miércoles, 14 de mayo de 2014

Un documento del siglo XVIII para la Historia del Agro AzucareroTrujillano - 1734




Poder, los hacendados del Valle de Chicama y Trujillo

 

Sepan cuantos ésta carta vieren como nos don Nicolás de Bracamonte Dávila, don Juan Joseph de Herrera y Sarsoza, don Valentín del Risco y Montejo, doña Josepha de Torres y Toledo, doña María Margarita de Barrueta y Zubiate, doña Josepha Márquez de la Oliva, don Juan Sanz de Salas, don Mateo Domingo Ortíz de Bracamonte, licenciado Miguel de Montaño, Francisco de Arriaga y don Martín del Risco y Montejo, vecinos y hacendados que somos en el valle de Chicama y en el de ésta ciudad de Trujillo del Perú, por el tenor de la presente otorgamos y conocemos que damos todo nuestro poder a don Francisco Antonio de los Santos y Agüero, Regidor Perpetuo de la ciudad de los Reyes, generalmente para que por nos y en nuestros nombres y representando nuestras propias personas acción y derecho, se presente ante el Rey nuestro señor en su Real Audiencia de dicha ciudad de Los Reyes, en donde deducirá la general epidemia que padecemos todos los hacendados trapicheros de ésta ciudad, pues con la total carencia de dinero que se experimenta en todo éste reyno no es posible conseguir la venta de los frutos que producen dichas nuestras haciendas, motivo por la que nos hallamos de tal suerte oprimidos que no podemos conseguir ni aun aquellos medios que para sus indispensables refacciones son necesarias para que en el todo no se arruinen ni pierdan dichas haciendas, en cuyo miserable estado es el que más nos mortifica, considerando nuestra total destrucción  con la eficacia  con la que nuestros acreedores sensualistas  nos oprimen y compelen a que hayamos de hacerles las pagas de los corridos de sus censos indubitablemente en plata y no es dicha especie y con tanta urgencia y tiranía, que por cada tercio que se cumple piden mandamiento de ejecución que puntualmente se despacha por las justicias de ésta ciudad, de que no solo nos resulta en perjuicio grandísimo de haberse de vender frutos que se embargan, pasando a ejecutarlos en aquellos precisos aperos y haciendas, contra lo dispuesto y proveído en repetidas leyes reales, sino es que se nos acrecentan los costos y gastos  de [ilegible] y ejecuciones, y muchas veces importan más que las cantidades por que se ejecuta, teniendo en cuenta presente nuestro apoderado representar rendidamente a su alteza así lo referido como tal y rendidamente, aun con el precio de veinte reales arroba de azúcar, no es posible costearnos por los crecidos gastos de compra de negros, muerte de ellos, su manutención y aperos de que se constituyen dichas haciendas, de cobres, fierros, ganados mayores y menores, y sin embargo nos vemos obligados a dar dicha azúcar por inferior precio por satisfacer a nuestros acreedores censualistas quienes no admiten de ninguna suerte la satisfacción de sus débitos, queriendo que únicamente sea en dinero y prontamente sin atender ni considerar la epidemia general y falta que se experimenta y  tan nociva a todos y especialmente a dueños de haciendas; en cuyos términos en nos y en nuestros nombres pedirá a su alteza se sirva de mandar que dichos nuestros acreedores reciban las cantidades que se les están debiendo y debieren en adelante mientras durase la dicha epidemia, en los frutos que producen nuestras haciendas, especialmente en azúcar que es la que entendemos beneficiar al precio que nos tiene de costo cada arroba que son los dichos veinte reales, a aquel que fuere de la real consideración de su alteza, para que de éste modo cesen y se contengan los insubsanables costos y gastos, daños pérdidas y menoscabos que de lo contrario se nos siguen y recrecen y últimamente se repare la total destrucción a que indudablemente estos expuestos; sobre cuya razón presentará memoriales, testimonios y demás papeles y recauda que convengan , haga pruebas, presente testigos, pida testimonios ordinarios o los que le parecieren convenientes, que gozara o renunciara, pedimentos o requerimientos, súplicas, citaciones, protestaciones, pida y saque cualquiera reales provisiones y otros despachos que hagan a nuestro favor y especialmente para cualquiera ejecuciones que estuvieren pendientes contra alguna de dicha nuestras haciendas, paren y no prosigan estando pronta la satisfacción en la referida azúcar u otros frutos que produzcan dichas haciendas a los precios corrientes, (………………..)

 
En cuyo testimonio otorgamos la presente carta  ante el presente escribano y testigos, que es fecha en la ciudad de Trujillo del Perú en veinte y un días del mes de agosto de un mil y setecientos y treinta y cuatro años.

 

 

Don Nicolás de Bracamonte Dávila del Campo
Valentín del Risco y Montejo

Doña María Margarita de Barrueta

Martín del Risco y Montejo

 Miguel de Montaño

 Don Juan Joseph de Herrera y Sarzosa

 Doña Josepha Dafrosa de Torres y Toledo

Doña Josepha Márquez de la Oliva

 Don Matheo Ortíz de Bracamonte

 Don Juan Sanz de Salas

Don Francisco de Arriaga

  

Ante mí

Casimiro de Aguilar

Escribano Público y testigos.
 
 
 
 
 
San Isidro de Conache, mayo de 2014