jueves, 12 de febrero de 2015

Dos marquesas trujillanas


Doña Josepha y doña Juana Rosa de Herrera Alas Pumariño y zarzosa, marquesas de Herrera y Valle Hermoso y poseedoras, cada una en su tiempo, del Mayorazgo de Chiclín"
 



Por
Miguel Adolfo Vega Cárdenas.

Resulta justo y muy merecido rendir especial homenaje a estas señoras marquesas y a su hermana doña Gabriela, que adelantándose a su época, movidas por su buen corazón y profunda convicción cristiana, anidaron en sus nobles espíritus ideales de igualdad y libertad hacia sus esclavos negros de casa.

 El testamento reciproco otorgado por las nobles señoras trujillanas, el 27 de Octubre de 1789, es un ejemplo de gran calidad humana, poco acostumbrada en esa época.
 
 Da. Josepha en una de las magnánimas cláusulas del testamento atestiguaba:
 “Declaro yo la referida doña Josefa que tuve por mis esclavas a Nicolaza zamba, Maria de la Asunción y una hija de esta nombrada Maria del Rosario, a aquellas les hice la gracia de libertarlas, según costa de sus respectivas cartas de manumisión , y aunque en la que otorgue a favor de la dicha Maria de la Asunción, digo que dio de contado 200 pesos en dinero, es nulo y de ningún efecto, pues no hubo contado alguno como se supone, y la causa de haber expuesto y confesado lo dicho, no fue con otra mira ni antecedente, que por consejo del presbítero don Pedro de las Alas, y que para que así pueda parecer en todos tiempos lo expongo haciendo como lo hago a la dicha Maria de la Asunción gracia y donación pura de ellos, como si efectivamente los hubiera exhibido, y esta libertad la consiguió la interesada desde que salio de la pila bautismal, lo que caso necesario vuelvo a ratificar para su mejor validación”.
 Da. Juana Rosa en otra cláusula del referido testamento reciproco enunció:

 
“Yo la dicha doña Juana Rosa también declaro que tengo hecha libertad in scriptis a favor de mis esclavas nombradas Maria Isabel negra y Josefa zamba, a quienes como a buenas criadas agradecidas y subordinadas a mis ordenes, desde luego ratifico y confirmo aquellos instrumentos requeridos prevalezcan en su misma fuerza, validación y antelación y a sus consecuencias mantengo a las susodichas en la gracia de libertad que les es aplicada para que gocen de ella ampliamente como hasta aquí, sin dependencia de persona alguna. Todas estas seis esclavas, inclusive el zambito Valentín y los hijos más que después de ser libres ha parido Maria de la Asunción, todos son descendientes de una negra de casta conga, nuestra esclava, que fue nombrada Maria Josefa, la cual se la dio nuestro abuelo materno don Manuel Gracia de Zarzosa, regidor perpetuo que fue de este ilustre Cabildo, a nuestra legitima madre doña Catalina de Zarzosa y Herrera, lo que declaramos para que en todo tiempo conste, y a que ninguna de las dichas libertinas se les inquiete, moleste o perturbe en la posesión pacifica y quieta que legítimamente deben de haber y gozar como personas libres. Y así mismo declaramos para lo que pueda convenir en lo futuro que Maria, Catalina, Narcisa, José, modesto, Tomas y Mariano fueron esclavas y esclavos de nuestra hermana legitima y entera Da. Gabriela de las Alas, sujetas aquellas y estos a servidumbre y cautiverio, quien por el amor que les profesó, vino de su espontánea libertad a dejarle libres como les dejo libres de toda sujeción y esclavitud graciosamente, a excepción de Modesto, Tomas, y Mariano, que estos obtuvieron y gozan de su libertad mediante el contado sobre tabla que exhibieron a la dicha nuestra hermana doña Gabriela” .


Doña Josepha, marquesa de Herrera y Valle Hermoso, tras permanecer 14 años como poseedora del Mayorazgo, murió en 1790 soltera y sin descendencia, sucediéndole su hermana, también soltera, doña Juana Rosa, nueva marquesa de Herrera y Valle Hermoso, que tampoco dejo sucesión.

 
El 12 de noviembre de 1797 la señora marquesa de Herrera y Valle Hermoso doña Juana Rosa de Herrera, Alas, Pumariño y Zarzosa, así es citada documentalmente, a sus 90 años de edad, otorgo escritura de renuncia cesión y traspaso del Título del Marquesado de Herrera y Valle Hermoso a favor de su sobrino carnal don Nicolás Casimiro de Bracamonte y Fontao, primogénito del conde de Valdemar de Bracamonte don Pedro de Bracamonte Dávila y Zarzosa, declarando la señora marquesa:

 “y deseo manifestarle el mucho amor que le profeso como a mi infinita deuda para lo cual mis buenas intensiones he propuesto a mi prima hermana doña Ursula Sánchez de Villamayor y Zarzosa y al dicho don Pedro de Bracamonte, hacer con venia de ambos renuncia sesión y traspaso del mencionado Marquesado de Herrera y Valle Hermoso; por tanto y mediante a que ni yo ni mi prima hermana doña Ursula, por hallarnos hasta la fecha a Dios gracias celibatas después de contar crecidísima edad, no tenemos sucesión alguna ni legítima ni natural que con derecho pueda disputarnos esta renuncia, a que el dicho nuestro sobrino don Nicolás es el inmediato sucesor de mi primo don Pedro, en quien por nuestro favor recae (el uso) de este título y mayorazgo…” .

Don Nicolás Casimiro, a la edad de 30 años, recibió de manos de su tía la anciana marquesa renunciante, y ante escribano público, la Real Cédula original del título del Marquesado de Herrera y Valle Hermoso, dada en Buen Retiro a 20 días de enero de 1750 con el viscondado previo de Chiclín, concedida a don Juan Joseph de Herrera y Zarzosa, vecino de Trujillo del Perú, título libre del real derecho de Lanzas y Media Anata.
 
Según el referido testamento la Real Cédula original, a manera de un libro, estaba forrada de terciopelo carmesí con las Reales Armas por delante y sello de su Majestad y el escudo de armas del marquesado. El título de Castilla recayó desde entonces en don Nicolás Casimiro de Bracamonte y Fontao y su esposa doña Maria de la Encarnación Cacho y Lavalle, flamantes marqueses de Herrera y Valle Hermoso, que años más tarde tuvieron un rol protagónico en los históricos momentos en que Trujillo participo decisivamente en la emancipación de nuestra patria peruana.

Las señoras Josepha, Juana Rosa y Gabriela, vivieron en la magnífica casa que  existió en nuestra ciudad de Trujillo, ubicada en la calle Diego de Almagro, a un costado de la Municipalidad, y se la conoció como a la casa de la Sociedad del Carmen de Auxilios Mutuos, que fue violentamente demolida el año 1989. La casa anocheció, pero no amaneció.