aguadores desde la fundación de la ciudad fueron los proveedores del agua que se utilizó para beber en las casas, monasterios, conventos y en la cárcel; abasteciéndose de la fuentes públicas la transportaban en burros especialmente aperados para cargar las pipas de agua.
Éste sacrificado oficio mayormente fue desempeñado por negros esclavos de las familias principales y negros libertos industriosos que se dedican a la venta de agua a los pobladores de los barrios alejados del estanque de la ciudad.

El oficio de aguador en su comienzo fue desempeñado libremente, pero a fines del siglo XVIII el regidor y procurador de la ciudad don Juan Alejo Martínez de Pinillos y Cacho, solicito al cabildo nombrase un alcalde mayor de aguadores para que organice el servicio general del gremio y en 1802 se dictaron medidas en orden a regularizar este servicio.

Resulta esclarecedor sobre el particular el expediente promovido el año 1717 por el Real Monasterio de Santa Clara contra doña Catalina Zavaleta, que constantemente destapaba la acequia cubierta de ese monasterio, ensuciando el agua que bebían las religiosas:

      "Por ello y el asco que se tiene, no sirve a sus religiosas para beber ni para los demás ministerios para que la necesitaban, resultandoles no sólo este perjuicio, sino precisadas a comprar a los aguadores que para introducirla han de franquear el ingreso a la santa clausura de este monasterio, o enviando fuera de ella a sus criados, las que no tienen para comprarla"

El gremio de aguadores en el siglo XIX se constituyo en el más fuerte de la ciudad y en más de una oportunidad colaboró con el juez de aguas y con el mitayo del estanque, garantizando el abastecimiento del agua a la población. Así en la mañana del 15 de setiembre de 1802 el alcalde de aguadores y todos los miembros de su gremio se constituyeron ante el Gobernador Intendente don Vicente Gil de Taboada para denunciar al comisario de aguas Eugenio Algarate, responsabilizándolo por la falta absoluta de agua que había en la ciudad. el Intendente dispuso su encarcelamiento, hasta que se realice las averiguaciones pertinentes. Algarate fue puesto en libertad al comprobarse que el agua de la ciudad había sido sustraída por los indios de San Esteban. 

 Una vez constituido el gremio de aguadores el cabildo le señalo obligaciones que antes las tuvieron los indios de las parroquias de Santa Ana y San Sebastián avecindados en la ciudad. En 1809 el alférez real don Juan José Martínez de Pinillos y Cacho, ordenó que los negros aguadores, cada uno en su burro, realice la limpieza del estanque, acarreando diariamente antes de surtirse de agua, cuatro viajes de arena al primer baluarte de la muralla, distante una cuadra de 150 pasos. 

En 1810 el juez de aguas don Miguel Gerónimo de Tinoco y Merino recibió una denuncia contra los aguadores que abusaban al exigir el pago de dos reales por cada viaje de agua que hacían a las casa de la portada de Moche y un real a los de La merced, estando establecido el cobro de sólo medio real por viaje. El gremio de aguadores contesto unánimemente en el sentido de que la denuncia era totalmente falsa. 

En 1812 el teniente de policía don Ramón de Avente y Pazos ofició al gremio de aguadores, zapateros y pulperos, ordenandoles entregar 10 perros muertos a cada gremio, al día siguiente de ser notificados, advirtiéndoles que de no hacerlo se les pondría presos en la cárcel real. A solicitud del teniente de policía se acordó que todos los sábados, excepto los festivos, se presentaran a su casa, a las tres de la tarde, todos los negros aguadores y borriqueros, provistos de capachos o costales para transportar las basuras de la ciudad, fuera del poblado.

En setiembre de 1866 el coronel de infantería del ejercito y Alcalde Municipal don Clemente Rios, hizo presente al cabildo que en mérito del artículo 91 del reglamento de policía, correspondía a la Municipalidad reglamentar los servicios que deberían prestar los gremios de aguadores, recueros y carreteros, ordenándose que los aguadores limpien cada año los depósitos del agua del estanque, o cuando la Municipalidad lo juzgue conveniente; rieguen la plaza mayor cada quince días, limpien la pila y deshierben el desagüe, siempre que el aseo público lo requiera.

El año siguiente ante la alarmante cantidad de perros vagos se acordó:

     "ordenar al alcalde de aguadores, disponga que cada individuo de su gremio entregue todos los lunes, hasta que se suspenda la orden, seis perros muertos, que los boten a sotavento de la población fuera de las murallas y que el señor alcalde haga notificar a las personas que tengan buldoges les pongan bozal para que no puedan dañarlos"

En agosto de 1873 el Dr. Jacinto Valderrama hizo presente al cabildo "que muchos negros aguadores ociosos durante los días de escasez se habían provisto de agua en pozos infctos" . 

El diario El Imparcial del miércoles 08 de abril de 1874 publicó en siguiente aviso municipal: 

"Siendo repetidas las quejas que contra los aguadores dan a esta alcaldía, por no querer llevar agua cuando les piden, o por exceso en el cobro del viaje, se ha ordenado la numeración de las pipas, para que indicando el número de ellas, cuando den parte de los que cometen esas faltas, sean castigados; advirtiéndose que por el viaje de agua tomado de la pila de la plaza mayor, conducido a cualquiera de las calles dentro de la muralla, no se pagará más de diez centavos y por los que realizan fuera de ella quince. El Alcalde" 

En 1889 el jefe de la guardia nacional de la plaza organizo una leva general de todos los "vagos y mal entretenidos" de la ciudad, siendo la del gremio de aguadores en su mayor parte acuartelados, quedando la ciudad completamente desabastecida de agua, por lo que el alcalde ordenó "se den de baja de los cuerpos a dichos individuos". Ese mismo año el gremio de aguadores comenzó a sufrir una desleal competencia, al autorizar el Concejo Provincial, la licencia solicitada por el empresario Andrés Campos para establecer el cargio de agua "potable", por el sistema de carretas, respetando los mismos precios establecidos por viaje de agua, es decir dos pipas.

En 1889 la alcaldía expidió orden de captura y detención contra dos regidores y dos alcaldes del gremio de aguadores, por desacato a la disposición municipal que los obligaba a sacar sus respectivas licencias y pago de cuatro soles por cada individuo, como impuesto al acarreo de agua. El gremio pidió se les exonere de dicho impuesto, alegando:

 "pues no sólo pagamos como ciudadanos la contribución personal, sino que estamos precisados todas las semanas a regar la plaza principal de la ciudad, a la limpieza de acequia, casi sin remuneración de ningún género, a proveer gratis de agua a los cuarteles cuando hay batallones o fuerzas de líneas en ésta capital, y sobre todo se va restringiendo nuestra tarifa, cuando las cargas y gravámenes han aumentado desproporcionalmente, a parte de que muchas veces tenemos que comprar agua de púquio a los dueños de manantiales, para que el público no carezca de tan necesario elemento cuando alguna vez falta agua corriente, o viene excesivamente sucia" .

La alcaldía desestimo la solicitud de los aguadores.

En la Memoria que el año 1897 el inspector de agua Dr. Genaro Huapalla, se expresa:

 "que el agua que viene por la acequia de la ciudad a la atarjea es impotable, sólo buena para el aseo de la población y que en todo su trayecto los aguadores tendidos además de desmejorar sus bordes, concurren a malograr las condiciones del agua y en vista de ello ordenó que todo aguador vaya a proveerse del líquido alimento al recreo".

En 1906 don Alberto Urquiaga y Calonge, alcalde de la ciudad, teniendo en consideración que se había mejorado el servicio de agua con la construcción de la cañería de los filtros y que en su trayecto hasta la plazuela de Santo Domingo funcionaban cuatro llaves públicas de las que los aguadores se surtían, propuso que éstos abonen en la tesorería municipal, un impuesto de un sol mensual con destino al pago de guardianes y funcionamiento de los filtros, teniendo en cuenta que sólo pesaba sobre ellos el pago de la suma de cuatro soles por una sola vez en la tesorería municipal, como derecho de licencia de su industria, quedando exonerados de la obligación de regar semanalmente la plaza de armas. 

El inspector de aguas don Félix Loyer informó después que el gremio de aguadores estaba de acuerdo, que no abusarían en el cobro del precio del agua y que el gremio estaba bien organizado teniendo un jefe "circunspecto y honrado" al que todos los aguadores respetaban; y que por prevención se había publicado en los periódicos locales, la tarifa de diez centavos por cada viaje de agua a domicilio, para que todos los interesados supieran cuanto deberían pagar, denunciando cualquier abuso para ser castigado; así mismo informó que el gremio reconocía un alcalde, que todos llevaban su correspondiente número y que la relación de aguadores se hallaba en la tesorería. El síndico de rentas se opuso al impuesto acordado por considerar que recaería en los consumidores, ya que los aguadores aumentarían su tarifa. 

El Dr. Jacinto Valderrama, inspector de asuntos municipales, tampoco encontró aceptable la proposición de la alcaldía, considerando que era preciso que el gremio de aguadores desaparezca, por ser opuesto al Atr. 23 de la Constitución del Estado y que por el año 1894 siendo alcalde municipal de la provincia, observó que todo pretendiente a aguador, previamente debía de pagar y agasajar a todo el personal de ese gremio , de manera que si el aspirante carecía de recursos necesarios era inútil su pretensión, por que el jefe y todo el personal de aguadores impedían su ingreso por todos los medios posibles, abuso que tenía por objeto concentrar en pocas manos la ocupación de aguador, opinando también que si se les cobraba el impuesto subirían su tarifa en perjuicio de los más pobres y que si no deseaban regar la plaza de armas y limpiar la acequia de la ciudad, deberían buscar sus reemplazos a fin de que no se prescindiera de éstos servicios. Sometida a votación la propuesta del alcalde fue aprobada.

A pesar de todo el sacrificado gremio de aguadores siguió ofreciendo sus servicios durante las tres primeras décadas del pasado siglo, abasteciéndose de agua principalmente de la atarjea, del pilón de la esquina de la plaza de armas o del pilón de la plazuela de Santo Domingo.

En 1936 el Dr. Canales, concejal del municipio, informó sobre la supresión del grifo de agua de la plazuela de Estete y que teniendo en cuenta el reclamo del gremio de aguadores no sería retirado y que pronto quedaría restablecido y en buenas condiciones.

Éste popular y pintoresco gremio desaparición al quedar terminada y en funcionamiento la instalación del servicio de agua potable a la ciudad.





San Isidro de Conache, abril de 2014